VENERABLES ÁRBOLES

"Quién hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos, después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser, si no por una vida al menos por un rato..." Mario Benedetti. A los amantes de los árboles,... localización, poesía, cuentos/leyendas, etc.

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15 octubre 2025

ANDRÉS ACTIS, en La vanguardia, jun2025
El jubilado que plantó 41.000 árboles y creó un bosque urbano en medio del asfalto
 

El Parque Lineal de Tiquatira es un respiro de biodiversidad en medio del hormigón de São Paulo. La mayoría de sus árboles fueron plantados por Hélio da Silva (73 años): “Necesitamos más naturaleza en las ciudades”

Hélio da Silva (73 años)
Una tarde de noviembre de 2003, Hélio da Silva, ejecutivo de una empresa del sector azucarero, regresaba de su trabajo por la zona de Tiquatira, al este de São Paulo, una de las ciudades más pobladas de Brasil. Dedicó la caminata a contemplar un paisaje totalmente degradado y abandonado, convertido en un vertedero a cielo abierto. Cuando llegó a su casa, le dijo a su mujer: “Voy a plantar árboles y a transformar Tiquatira en un enorme parque verde”.
     Días más tarde, este empresario, hoy ya jubilado (73 años), se llevó en su maletín una semilla de jequitibá, el árbol más grande y noble de la Mata Atlántica. Lo plantó en un camino de tierra y lo anotó en una libreta. “Fue el primero de muchos”, dice 22 años después. El cuaderno tiene hoy un registro de 41.100 árboles plantados.

El Parque Lineal de Tiquatira es un respiro de biodiversidad en medio del hormigón de São Paulo




  Hélio da Silva es conocido en São Paulo como “el plantador de árboles”. Es el ideólogo y ejecutor de una imponente transformación urbana. Donde antes había asfalto, tierra degradada y basura, hoy hay un bosque urbano, una enorme franja verde de tres kilómetros de largo, repleta de biodiversidad, que conecta dos grandes avenidas. “Hay pocos parques lineales en el mundo tan grandes como el que tenemos aquí en Tiquatira”, se jacta.
     Con sus manos, este brasileño ha logrado una medida de adaptación clave al cambio climático: la renaturalización como motor de transformación urbana y mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos. En Tiquatira han regresado especies de aves y otros seres vivos que no se veían desde el siglo pasado. La marea de árboles contrarresta en verano el efecto de isla de calor, fenómeno que ocurre en zonas urbanas donde las temperaturas son más altas que en las áreas rurales circundantes. Además, la región se ha convertido en un epicentro de ocio, esparcimiento y deporte.  
     “Este pulmón verde ha cambiado mucho la vida de esta región y de sus alrededores. Lo ha cambiado todo. Y no es una exageración. La gente tiene más autoestima, mejor salud, más ocio, más vida. Los parques y los bosques curan las ciudades”, celebra Hélio en diálogo con La Vanguardia. “Hemos demostrado que esta transformación es posible y está al alcance de nuestras manos. Es una lección a nivel global”, agrega. 

Hélio da Silva lleva más de 20 años plantando árboles en la zona de Tiquatira, al este de São Paulo

     Silva recuerda que su familia no tomó en serio su aventura. Su mujer pensó que aquella promesa, la de plantar miles de árboles, iba a morir en palabras. No sabía que su marido ya tenía planificado un viaje al interior de São Paulo para comprar una primera bolsa de 200 semillas de jequitibá. En São Paulo no existe ninguna ley que prohíba a un ciudadano plantar un árbol en un área pública.
     La primera siembra, sin embargo, fracasó. Todos los árboles fueron vandalizados y destruidos. Empecinado, esparció otras 400 semillas por todo Tiquatira. La escena de destrucción se repitió. “Déjalo ya”, le repetía su mujer ante su desazón y amargura. “Todo lo contrario: ahora voy a plantar 5.000 árboles”, replicó. En el tercer intento, los árboles empezaron a crecer. En 2005, Silva advirtió que la misión era titánica y que necesitaba ayuda política para que su proyecto escalara. Entonces, golpeó la puerta del despacho de Eduardo Jorge, el por entonces secretario de Medio Ambiente de São Paulo.
     El funcionario se acercó a Tiquatira y vio la gesta de Silva con sus propios ojos. Se comprometió a ayudarlo. La renaturalización se convirtió en una política pública. Agrónomos y jardineros empezaron a trabajar en el proyecto. El parque alberga hoy 162 especies de árboles. 

Fotografías por satélite de Tiquatira en 2005 (arriba) y en 2024 (abajo) cedida

     Silva ánima a todos los vecinos de todas las ciudades del mundo a seguir sus pasos. Pero aclara que la tarea requiere no sólo esfuerzo, también formación. Hay que saber elegir el lugar, comprar las semillas o plántulas y plantar y fertilizar durante un año. “Un árbol es como un niño. Necesita ayuda y eso es fantástico. No basta sólo con cavar un hoyo y plantarlo”, explica.
     Su meta es superar la marca de 50.000 plantaciones. También quiere instalar bibliotecas públicas para que la gente, en medio de sus paseos, se siente a leer. “El apoyo del Estado debe venir también con estas acciones. Es importante incluir la educación ambiental y la importancia de los árboles en la currículo escolar. Hay que estimular la conexión entre la naturaleza y los jóvenes”, reflexiona sobre los próximos pasos.
     Por lo pronto, Silva está satisfecho por haber recuperado un “trozo de Bosque Atlántico”, uno de los seis biomas de Brasil, en el corazón de una de sus ciudades más grandes. Doscientos años atrás, São Paulo era toda verde. “El hombre en nombre del progreso destruyó la naturaleza. Hemos recuperado una pequeña porción. La satisfacción es inmensa”, dice orgulloso.

 
 Lo hemos leído aquí 

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06 octubre 2025

Las flores de la libertad, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
Las camelias de Brasil
 
El día 13 de mayo de 1888, fecha de la abolición de la esclavitud, la princesa Isabel Cristina (hija de D. Pedro II de Brasil y nieta de D. Pedro IV de Portugal) recibió varios regalos, entre ellos la famosa pluma de oro, engarzada de brillantes y rubíes, usada para firmar la Ley Áurea que ponía fin a la esclavitud en Brasil. Sin embargo, el regalo que emocionó a la princesa y llamó la atención de quienes la acompañaban en el acto, consistió en dos ramos de flores de camelia. 
     Exhibidas en los ojales, las camelias funcionaban como una señal para que los abolicionistas se identificaran y por ello se transformaron en el símbolo principal de la lucha por la liberación de los esclavos. Las camelias que la princesa recibió habían sido cogidas en el Quilombo (1) de Leblon, en Río de Janeiro, o sea, en un local de refugio de esclavos negros. El líder y dueño de ese quilombo era el fabricante de bolsas Xosé de Seixas Magallanes, un emigrante portugués que mantenía buenas relaciones con las figuras centrales del movimiento abolicionista y también con la princesa Isabel. 
     Los quilombos eran agrupaciones de antiguos esclavos huidos de sus señores en el período colonial de Brasil y representaban una de las más importantes formas de resistencia a la esclavitud, constituyendo una inmensa red que participaba ya en el juego político de la transición y la participación del pueblo negro en la conquista de la libertad. En verdad, sin la adhesión franca y consciente de los cautivos manifestada por fugas en masa, imposibles de reprimir o controlar, la “avalancha negra”, como se dice ahora, el proyecto abolicionista no habría tenido la mínima posibilidad de éxito. Sus habitantes, los “quilombolas”, intentaron en algunas ocasiones reproducir la organización social africana, incluso con la elección de reyes tribales. 
     La mayoría de los quilombos tuvo una corta duración porque los señores de esclavos de las villas vecinas, en cuanto se asentaban en sus tierras, organizaban expediciones de ataque. Al contrario del modelo tradicional de quilombo, se constituyeron también los llamados “quilombo rotura”, donde los esclavos se escondían en lugares distantes e inaccesibles para fundar otra comunidad o sociedad más agradable para vivir. En Leblon funcionaba el llamado “quilombo abolicionista”, donde los líderes eran figuras conocidas de la sociedad, con un elevado grado de participación política. 
     El nuevo modelo de resistencia, organizado e localizado cerca de las grandes ciudades, funcionaba como una especie de instancia intermedia entre la comunidad de huidos y la sociedad, cuyo objetivo era transformar la vieja sociedad esclavista por dentro, al igual que sucedía en otros quilombos idénticos, o Quilombo da Jabaquara, en Sao Paulo y tantos otros repartidos por Brasil. No se sabe exactamente cómo, pero las camelias se convirtieron en el símbolo del movimiento abolicionista, subterráneo y subversivo. Proteger esclavos huidos o dar abrigo a los quilombolas, iba contra las leyes vigentes y estaba penado con elevadas multas, procesos judiciales y penas de cárcel. Había que encontrar un símbolo y una señal especial, y esa recayó en la camelia, la primera flor después del Invierno, aquella que anuncia el comienzo de la Primavera. No se puede olvidar que “La Dama das Camelias” de Alejandro Dumas Hijo, era una de las piezas de teatro de mayor éxito en Río de Janeiro en esa época. 
     La idea genial de los esclavos huidos de Leblon fue la capacidad de hacer las alianzas necesarias con el mundo político de la época, juntando a los abolicionistas y obteniendo la colaboración de la princesa Isabel, la Princesa Imperial Regente, que llegó a aparecer en público usando en su vestido una camelia producida en el Quilombo de Leblon. El mundo político brasileño se vino abajo y no era para menos.
     La princesa Isabel también protegía fugitivos en el palacio imperial en Petrópolis. De acuerdo con los registros del abolicionista André Rebouças, ingeniero y tesorero de la Confederación Abolicionista (una organización política cuyo programa defendía, simplemente el fin del trabajo esclavo) 14 esclavos huidos de las haciendas próximas a Petrópolis almorzaron en el palacio imperial y todo el esquema de promoción de fugas y alojamiento de esclavos fue montado por la propia princesa Isabel. En vísperas de la abolición, André Rebouças ya tenía contabilizados más de mil fugitivos protegidos por la princesa. 
    El quilombo de Leblon se especializó en la producción de camelias, flores románticas e inocentes que pasaron desde entonces a ser el símbolo de un movimiento altamente subversivo: la lucha por la libertad inmediata e incondicional. Las camelias eran el símbolo del movimiento abolicionista, en la recta final de la lucha contra la esclavitud. Los abolicionistas las usaban en el ojal, las reunían en ramilletes o las cultivaban en los jardines para sugerir la adhesión a la causa. Este quilombo contaba con la protección de la princesa Isabel y se puede decir que con la discreta (o no tan discreta) simpatía del Emperador D. Pedro II. La princesa recibía en secreto ramos y más ramos de camelias, que sabía muy bien de dónde venían y lo que significaban. Por ser uno de los símbolos del movimiento abolicionista, una de sus mejores bases simbólicas y uno de sus triunfos para la negociación política, el Quilombo de Leblon no pasaba desapercibido y sus líderes hacían además lo posible para que no pasase. Al contrario, promovían confraternizaciones, conciertos y fiestas.
 
(1) La palabra “quilombo” es brasileña, pero de origen africano. Inicialmente significaba “campamento de esclavos huidos”. Actualmente se sigue usando con distintos significados.
(2) Fotos de la Princesa Isabel Cristina “la Redentora” (“Si otros mil tronos yo tuviese, mil yo perdería para poner fin a la esclavitud”) 
Texto de la Ley Aurea.
 
Nota.- Este artículo fue tomado del libro “Camelias... otros olhares” do Ing. Agrónomo D. Jorge Garrido. (Agro- Manual Publicações Lda, Odivelas, Portugal, 2011), y se reprodujo en 2014 con el permiso del autor, en la Revista “Camelicultura” que por aquel entonces yo dirigía. Hoy y siempre, D. Jorge, un abraço.
 
 Camellia japonica “D. Pedro II emperador de Brasil” y “Emperatriz de Brasil”, obtenidas ambas por Marques Loureiro en 1865.

Texto de la Ley Aurea

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04 julio 2025

El mayor anacardo del mundo, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
El mayor "cajueiro" del mundo
 
Quienes consuman en alguna ocasión anacardos conocerán este fruto, procedente del árbol del mismo nombre (Anacardium occidentale), pero también llamado cajú, nuez de la India, anacardo, merey, marañón, cajuil, caguil, pepa, y algunos nombres más, que es originario de Centroamérica, nordeste de Brasil y sur de Venezuela. Menos personas sabrán que el fruto es doble: un pseudofruto formado por la estructura carnosa del pedúnculo, que se consume en fresco como fruta y la semilla que, cruda o tostada, llega a todo el mundo como fruto seco. 
     Mi intención ahora era hablar del mayor anacardo (cajueiro) del mundo que crece en la playa de Piranji, cerca de la ciudad de Natal -estado de Río Grande del Norte- en el extremo este de Brasil. Según los vecinos más antiguos de la zona, el árbol fue plantado en 1888 por Sylvio Pedrosa, ex prefecto de Natal y propietario del terreno en esa fecha. Aunque el terreno era suyo, sin duda, otras voces apuntan a que la plantación fue obra de un pescador local. 
     Sea quien fuere el plantador, el caso es que desde entonces no ha parado de crecer de modo continuo y en la actualidad cubre un área de entre 7.300 y 8.400 m2, equivalente a lo que ocuparía una plantación de 70 anacardos normales o dos campos de futbol. ¿A qué se debe esto? Según los estudios científicos, el árbol presenta dos anomalías genéticas debido a las cuales sus ramas no crecen en vertical, si no en horizontal, por su propio peso acaban tocando suelo y enraizando formando nuevos troncos. El tronco original, ya casi indistinguible en este laberinto de troncos, poseía originalmente cinco ramas, de las cuales cuatro sufrían esa alteración.
     Convertido en atracción turística de la zona, desde el año 1994 figura registrado en el “Libro Guiness de los Records”. Hay una serie de pasarelas por el interior, preparadas para visitarlo (previo pago, eso sí) y la parte exterior está urbanizada, con lo que posiblemente se detenga su crecimiento, también se ha levantado una torre para hacer un mirador panorámico. Aparte de esto, el anacardo está rodeado por una superficie igual o mayor de tierra dedicada a tiendas de suvenires de todo tipo con temática de anacardos, incluida cachaça (alcohol brasileño a base de caña de azúcar) con sabor a anacardo. De septiembre a diciembre también se pueden saborear sus frutas, que continúa produciendo. En 2010, se recogió la mayor cosecha en época reciente: una tonelada de frutos.







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24 enero 2025

LUCIANO CARLICCIO,
Especialistas se sorprenden ante el descubrimiento del árbol más alto de Sudamérica


El árbol en cuestión mide exactamente 90 metros de altura y tendría más de 400 años de antigüedad. Los detalles del descubrimiento

Un grupo de especialistas localizó al árbol más alto de Sudamérica

     Un grupo de especialistas ha quedado perplejo ante el descubrimiento del árbol más alto en toda América del Sur: se trata del angelim vermelho (Dinizia excelsa), que mide 90 metros de altura y es definido como una maravilla científica. Lo localizaron en lo profundo de la selva amazónica, en Brasil.

Un descubrimiento de gran importancia
     El árbol protagonista se encuentra ubicado en el centro de la Reserva Natural del Río Iratapuru, una de las áreas más protegidas de Brasil. El descubrimiento no fue para nada fácil de realizar, y verdaderamente tomó años para los investigadores.
     Las condiciones climáticas extremas y la lejanía del lugar pusieron a prueba la determinación del equipo, que finalmente logró el descubrimiento después de más de tres años de expediciones, navegando ríos y terrenos difíciles.
     Este árbol no solamente impresionó a todos por su altura, sino también por su rol fundamental en la lucha contra el cambio climático. Con un tronco de casi 10 metros de diámetro, este coloso alberga grandes cantidades de carbono.
     El Amazonas es un bosque de Brasil, entre otros países, que se encuentra bajo constante amenaza por la deforestación y la explotación desmedida. El descubrimiento de este árbol es importante para recordar su riqueza y fragilidad. 

¿Cuál es el árbol más alto del mundo?
     Dejando de lado este descubrimiento, hay que decir que el árbol más alto del mundo es el Hyperion, un vegetal ubicado en el Parque Nacional Redwood, en el estado de California.
     Este árbol fue descubierto en el año 2006, y es una majestuosa secuoya roja (Sequoia sempervirens) que se alza hasta los 115,85 metros de altura.
     Algo muy importante para aclarar es que, para proteger a este árbol de la actividad humana, la ubicación exacta de este ejemplar permanece en absoluto secreto.


Lo hemos leído aquí 
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03 enero 2025

Palo de Brasil, del narrador de historias

TOMÁS CASAL PITA
El árbol que le dio nombre a un país


El Palo de Brasil (Caesalpinia echinata), es un árbol de la familia de las leguminosas que puede llegar hasta de 10 a 15 metros de altura, de crecimiento lento y corteza espinosa, cuya madera no flota en el agua. Este árbol, al que también se llama “Pernambuco” por su zona de origen, fue uno de los principales atractivos para los primeros europeos, que llegaron al territorio desde principios del siglo XVI.
     Entre los siglos XV y XVI, un árbol parecido al Palo de Brasil (pero de origen asiático, muy escaso y difícil de conseguir), proveía a la industria textil europea de un tinte rojo que se usaba para la producción de textiles, en especial de terciopelo, de alto valor y muy demandado durante el Renacimiento. Cuando hacia 1500 los portugueses llegaron a Brasil y descubrieron la enorme abundancia del Pau Brasil a lo largo de sus costas, se interesaron rápidamente en su explotación, más que en formar asentamientos humanos y afincarse en un territorio al que llamaron “costa del pau brasil”, por lo que muchos historiadores afirman que fue éste árbol el que dio origen al nombre del país. 

     La palabra “brasil” se supone derivada de brasa, y se llamaba así al palo por el color rojizo tanto de su madera, como de la resina que de ella se obtiene, la cual contiene una tintura roja llamada brasilina y que oxida a brazileína. Desde que lo localizaron, los portugueses iniciaron una explotación intensiva del pau-brasil, porque el tinte obtenido de la especie americana era de mejor calidad y mayor duración que el que se obtenía de la asiática y a su vez, la madera de especial dureza y resistencia del árbol se empezó a usar para la fabricación de muebles de alto valor e incluso para arcos de violín.

Fruto
     La resina rojiza del árbol se convirtió en el “oro rojo” que dio a las telas europeas un mayor valor, naciendo un comercio muy lucrativo para la corona portuguesa, que llevó a la tala indiscriminada de árboles que enviaban por barco a Portugal en cantidades cada vez mayores. Desde el Tratado de Tordesillas entre España y Portugal, países como Francia y Holanda habían quedado fuera del reparto del Nuevo Mundo, así que llegaron como corsarios, piratas y contrabandistas. Incluso un francés llegó a instalar en Río de Janeiro una colonia, llamada “Francia Antártica”, para buscar la explotación del árbol para su país, lo que hartó a los portugueses, que a partir de entonces decidieron entonces establecerse y reconquistar la población.
     La creciente demanda y la corta masiva en tan sólo un siglo, produjo una enorme deforestación y llevó al palo de Brasil al borde de la extinción y no fue hasta el siglo XIX, bajo el gobierno del Emperador Pedro II (su hija Isabel abolió la esclavitud y convirtió las camelias en las flores de la libertad en Brasil) cuando empezó un largo proceso de recuperación. Poco a poco, los brasileños se concienciaron de lo conveniente de preservar sus especies autóctonas, y en 1978 el palo de Brasil fue designado como el árbol nacional. El 22 de noviembre de 2020, se ha localizado un enorme ejemplar, en el sur del estado de Bahía, cuya localización de momento se mantiene en secreto y al que se le calculan unos 600 años. Una joya brasileña recogida en esta foto.

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23 octubre 2024

JOAQUÍN ELCACHO, en La Vanguardia, Sept 2023
Descubren ejemplares de un pequeño árbol cuya especie ha sido considerada extinguida 185 años

El ilex de Pernanbuco fue descubierto en 1838 en Brasil pero desde entonces no se conocía ningún ejemplar

Detalle de uno de los árboles encontrados y bosque en el que fue localizado ..

Una expedición científica liderada por el biólogo brasileño Gustavo Martinelli y patrocinada por la organización internacional Re:wild (que cuenta con la colaboración y financiación del actor y mecenas ambiental Leonardo DiCaprio) ha descubierto en un bosque de Igarassu, en la región metropolitana de Recife (Brasil), cuatro ejemplares del árbol conocido como ilex o acebo de Pernambuco (Ilex sapiiformis), una especie de la que no se tenía información de su supervivencia desde 1838, año en que fueron descubiertos los primeros y hasta ahora únicos ejemplares conocidos.
     El redescubrimiento de esta especie ha sido posible tras una larga investigación que forma parte del proyecto Search for Lost Species (Búsqueda de Especies Perdidas) impulsado por Global Wildlife Conservation y Re-wild. El acebo de Pernanbuco forma parte, en este sentido, de la lista de 25 especies supuestamente extinguidas que, desde 2017, pretende localizar y recuperar este proyecto, de las que ya han sido encontradas 9 (incluyendo ahora el ilex de Pernanbuco).

Restos de un antiguo gran bosque

     El lugar donde el equipo encontró el árbol de Pernanbuco era antiguamente un denso bosque tropical atlántico, pero ahora son restos de arboledas aisladas rodeadas de plantaciones de caña de azúcar, edificaciones e infraestructuras.
     El equipo responsable del redescubrimiento trabajó durante meses en el seguimiento de documentación y muestras en diversos museos. La expedición que completó el trabajo, liderada por Gustavo Martinelli, ecólogo de la empresa especializada Navia Bioviva, profesor de universidad y cordinador del Centro Nacional de Conservação da Flora, pasó seis días buscando en diferentes áreas del área de Recife y el 22 de marzo encontró los cuatro de los árboles ahora presentados.
     Pese al redescubrimiento, "el acebo de Pernambuco se encuentra ahora en una situación de emergencia", destaca Martinelli en una nota difundida por Re:wild. “Podría estar al borde de la extinción porque, hasta donde sabemos, solo existen cuatro individuos de la especie. Y estos individuos se encuentran en una zona de bosque ribereño degradado, a pesar de estar protegidos por ley”, advierte el líder de la expedición.
Detalle de uno de los ejemplares descubiertos, cerca de Recife, (Brasil)

     El acebo de Pernambuco fue recolectado por primera vez para la ciencia occidental por el naturalista George Gardner en 1838 en una expedición. La especie fue descrita oficialmente por Siegfried Reissek en 1861. Hasta el reciente redescubrimiento, la colección de muestras tomadas por George Gardner era el único avistamiento confirmado conocido.
     "Durante varios meses, antes de salir al campo en busca del acebo de Pernambuco, Martinelli trabajó con un pequeño equipo de investigadores para rastrear meticulosamente las colecciones de herbarios, jardines botánicos, museos e instituciones académicas en busca de muestras del árbol", detalla ahora Re:wild. Con la ayuda de Juliana Alencar, investigadora local y asistente del proyecto de la expedición, y Milton Groppo, investigador de la Universidad de São Paulo, Martinelli buscó en bases de datos virtuales, revisando 12.000 muestras de todo el mundo, pero no pudo encontrar un partido.
     Después de buscar colecciones virtuales sin resultados, visitaron colecciones de herbarios en Brasil que no habían sido digitalizadas. Ese esfuerzo produjo más éxito. Encontraron dos ejemplares no identificados de acebo de Pernambuco: uno que fue recolectado en 1962 y otro en 2007. El ejemplar de 2007 tenía información mucho más precisa y útil sobre dónde fue recolectado, lo que ayudó en la búsqueda de campo.  

Rastreo minucioso

     El equipo de expedición finalmente identificó cuatro áreas en la región metropolitana de Recife para buscar el acebo de Pernambuco. Hay muchas especies diferentes dentro del grupo de acebos al que pertenece el acebo de Pernambuco e identificarlas es sumamente difícil. Cada planta de acebo de Pernambuco es masculina o femenina, lo que significa que tiene estambres (partes reproductivas masculinas) o pistilos (partes productivas femeninas). Los especialistas del equipo lograron identificar el acebo de Pernambuco por sus diminutas flores verdes. Encontraron cuatro de los árboles (dos machos y dos hembras) en una zona boscosa a orillas de un pequeño río.
     "En el momento en que encontramos Ilex sapiiformis, pareció que el mundo había dejado de girar", dijo Alencar. "La naturaleza nos sorprende. Encontrar una especie de la que no se ha oído hablar desde hace casi dos siglos no ocurre todos los días. Fue un momento increíble y la emoción se sintió en todo el equipo. Cuando miré al profesor Milton Groppo, vi que tenía lágrimas en los ojos". 

Seguimiento de los supervivientes

     Un equipo del Jardim Botânico de Recife está monitoreando los cuatro acebos de Pernambuco que encontró el equipo de expedición y regresa al sitio semanalmente para ver si los árboles están dando frutos. El equipo espera recolectar semillas del árbol y germinarlas.
     "Todos estábamos ansiosos por encontrar la planta", dijo Groppo. "Y fue emocionante cuando encontramos el primer individuo de Ilex sapiiformis, gracias a los ojos atentos del Sr. Lenilson, quien pudo encontrar algunas flores blancas en un árbol junto al camino de tierra. Fue como encontrar un pariente perdido y esperado que sólo se conoce por retratos antiguos. Ahora, podremos estudiar mejor la especie y pensar en acciones para protegerla y propagarla dado que ahora sabemos que no está extinto en la naturaleza”.

Muestra en el Museo Botánico Kew, Reino Unido
     La búsqueda de más acebos de Pernambuco aún no ha terminado. Martinelli espera organizar búsquedas adicionales con el Jardim Botânico de Recife y otros socios locales en Recife para encontrar más individuos de la especie. También espera trabajar con socios para proteger mejor el bosque en Recife donde se encontró el acebo de Pernambuco y establecer un programa de cría en cautiverio para el árbol.
     "Es increíble que el acebo de Pernambuco haya sido redescubierto en un área metropolitana que alberga a casi seis millones de personas", dijo Christina Biggs, responsable del programa de especies perdidas de Re:wild. “No solemos pensar que las plantas están perdidas para la ciencia, porque no se mueven como animales, pero son igualmente parte integral de los ecosistemas de los que son nativas. Incluso si una planta no ha tenido un avistamiento confirmado en 186 años, todavía podría estar en algún lugar como los últimos vestigios de la naturaleza, y este árbol es un ejemplo perfecto de por qué es importante seguir buscando”.
 Lo hemos leído aquí
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24 julio 2024

LEYENDA SHUAR, de Cuentos y leyendas Amazònicas
NUNKUI, la creadora de las plantas
 
Hombre de la selva pintado con achiote
Hace muchos años, cuando los shuar empezaban a poblar las tierras orientales del Ecuador, la selva no existía. En su lugar se extendía una llanura man­chada solamente por escasas hier­bas. Una de éstas era el unkuch, el único alimento de los shuar.
      Gracias al unkuch, los shuar pudieron soportar durante mucho tiempo la aridez de la arena y el calor. Pero, un día la hierba desa­pareció. Algunos echaron la culpa a Iwia y a Iwianchi, seres diabólicos que desnudaban la tierra comiéndose todo; pero otros se esforzaron por encontrar el ansiado alimento. Entre estos había una mujer: Nuse. Ella, ven­ciendo sus temores, buscó el unkuch entre los sitios más ocul­tos, pero todo fue inútil. Sin desanimarse, volvió donde sus hijos y, llenándolos de valor, reiniciaron la búsqueda.
      Siguiendo el curso del río, cami­naron muchos días; pero el calor de esas tierras les impedía avan­zar más. Inesperadamente, sobre el río aparecieron pequeñas roda­jas de un alimento desconocido: la yuca. Al verlas, Nuse se lanzó al río y las tomó. Apenas las probó, sintió que sus ánimos renacían misteriosamente y enseguida corrió a socorrer a sus hijos. De pronto, apareció una mujer bella. Nuse, asustada, le preguntó:
      -¿Quién es usted?
Yuca y su planta
      -Yo soy Nunkui, la dueña y soberana de la vegetación. Sé que tu pueblo vive en una tierra desnuda y triste, en donde apenas crece el unkuch.
      -¡El unkuch ya no existe! Era nuestro ali­mento y ha desaparecido. Por favor, señora,¿sabe dónde puedo hallarlo? Sin él, todos los de mi pueblo morirán.
      -Nada les ocurrirá, Nuse. Tú has demostrado valentía y por ello te daré, no sólo el unkuch, sino toda clase de alimentos.
      En segundos, ante los ojos sor­prendidos de Nuse, aparecieron huertos de ramajes olorosos.
      Nunkui continuó: -Te obsequiaré una niña prodigiosa que tiene la virtud de crear el unkuch y la yuca que has comi­do y el plátano y...
      -Gracias Nunkui, gracias!
      Nunkui desapareció y en su lugar surgió la niña prometida. La pequeña guió a Nuse entre la espesura. La niña le anunció que allá también, en el territorio de los shuar, la vegetación crecería majestuosa. Cuando llegaron, la niña cumplió su ofrecimiento y la vida de los Shuar cambió por completo. Las plantas se elevaron en los huertos y cubrieron el suelo de esperanzas.

---Fin---

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24 junio 2024

Con 84 años y los sueños cumplidos

MARTÍN REID, en "El Horticultor", dic 2023
Newton Godoy Mello, los sueños cumplidos de un jubilado

En la década de 1990, el jubilado Newton Godoy Mello, ahora de 84 años, decidió transformar el terreno baldío que estaba frente a su casa en una grandiosa plaza, llena de árboles, frutales, flores y otras plantas diversas.
     Gracias a sus mejoras, la plaza que actualmente lleva su nombre se convirtió en uno de los espacios públicos más bellos y arbolados de Guaiçara, en el centro-oeste de São Paulo.
     Para el Sr. Newton, el vecindario ideal es aquel en el que podemos hacer algo para mejorar el entorno de nuestra casa. En su caso, dedicarse a la plaza hizo que su zona de estar fuera más refrescante, agradable y verde.
     En entrevista con el portal Solutudo, el anciano dijo que nació en 1937, se casó en su juventud con doña Santa Amalia y juntos tuvieron tres hijos. Trabajó como tapicero y trabajó en el Hospital Clemente Ferreira durante casi tres décadas, donde se jubiló.
     Newton consideró vivir en Guaiçara después de hacer un recorrido por la ciudad. Estaba encantado con el lugar y decidió mudarse después de ser seleccionado para un proyecto de vivienda. Justo en frente de su casa había un terreno baldío, donde el gobierno de la ciudad prometió construir una plaza pública. Sin embargo, la idea nunca llegó a concretarse… Fue entonces cuando el ex-tapicero decidió limpiar el área y plantar los primeros árboles y flores. 
Detalle: el Sr. Newton no tenía experiencia previa en jardinería. Al principio, plantó un árbol de pitanga y varias plántulas.
     A lo largo de los años, las plántulas dieron lugar a docenas y luego a cientos de árboles. El horario de trabajo en el hospital -12 horas de trabajo y 36 horas de descanso- facilitó el cuidado de la futura plaza, pues dedicaba buena parte de sus días libres a seguir sembrando. En ese momento, quería que la plaza tuviera un estudio paisajístico, pero no pudo hacerlo. Así, pensó en un diseño propio, que fue mantenido por la municipalidad local luego de que se hormigonaran las pasarelas.
     Casi treinta años después, el diseño y la distribución del espacio del Sr. Newton permanecen intactos. 
Para el portal Solutudo, el jubilado dijo que contó con la ayuda de un amigo, José Luiz Souza, ‘Bisão’, que instaló los bancos y ayudó en algunos otros procesos de construcción. La esposa de Newton, la Sra. Santa, también ayudó con el trabajo.Cabe señalar que la mayor parte de las inversiones necesarias para levantar la plaza corrieron a cargo del jubilado.

     Desde 1998, la plaza lleva el nombre de “Newton Godoy Mello”, en homenaje al esfuerzo del jubilado. 
Esto fue posible gracias a una posibilidad legislativa en ese momento, ya que hoy en día no es posible que los espacios públicos reciban nominaciones de personas vivas, lo que hace aún más notable la hazaña.
     Bien cuidada, la plaza cuenta con mesas, bancos y una iluminación perfecta. Además, la pintura del suelo continúa a cargo del Sr. Newton.
     Debido a la edad, ya no realiza trabajos pesados ​​y subcontrata este servicio a un profesional de la limpieza. “Me siento agradecido por todo lo que ya hemos logrado y espero que todo lo que ha pasado aquí pueda inspirar a más personas ”, concluyó Newton.
     ¡Gracias a la dedicación del anciano y su amor por el proyecto, la plaza Newton Godoy Mello es una postal memorable de Guaiçara!
Lo hemos leído aquí
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10 agosto 2022

Gameleira y la Iglesia del Senhor Bom Jesus do Matozinhos, distrito de Barra do Guaicuí - Várzea da Palma (Brasil)

JANAINA CALAÇA
Gameleira de la Iglesia  

(Fotos de 2012)


Estas son las ruinas de la iglesia de Bom Jesus do Matozinhos en el distrito de Barra do Guaicui de Várzea da Palma en el norte de Minas, que una vez estuvo sumergida en las aguas del río São Francisco (popularmente Velho Chico) y ahora es un lugar rodeado de leyendas.
      Mientras el barco del cine* del río São Francisco iba hacia Barra do Guaicuí, pensé en las historias inquietantes que había escuchado durante los días que anticipaban a nuestra llegada a la ciudad. Sentía una mezcla de fascinación y miedo… El mismo lugar que alberga una iglesia envuelta en misterios, también guardaba historias de chicos demoníacos que corrían tras los visitantes y forasteros con varitas (con intención de azotar las piernas) y tirarles semillas de ricino para espantarlos. La última gran broma fue tirar una piedra a una enorme colmena y que los monitores de "Cinema no Rio" tuvieran que tirarse al suelo y taludes para protegerse de las abejas “Zoropas”. Pero mas que el miedo a correr de un lado a otro con chicos pegados a mis talones, pasé los primeros días con la imagen de una extraña iglesia vista desde el río cuando nos acercáramos a Barra do Guaicuí.
     No me había dado cuenta de que el barco disminuía su ritmo, cuando me encontré con la extrañísima imagen de la iglesia del Senhor Bom Jesus do Matosinho, reinando absolutamente en lo alto del talud, con un gigantesco árbol en lo alto del techo. A su alrededor los chicos de Barra do Guaicuí, como guardianes de las ruinas, nos miraban con curiosidad y comencé a imaginar con qué tipo de travesura pensaban recibirnos. ¿Semillas de ricino? ¿Varitas? ¿Abejas? A pesar del miedo a ser perseguido por un puñado de mocosos, me las arreglé para prestar más atención a la iglesia que a la posibilidad de rodar por un talud considerable.
     Cuentan las historias que, hace mucho tiempo, el Velho Chico (río São Francisco) en una de sus crecidas, cubrió con sus aguas esta antigua iglesia, que guardaba entre sus muros, el triste recuerdo de un padre que había ahorcado a su hijo en esas tierras. Quizás el São Francisco, padre de tantos ribereños, se rebeló con violencia y decidió limpiar con sus aguas la memoria de esta tragedia familiar. Nadie lo sabe… El Velho Chico, sin embargo, tras su silencioso barrido, un día decidió retraer los brazos y dejar que la historia siguiera su curso. Con la sequía y con el nivel del río más bajo, la iglesia reapareció después de su larga temporada entre las aguas y los peces, trayendo en su techo una Gameleira gigantesca (Ficus gomelleira).
     Hoy la iglesia guarda, en su techo, el inmenso árbol, que allí nació y se incrustó en sus paredes como un mural, viviendo ambos en una extraña simbiosis. La Gameleira fue quizás la respuesta de vida de Velho Chico por la muerte de un hijo por parte de su padre. La vida pudo haber continuado en ese tronco, en esas hojas, en esa extraña presencia. Mientras todos desembarcaban y yo me preparaba para escalar un talud más, me pregunté si le tenía más miedo al alma perdida o las historias de niños demoníacos, con sus semillas de ricino, varitas y abejas "Zoropa" y cómo habíamos pasado toda nuestra existencia con miedo tanto a la vida como a la muerte.

*Una de las misiones del proyecto "Cinema no Rio São Francisco", además de acercar el cine a las poblaciones ribereñas del Velho Chico, es mapear los personajes de las ciudades (que reúnen historia e “historias”) y las manifestaciones culturales de la región, como una forma de rescatar y preservar la memoria de estos lugares. A lo largo de cada edición se escuchan historias, se catalogan y muchas de ellas aparecen en documentales producidos por el proyecto, para ser proyectados antes de la programación oficial de películas. (...) los pequeños documentales producidos por Cinema no Rio São Francisco se convierte en una forma de entrar en contacto con su propia identidad. Hay ciudades, sin embargo, donde no es el pasado lo que más llama la atención, sino el presente. En el caso de Barra do Guaicuí, la fascinación de los chicos de la ciudad por el funk acabó convirtiéndose en el tema del documental de la ciudad. El río São Francisco tiene 2830 km y una cuenca superior a la superficie de España.

Lo hemos leído aquí 
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En Marzo de 2020, la municipalidad decidió desmochar el árbol porque la iglesia amenazaba ruina

   
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27 marzo 2022

Viaje por la BR3-19 de la Amazonia

NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR (en El País) Imagenes: AVENER PRADO

 
Recorrer los casi 900 kilómetros de la calzada que cruza una de las áreas de selva mejor preservada de Brasil permite observar a simple vista cómo avanza la deforestación. Bolsonaro pretende asfaltarla del todo

(...) Esto es Realidade, tierra prometida para buscavidas y pobres. Y esta, la primera gasolinera tras conducir 500 kilómetros desde el norte por la BR-319, la carretera más controvertida de la Amazonia. Completar el asfaltado es la gran promesa del presidente Jair Bolsonaro para la región, una de las más pobres de Brasil. Lo considera estratégico para el desarrollo económico local. Recorrerla entera, de Manaos a Porto Velho, incluidos los 400 kilómetros de tierra, permite a un equipo de EL PAÍS observar a simple vista el impacto que producen los colonos que desembarcan atraídos por promesas y tierras a buen precio. La deforestación avanza veloz.
Una casa a pie de carretera a su paso por la comunidad de Igapú Açu, km 260, el 20 de octubre.
     En los últimos años ha crecido hasta merecer escuela y ambulatorio, un boom que se asienta en lucrativos negocios que diezman la selva: la tala ilegal de madera, la cría de ganado o cultivos de soja que atraen a gentes de otros Estados.
      En el mapa, la vía es una rayita minúscula. A vista de dron, una línea recta anaranjada en un tupido manto verde que parece brócoli. Probablemente pocos de los que participan en la cumbre COP26 de Glasgow saben de su existencia, pero los que observan el mayor bosque tropical del mundo no le quitan el ojo. El desenlace de esta obra dirá si la parte más virgen de la selva amazónica sigue protegiendo la biodiversidad y capturando dióxido de carbono o no. Y eso influirá en el resto del planeta porque las selvas como esta son cruciales para regular la temperatura global. El pueblito de Realidade es una sucesión de bares, moteles, camiones, talleres, templos evangélicos y casitas de madera en calles de tierra que a menudo se convierten en un lodazal.
     La ley resulta un concepto lejano y maleable. Es un territorio tenso donde prevalecen los hechos consumados y el recelo hacia el foráneo que husmea. Nadie llega de turismo o por error, se viene con un objetivo.  Cualquiera está en alerta constante. Y en cientos de kilómetros no hay un policía. Los locales esperan ansiosos el pavimento hace décadas, convencidos de que traerá prosperidad. Para científicos y ecologistas, es un escenario de pesadilla. Temen que el monstruo que han visto crecer en Realidade en estos años ascienda carretera arriba.
     Los 887 kilómetros de la BR-319 cruzan una de las zonas mejor preservadas de la selva que cubre la mitad de Brasil, una superficie del tamaño de la Unión Europea repleta de ríos, corrientes y lagunas. Durante medio año, el trazado es un barrizal. Los viajeros dejan atrás granjas bautizadas como Grande Esperanza, Tierra Rica o Dios Me Dio.

     Entre los más implicados en la batalla a favor del asfalto se encuentra Dona Mocinha. Tiene una pousada en el kilómetro 260, gafas enormes y empuje suficiente para ir a la escuela nocturna a sus 64 años. Se instaló en Igapó Açu hace décadas, una comunidad de palafitos de madera para evitar las crecidas. “Hubo una época en que desde noviembre hasta mayo por aquí no pasaba nadie, naaaadie”.
     Ahora, con la carretera más o menos transitable todo el año, ve desde su porche más trasiego de camiones y 4x4. “Dicen que la carretera (asfaltada) va a tener impacto, pero ¿qué impacto? Mire, yo no soy bióloga, pero el mayor impacto se generó cuando la construyeron”, en los setenta, durante la dictadura. Debió de ser una obra titánica porque el terreno es pantanoso y, por eso, es un área muy productiva, rica en biodiversidad. “Surcada por ríos muy ricos en peces, cocodrilos y mosquitos”, explica Rómulo Batista, de Greenpeace.

Dona Mocinha, vecina de Igapó Açu, que queda dentro de una reserva ecológica. Pertenece a la Asociación de Amigos y Defensores de la BR-319.
    
     Incluso la simpática Dona Mocinha, de la Asociación de Amigos y Defensores de la BR-319, sabe que las mejoras que el pavimento traería a su vida no vendrían solas. “Cuando llega el desarrollo llega la deforestación, invasiones, prostitución, drogas… pero más preocupante es no tener la BR-319 para ir y venir”, reflexiona en su mecedora. Se sienten atrapados en este bellísimo pero aislado rincón porque es la única conexión terrestre de Manaos, capital del estado de Amazonas, con el corazón de Brasil.

     Las presiones han llegado hasta la casa de la señora antes que el asfalto de la mano de compatriotas venidos de lejos con jugosas ofertas, atraídos por las fabulosas oportunidades que vislumbran. “Vienen muchos desde Rondonia o Mato Grosso. Buscan terreno, terreno, terreno. Ya les digo que no, que no tengo tierras para vender, que esto es ¡una reserva natural! Mire, llegué hace 44 años y jamás he vendido un lote de tierra. Y eso que hasta me han amenazado de muerte”, explica. Vender parcelas de una reserva es delito. Pero descomunales extensiones de tierras públicas flanquean la carretera. Cualquiera se apropia fácilmente de ellas con documentos falsos y complicidades políticas. El llamado grillagem.
     El panorama es un aperitivo del catastrófico escenario que anticipan científicos como la agrónoma tropical Jolemia Chagas, que monitoreó el tramo de carretera entre los kilómetros 250 y 280. “El asfaltado va a intensificar las invasiones de los últimos cinco años”, alerta. Eso trae especulación inmobiliaria, conflictos violentos con los locales y agrava problemas ambientales de consecuencias tangibles. Detalla que “la retirada de la cobertura forestal interfiere directamente en la producción de los ríos voladores (corrientes de vapor de agua) que abastecen parte de Sudamérica, influyendo directamente en la producción agrícola”.
     La zona está poblada de familias que viven, principalmente en los extremos de la vía, de la agricultura de subsistencia o del comercio. E indígenas, 18 pueblos dispersos y alejados de la carretera principal. Una de las calzadas de tierra secundarias que empezaron a construir prácticamente toca el territorio donde vive un grupo de nativos aislados, unas 30 personas, probablemente descendientes de los juma que sobrevivieron a una matanza en 1964, explica el indigenista Pedro da Silva, del Consejo Misionero Indígena.  

Un equipo de mantenimiento trabaja en un tramo asfaltado de la carretera a su paso por Careiro do Castanho.

     Con el aumento de tráfico, surgieron restaurantes, granjas e iglesias. Por la ruta, circulan camiones, coches que cargan toda la vida de alguien que persigue un futuro mejor, o el negocio de su vida, sea lícito o no, moteros cincuentones de aventura… Recorrerla significa salir de Manaos por una calzada con los carriles cuidadosamente pintados de amarillo y los arcenes, de blanco. Al poco, el río Amazonas, que se cruza en balsa. El transporte fluvial, caro y lento, es lo más habitual.
     Km 198. Fin del asfalto. Bienvenidos al llamado trecho del medio, el que perdió el pavimento a finales de los años ochenta por el abandono. Gracias a eso y a las reservas ambientales e indígenas creadas a partir de entonces, el impacto de los humanos es mucho menor que en otras regiones amazónicas.
     Incluso el ojo menos entrenado distingue desde el 4x4 cuándo se circula dentro de una reserva ecológica. Los árboles y la vegetación forman un manto verde tan tupido que impide ver más allá. Pero los mejores ojos sobre la región son los satélites, que fotografían parcelas de tres metros para medir dónde y a qué velocidad es destruido el bosque tropical. La deforestación ya estaba al alza, pero con Bolsonaro se ha disparado. El último año fue el peor de los últimos 12, con la desaparición de 11.000 kilómetros cuadrados de árboles. Como si cada minuto del último año la Amazonia hubiera perdido el equivalente a tres campos de fútbol, apunta Greenpeace. 

     El fazendeiro (granjero) Joeliton Silva, 53 años, no niega la deforestación. Él mismo contribuye hace años abriendo caminos entre la vegetación para otros que luego talan los árboles más valiosos en un negocio multimillonario. Desafía a los periodistas a contar lo que llama “la verdad”, una tesis que pivota sobre el siguiente argumento: la magnitud de la selva es tal que el destrozo es nimio. Contra el consenso científico y citando a un científico concreto, el afable Silva afirma que “el efecto de la acción humana sobre la temperatura es insignificante”. Y para rematar, echa sus cuentas: “A esta velocidad tardaremos 140 años en deforestar el 10% de Brasil”. Es un discurso que difunde por YouTube desde su casa, a las afueras de Realidade, la ciudad de los aventureros.
     Está convencido de que la alarma internacional ante la desaparición de la riquísima flora y fauna amazónica es desmesurada, nada más que una excusa para camuflar la codicia de los extranjeros que pretenden arrebatar a Brasil sus riquezas naturales. Dueño de dos haciendas que suman 6.400 hectáreas, tiene una a la venta porque su incursión en la piscicultura no ha cuajado. Pese a la abundancia de ríos, también los crían.
     Contribuir a actividades ilícitas no le quita el sueño a Silva porque, asegura, deforestar legalmente es imposible. Lo ha intentado, es arduo y ni siquiera sale a cuenta. Es mejor negocio, añade, hacerlo a las bravas, y si te pillan recurrir y recurrir las multas. Entregado a Bolsonaro, muestra orgulloso un vídeo en el que abraza al ministro de Infraestructuras mientras este afirma que “la BR-319 ya se está materializando”.
     El discurso de Bolsonaro de que la protección medioambiental lastra el desarrollo cala hondo y da alas a la explotación predatoria, el lucro fácil y la impunidad. Brasil lucha contra su imagen de villano ambiental. Triunfa “la idea perversa de que, si el resto de los países deforestaron para desarrollarse, ese es el precio a pagar”, afirma Fernanda Meirelles, en Manaos, en la sede del Observatorio BR-319, una alianza de ONG que supervisa la carretera. “No estamos contra la calzada, pero queremos que antes [de asfaltar] se resuelvan los problemas de titularidad de la tierra, de fiscalización, cómo gestionar las unidades de conservación [reservas ecológicas]…”, dice. Tras unas prolijas explicaciones de los innumerables desafíos, remata sonriente: “Mi sueño sería una pasarela elevada”. 

Joeliton Silva, que abre caminos para los madereros y posee 6.400 hectáreas de tierra, posa ante su granja en Realidade

      Dona Mocinha participó en las recientes audiencias públicas, la mejor muestra de que el proceso burocrático avanza. El Gobierno de Bolsonaro ha dado más impulso al proyecto que cualquier predecesor. Falta que el Ibama, organismo gubernamental que gestiona la política medioambiental, autorice o no el asfaltado. Ninguno de los consultados cree que lo rechace, pero las ONG recuerdan que los indígenas deberían haber sido ya consultados. Asomaría luego el desafío de la financiación.
     A menudo, un camión atrapado en un barrizal corta en seco la circulación, incluso en estos días del final de la temporada seca. Un factor acude al rescate. Impresiona ver cómo patina el inmenso tráiler. Ocho días llegó a estar atrapado el camionero Aulcides Costa, de 49 años. “A los cinco días se nos acabó la comida y el agua mineral”, recuerda.
     Etas áreas vivían incomunicadas hasta que internet les abrió una ventana al mundo, los convirtió en comunidad y los entretiene durante la larga estación de lluvias. Resulta muy útil. Cualquiera puede saber casi en tiempo real cómo está la ruta gracias a los 46 grupos de WhatsApp de la Asociación de Amigos de la BR319, que suma 10.000 socios. 

     A medida que se avanza hacia el sur, surgen claros en el arcén. Cada vez más frecuentes y mayores. De repente, vacas y más vacas pastando plácidamente. La bucólica escena disfraza su nefasto efecto sobre la Amazonia. Las propias reses y la tala de árboles para abrir pastos son los principales responsables de las emisiones brasileñas de gases de efecto invernadero, esas que aquí aumentaron incluso el año de la pandemia mientras a nivel mundial se desplomaron por el inédito parón. Tras la tala, los pastos sirven para ademarse de la tierra y luego llegan los cultivos de soja. En el aparente caos existe un método.
     El empresario Antonio Graças, de 71 años, está convencido de que es ahora o nunca. En su almacén en Careiro de Castanho, rodeado de camas, electrodomésticos y ventiladores, opina que nadie más propicio que un presidente formado en los cuarteles y nostálgico de la dictadura, con un ministro de Infraestructuras que sirvió como militar en Amazonia, para dar continuidad al proyecto impulsado por los generales hace medio siglo. Desbravaron la selva para construir carreteras. Donaron tierras. En plena Guerra Fría, la obsesión era poblar aquella inmensidad, habitada durante milenios por indígenas, para asegurarse de que nadie se la arrebatara. “Integrar para no entregar” era el lema de la época. 

El puente sobre el río Madeira en Porto Velho, la ciudad donde termina la carretera que parte de Manaos, 900 kilómetros al norte

     Graças desea fervientemente que Bolsonaro no deje pasar la ocasión. “Si no da un empujón inicial para que una empresa haga 100 kilómetros, otra, otros 100… no va a salir. Entonces, solo Dios dirá”. El empresario descarta cualquier riesgo de que aumenten los delitos ambientales porque para eso está el Estado; y enumera una larga lista de instituciones con potestad fiscalizadora. Sobre el papel la tienen, la práctica es otro cantar. Hacia el final de la BR-319, donde se cruza con la mítica carretera Transamázónica, se llega a Humaitá. Una turba incendió en 2017 la sede del Ibama en la ciudad. La vegetación ya cubre las ruinas del edificio. El vicepresidente del país, el general Hamilton Mourão, admite que, con el asfalto, el riesgo de desforestación aumentará y sostiene que habrá que reforzar la vigilancia, pero apunta que también facilitará la llegada de la Policía Federal a estas tierras remotas.

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