martes, 31 de marzo de 2009

AL CIPRÉS DE SILOS
José Javier Aleixandre

En una tarde de primavera, 1962

Árbol sonoro, flauta con ternura
de corazón de pájaro. Voz santa
de jaula vegetal que se agiganta
preñada de alegría hacia la altura.

Al cielo están izando su verdura
las invisibles alas. Se levanta
la mirada con él al cielo. Canta
gloria a Dios su afinada arquitectrura.

Y al pie, quebrado espejo, …
la verdad del reflejo entre temblores
por la risueña y frívola caída

del agua de sus cuatro surtidores
y un estanque redondo –sin salida-
donde nadan los peces de colores.

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lunes, 30 de marzo de 2009

N. WILLER - El pequeño abeto

EL PEQUEÑO ABETO
N. Willer, en Cuentos de otro lugar y otro tiempo

Érase una vez un pequeño abeto. Solo, en el bosque, en medio de los demás árboles cubiertos de hojas, él solo tenía agujas, nada más que agujas.
¡Cómo se quejaba!
-Todos mis amigos tienen hermosas hojas, hermosas hojas verdes. ¡Yo, sólo tengo espinas! Quisiera tener, para darles un poquito de envidia hojas todas de oro.
A la mañana siguiente, cuando se despertó quedó deslumbrado…
-¿Dónde están mis espinas? ¡Ya no las tengo! ¡Me han dado las hojas de oro que había pedido! ¡Que contento estoy!
Y todos sus vecinos que le estaban mirando dijeron:
-¡El pequeño abeto es todo de oro!
Pero he aquí que un hombre, un malvado ladrón, llegó al bosque y les oyó. Pensó:
- ¡Un abeto de oro! ¡Qué gran negocio!
Pero como tenía miedo de ser visto, volvió por la noche con un gran saco. Cogió todas las hojas sin dejar ni una.
A la mañana siguiente, al verse completamente desnudo, el pobre abeto se puso a llorar.
-Ya no quiero más oro –se dijo a si mismo en voz baja-. Cuando vienen los ladrones, te lo roban todo y ya no te queda nada. ¡Quisiera tener todas las hojas de cristal! ¡El cristal también brilla!
A la mañana siguiente, cuando despertó, tenía las hojas que había deseado. Se puso muy contento y dijo:
- En lugar de hojas de oro tengo hojas de cristal; ahora estoy tranquillo porque no me las robará nadie.
Y todos sus vecinos que le miraban, dijeron a la vez:
-¡El pequeño abeto es todo de cristal!
Pero, cuando vino la noche, la tempestad sopló fuerte. El pequeño abeto suplicó en vano, el viento le sacudió y no quedó ni una sola de sus hojas.
A la mañana siguiente, al ver el destrozo, el pobre abeto se puso a llorar:
-¡Qué desgraciado soy! Otra vez estoy desnudo. Han robado mis hojas de oro y han roto mis hojas de cristal. Quisiera tener, como mis amigos, hermosas hojas vedes.
Al día siguiente, cuando se despertó, vio que había obtenido lo que deseaba.
Y todos sus vecinos, que le miraban, se pusieron muy a decir:
-¡El pequeño abeto ya es como nosotros!
Pero, durante el día, la cabra salió a pasear con sus cabritillos. Cuando vio al pequeño abeto, dijo:
-¡Venid niñitos míos!, ¡venid, hijos míos! saboread esta comida y no dejéis nada.
Los cabritillos se acercaron saltando y lo devoraron todo en menos de un instante.
Cuando llegó la noche, el pequeño abeto, completamente desnudo y tiritando, se puso a llorar como un niño.
-Se lo han comido todo -dijo en voz baja-. Ya no me queda nada. He perdido mis hojas, mis hermosas hojas verdes, como mis hojas de cristal y mis hojas de oro. ¡Me contentaría con que me devolvieran mis agujas!
A la mañana siguiente, cuando se despertó, se encontró sus antiguas agujas y no supo qué decir.
¡Qué feliz es! ¡Cómo se contempla! Se ha curado por completo de su orgullo. Y sus vecinos que le oyen reír, dicen mirándole:
-¡El pequeño abeto está como antes!
---Fin---

jueves, 26 de marzo de 2009

EN EL CLAUSTRO DE SILOS
Proto González Cimas



Recio, austero, perenne, agudo, orante
ciprés quieto en el patio solitario
que, en silencio, contempla con asombro
tu verticalidad, escueta y firme,
erguida sin cansancio.

Cerca, en la breve taza
de añosa y ruda fuente,
sin tregua, brota un salmo:
voz clara en la vigilia recoleta,
contrapunto del que, asiduo y callado,
trepa con la esperanza y se remonta
por el brillante azul solemne y alto,
en armoniosa rima
con la paz remansa de los claustros.

Al enjoyarte el sol con los fulgores
más bellos de la tarde,
tu sombra, desbordando el cuadrilátero
–oro viejo en la historia de la piedra-
con un abrazo ingrávido
transmite al adyacente caserío
el místico mensaje,
mezcla de eterno y de fugaz, que en vilo
pone carne y espíritu, tensándolos
sin perturbar la calma.

Las horas, el acecho,
registran quedamente
los infinitos pulsos del espacio.
Y en estas coordenadas impasibles
el mundo evoluciona o se desquicia;

la vida continúa…
Los monjes –y el ciprés- siguen orando.

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miércoles, 25 de marzo de 2009

JOSEP CARNER - La figuera

JOSEP CARNER (Barcelona, 1884-1970)
La figuera

Dónes, figuera, quan l'aire rutila,
bosses de mel a l'amic i a l'estrany;
mar, casa i horta coneix i vigila
la teva soca de pell d'orifany.

    Has vist Adam, fill rebel de l'argila,
l'àngel irós i el seu mal averany;
i si Jesús maleí fora vila,
erma de fruits, la figuera d'antany,

    ara, en abril, quen és gerda la brossa,
Qui ve de vèncer la mort en sa fossa
a tu decanta la mà transparent,

    i verdes flames encara desnia
en cada branc que l'hivern abaltia,
oh canelobre de Vell Testament!
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martes, 24 de marzo de 2009

MIGUEL DE UNAMUNO - Olivos de Valdemosa

MIGUEL DE UNAMUNO (Bilbao, 1864-1936)
Los olivos de Vademosa


...Aquel olivo lleva su copa como una enorme cornamenta enramada y se tiene en el suelo con sus cuatro patas; aquel olivo como monstruo paleontológico, ¿es que se agarra a la roca o es que quiere desprenderse de ella?
Esos olivos han vivido, y como todo lo que ha vivido y no sólo vegetado, tienen su historia. Y como todo lo que ha vivido tiene su historia son yos, son personas, cada una de ellas con su fisonomía, con su carácter, con su alma. Ancianos ermitaños, cobran esos olivos toda su alma como los hombres la cobran, cuando las arrugas les surcan la frente, cuando las mejillas se les retuercen, cuando las barbas les blanquean, cuando tiene cada uno sus pliegues. Que no sin honda razón estética siempre que se representa a un hombre que vivió en la historia y llegó a viejo, represéntasele en su vejez más que en su mocedad. El retrato de mocedad sólo tiene valor para el amor que no entiende de historias y que en vez de vivir vegeta…
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lunes, 23 de marzo de 2009

HILDA DOOLITTLE - Pear tree

HILDA DOOLITTLE (EE.UU. 1886-1961)
Pear tree


Silver dust
lifted from the earth,
higher than my arms reach,
you have mounted.
O silver,
higher than my arms reach
you front us with great mass;

no flower ever opened
so staunch a white leaf,
no flower ever parted silver
from such rare silver;

O white pear,
your flower-tufts,
thick on the branch,
bring summer and ripe fruits
in their purple hearts.

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miércoles, 18 de marzo de 2009

JUAN DE MENA - Paisaje

JUAN DE MENA (Córdoba, 1411-1456).
Paisaje

Vi los collados monteses
plantados por los reguardos
de sus faldas y traveses,
altas palmas y cipreses,
e cinamomos e nardos:
e vi cubiertos los planos
de jacintos e plátanos,
e grandes linaloeles
e de cedros e laureles
los oteros soberanos.
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martes, 17 de marzo de 2009

LA LEYENDA DEL CEDRO
Norteamérica

Hace mucho tiempo cuando el pueblo Cherokee llegó a una nueva tierra, pensaron que la vida sería más hermosa si no existieran las noches. Se dirigieron a Ouga, El Creador, para pedirle que todo el tiempo fuese día y nunca hubiera oscuridad.

El Creador les escuchó e hizo que cesase la noche y todo el tiempo fue día. Pronto, el bosque creció tanto que se hizo muy espeso. Se hizo difícil atravesarlo y encontrar alimento. Las gentes trabajaban muchas horas en los huertos tratando de mantener limpios de malas hierbas al maíz y a las otras plantas. Se hizo duro muy duro, y los días transcurrieron siempre de la misma forma. El pueblo comenzó a tener dificultad para dormir y pequeñas disputas y discusiones se sucedieron entre ellos.

No habían pasado muchos días cuando se dieron cuenta de que habían cometido un grave error y, de nuevo, se dirigieron a Ouga, el Creador. “Por favor”, le pidieron, “hemos cometido un error al pedirte que todo el tiempo fuese de día. Ahora pensamos que es mejor que todo el tiempo sea de noche.” El Creador sopesó esta nueva petición y pensó que tal vez el pueblo estaría en lo cierto, aunque se habían creado ambas… que representan el día y la noche, la vida y la muerte, el bien y el mal, los tiempos de abundancia y los tiempos de escasez. El Creador amaba a su pueblo y decidió hacer de la noche todo el tiempo, como se lo habían pedido.

El día cesó y la oscuridad cayó sobre la tierra. Pronto, los cultivos dejaron de crecer y sobrevino un gran frío. El pueblo perdía mucho tiempo buscando y transportando leña para el fuego. No podían encontrar caza y sus cultivos no crecían. No pasó mucho tiempo hasta que la gente tuvo mucho frío, estaban débiles y hambrientos. Muchas personas murieron.

Los que aún vivían se reunieron y otra vez se dirigieron al Creador: “ Ayúdanos Creador,” le lloraban, “hemos cometido un grave error. Tu has creado la perfección del día y la noche, como debió ser, desde el principio. Te pedimos que nos perdones y hagas el día y la noche se sucedan como antes.”

Un vez mas el Creador les escuchó. Los días y las noches se sucedieron como las gentes le habían pedido y había sido desde le principio. Cada día se dividió en luz y oscuridad. El clima se hizo mas agradable y las cosechas comenzaron a crecer de nuevo. La vida era perfecta y había mucha caza. La gente tenía mucha comida y no había muchas enfermedades. La gente trataba a los demás con compasión y respeto. Era bueno estar vivo. Las gentes daban gracias al Creador por sus vidas y por la abundante comida.

El Creador aceptó su agradecimiento y se alegró al verlos sonreír de nuevo. Sin embargo, durante el tiempo de los largos días de la noche, muchas personas habían muerto, y el Creador lo sentía por los sufrimientos del periodo de oscuridad. El Creador tomó los espíritus de los desaparecidos y creó un árbol nuevo. Este árbol fue llamado A-tsi-na tlu-gy, el Cedro.

Cuando huelas el aroma del cedro o admires el bosque, recuerda que, si eres Tsalagi (Cherokee), estás observando a tus antepasados.

La tradición nos dice que la madera de cedro contiene poderosos espíritus de protección para los Cherokee. Muchos llevan un pequeño trozo de madera de cedro en sus bolsitas de protección coladas del cuello. También lo colocan en el dintel de la puerta de sus casas para protegerlas de los malos espíritus. Los tambores tradicionales se deben hacer con madera de cedro. El Creador no hizo el pueblo a causa de su soledad, sino por porque quiso mostrarnos su generosidad y amor. Aceptad las bendiciones y los dones y dad gracias por ellos.

El escritor ¿lo cree? Bueno, sólo puedo decir que en la bolsita que llevo colgada al cuello hay un pequeño trozo de cedro que siempre me acompaña.

----Fin----

lunes, 16 de marzo de 2009

Frases y árboles (3)

QUE EL ÁRBOL ESCUCHA Y ENTIENDE ERA/ES? UNA CREENCIA COMÚN EN TODA EUROPA

Proverbio medieval
“Aures sunt memoris, oculi campestribus oris”
(Los oídos tienen memoria, los ojos son el rostro de los campos)


Proverbios italianos“Anche i boschi hanno orecchie”
(También los bosques tienen orejas)

“Le siepi no hanno occhi, ma hanno orechi”
(Los arbustos no tienen ojos, pero sí orejas)

“Il bosco no ga nè orecie nè cocí, ma el vedi e el senti”
(El bosque no tiene ni orejas ni ojos, pero ve y escucha)


Proverbio alemán“Das Feld hat Augen, des Wald hat Obren”
(El campo tiene ojos, el bosque tiene orejas)



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viernes, 13 de marzo de 2009

Al ciprés de Silos

LLUNA BLANCA
Anónimo, en Silos

Lluna blanca
vell xiprés
un gran claustre
molts estels.

Un doll d'aigua
una font
herba verda
tot el mon.

Molta calma
molta pau
el meu Déu
el cel blau.

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jueves, 12 de marzo de 2009

GERARDO DIEGO - El ciprés de Silos

GERARDO DIEGO (Santander, 1896-1987)
El ciprés de Silos


Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanando a si mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llego a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

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O CYPRÈS DE SILOS
Anónimo, en Silos


O cyprès de Silos, en ton austère ardeur,

Le silence du cloître enclot ta solitude
Palpitante d’oiseaux blottis dans ton secret.
Nul rameau ne voudrait briser l’unique jet,
Chacun s’impose, fier, la nette rectitude.

Lance prête à cribler d’astres la nuit du ciel
Irréprochable fût de mystère et de rêve
Immobile et vivante et jaillissante sève,
Elan jamais lassé du désir éternel.

O cyprès de Silos, maître altier de mon cœur.

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miércoles, 11 de marzo de 2009

CHARLES-AUGUSTIN SAINTE-BEUVE - J'étais un arbre...

CHARLES-AUGUSTIN SAINTE-BEUVE (1804-1869)


J'étais un arbre en fleur où chantait ma jeunesse,
Jeunesse, oiseau charmant, mais trop vite envolé,
Et même, avant de fuir du bel arbre effeuillé,
Il m'avait tant chanté qu'il se plaignait sans cesse.
.
Mas sa plainte était douce, et telle en sa tristesse
Qu'à défaut de témoins et de groupe assemblé,
Le buisson attentif avec l'écho troublé
Et le coeur du vieux chêne en pleuraient de tendresse.
.
Tout se tait, tout est mort! L'arbre, veuf de chansons,
Etend ses rameaux nus sous les mornes saisons;
Quelque craquement sourd s'entend par tervalle;
.
Debout, il se dévore, il se ride, il attend,
Jusqu'à l'heure où viendra la corneille fatale
Pour le suprême hiver chanter le dernier chant.

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martes, 10 de marzo de 2009

LAS CUCHARAS ROBADAS
Cuento de Grecia



Hace mucho tiempo, cuando el mundo era nuevo y todavía no estaba ter­minado, y los árboles caminaban y hablaban como el resto de las criatu­ras vivas, Zeus, el rey de los dioses, organizó una gran fiesta en el monte Olimpo. La música era celestial, la comida, divina, y hasta los cubiertos brillaban. Todo el que era alguien estaba en la fiesta y todo el mundo estaba impre­sionado.
Zeus se sentía muy complacido... hasta que, al día siguiente, al ir a guardar la vajilla, se dio cuenta de que faltaban sus cucharas de plata. Era evidente que alguno de los invitados al convite las había robado. Zeus, furioso, ordenó a Ganímedes, el mayordomo real, que bajase a la tierra e interrogase a los sospechosos. Para empezar, Ganímedes se dirigió al roble, que exclamó ultrajado:
—¡Yo soy el rey de los árboles! No tengo necesidad de robar. Además, tengo muchos cálices con forma de cuchara, hechos a la medida de cada bellota. ¿Para qué habría de querer más?
El abedul reaccionó con idéntica indignación:
—Estoy cubierto de plata desde el tronco hasta las ramas —repuso—. ¡No nece­sito unas estúpidas cucharas para embellecerme!
—¡Cómo osas preguntarme algo así! —contestó el olmo al instante. ¡Soy dema­siado recto para caer en esa clase de bajezas!
El pobre Ganímedes iba de árbol en árbol y no hacía más que disculparse. Estaba a punto de rendirse cuando se acercó al chopo. Éste había bajado las ramas situadas a su espalda y se inclinaba hacia el horizonte. Era la viva imagen de la inocencia.
—Supongo que no sabes nada de las cucharas de Zeus, ¿verdad chopo? —inquirió Ganímedes sin demasiada fe.
—¿Zeus? — repitió el chopo como si nunca antes hubiese oído ese nombre—. ¿Cucharas? ¿Qué cucaracha Adoptó un aire exageradamente inocente que resultaba sospechoso. Ganímedes se fijó más en él.
—¿Por qué están así tus ramas? —inquirió con desconfianza.
—¿Así, cómo?
—Así, dobladas hacia atrás, como si ocultaras algo —apuntó Ganímedes—. Levántalas para que pueda echar un vistazo.
El chopo se encogió de hombros y levantó un poco el extremo de sus ramas.
—¡Aquí tienes! —exclamó—. ¿Lo ves? No hay nada. Ahora, déjame en paz.
—Más alto —exigió Ganímedes—. ¡Elévalas más!
Al chopo no le quedó alternativa. Levantó sus ramas, las estiró durante un segundo y las volvió a bajar enseguida. Pero no lo hizo lo bastante rápido. Las cucharas cayeron formando un río de plata en medio de un estruendo de tintineos y repiqueteos.
—¡Oh! —exclamó el chopo, que palideció de golpe—. ¡No me explico cómo han llegado hasta aquí!
Pero nadie lo creyó.
Por eso, hasta la fecha, el anverso de las hojas de los chopos sigue conservando el color blanco propio del rostro de los ladrones en el momento de ser descubiertos y tienen, además, un resto del color plateado de las cucharas. El chopo fue castigado y, desde entonces, mantiene sus ramas elevadas?, y rectas para mostrar que no oculta nada.

---Fin---

viernes, 6 de marzo de 2009

JOSEP Mª LÓPEZ-PICÓ - Arbres de la ciutat

JOSEP MARIA LÓPEZ-PICÓ (1886-1959)
Arbres de la ciutat


Arbres de la ciutat, vostra presència
ennobleix els carrers i ens fa costat
per viure amb fe la nostra permanència
com si el viure el tinguéssim arrelat.

Carrer sense arbres, tens la inonsistència
dels palaus de la fira i l’envelat.
¡Arbres de la ciutat, vostra presència
és alliçonament de dignitat¡

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jueves, 5 de marzo de 2009

ILAM SHAMIR - Consejos de un árbol

ILAN SHAMIR 
Consejos de un árbol



Querido amigo,

Mantente alto y orgulloso
hunde tus raíces profundamente en la Tierra
refleja la luz de la gran fuente
piensa a largo plazo

despliega tus ramas
recuerda tu lugar entre todos los seres vivos
abraza con alegría los cambios de las estaciones
cada una tiene sus propios frutos
la energía y el nacimiento de la primavera
el crecimiento y la felicidad del verano

la sabiduría de dejar caer las hojas del otoño
el descanso y la tranquilidad del invierno.

Siente el viento y el sol
y deléitate con su presencia
mira la luna que brilla sobre ti
y el misterio de las estrellas en la noche
busca el alimento de las cosas buenas de la vida
los placeres sencillos
la tierra, el aire fresco, la luz.

Alégrate de tu belleza natural
bebe mucha agua
deja tus hojas sueltas y baila con la brisa

se flexible
recuerda tus raíces

¡Disfruta del panorama!




ADVICE FROM A TREE
Ilan Shamir

Dear Friend,

Stand Tall and Proud

Sink your roots deeply into the Earth
Reflect the light of a greater source
Think long term
Go out on a limb

Remember your place among all living beings
Embrace with joy the changing seasons
For each yields its own abundance
The Energy and Birth of Spring
The Growth and Contentment of Summer
The Wisdom to let go of leaves in the Fall

The Rest and Quiet Renewal of Winter.

Feel the wind and the sun

And delight in their presence
Look up at the moon that shines down upon you
And the mystery of the stars at night.
Seek nourishment from the good things in life
Simple pleasures
Earth, fresh air, light.

Be content with your natural beauty

Drink plenty of water
Let your limbs sway and dance in the breezes
Be flexible

Remember your roots

Enjoy the view!



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miércoles, 4 de marzo de 2009

GERARDO DIEGO - Balada del pino muerto

GERARDO DIEGO (1986-1987)
Balada del pino muerto
Obra: Soria sucedida. “Cancionerillo de Salduero” (1941-1943)



Mira el pino muerto,
caído de bruces. Ay, qué color lívido,
ay, madre, qué miedo.

Ni agujas ni piñas.
Por el saurio avanzan en escalofrío
rosarios de hormigas.

Vamos a pinares.
Si cierro los ojos, no sé si son cielos
no sé si son mares.

Mas del pino muerto
haced una hoguera. Estallen al aire
vértebras de fuego.

Prefiero la calva de horrenda ceniza
que volver a verlo.
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martes, 3 de marzo de 2009

Cuento de China - EL ÁRBOL DEL DINERO


EL ÁRBOL DEL DINEROCuento de China


La aldea estaba cerca de las montañas. Eran altísimas y llenas de barrancos y despeñaderos. Algunos decían que las habitaban extraños monstruos que devoraban a la gente. Los jóvenes her­manos Hwang no lo creían, pero nunca se acercaban a las cum­bres. Un día, mientras araban sus campos, un caminante les pidió agua.
—Pareces muy cansado —le dijo Hwang-Si, el hermano más pequeño—. Quédate en nuestra casa y recupera las fuerzas.
—No puedo —respondió el caminante—. Si no continúo mi camino, es posible que florezca el árbol del dinero y yo haya hecho en balde este viaje,
— ¿El árbol del dinero? —preguntó Hwang-Dung, el hermano mayor.
Entonces el caminante les contó que en aquellas montañas detrás de la aldea existía, en efecto, un árbol del dinero. Si se le movía una vez, dejaba caer monedas de bronce, si dos, de plata, y si tres, de oro. Florecía una vez cada diez mil años y sus poderes sólo duraban tres días,
— ¿Y cómo sabes tú que ahora está a punto de florecer? —preguntó Hwang-Si.
—Lo dicen las estrellas —respondió el caminante—. Ahora brillan con más fulgor.
Hwang-Dung le suplicó que le llevara consigo, pero el cami­nante le rechazó, diciendo:
—Eres demasiado joven y todavía no conoces el valor del dinero. No sabrías qué hacer con él.
Desde aquel día Hwang-Dung soñó con el árbol del dinero. Hablaba de él a todo el mundo y se pasaba las horas muertas mirando a las montañas.
— ¿Por qué no me ayudas? Los campos están en sazón y yo necesito tus manos. No puedo recoger la cosecha yo solo —le dijo un día su hermano.
— ¡Trabajar! ¡Sólo piensas en trabajar! —refunfuñó él—. ¿Para qué sudar en los campos, si uno puede hacerse rico con el árbol del dinero?
—Eso son sueños..., sueños de pobre —replicó Hwang-Si, y le alargó una hoz.
Sin embargo, una mañana el pico más alto comenzó a emitir unos reflejos extraños. Tan pronto parecían de cobre como de plata u oro.
— ¡Es el árbol del dinero, que ha florecido! —se dijeron los aldeanos y partieron hacia la cumbre.
Hwang-Dung quiso seguirlos, pero le retuvo su hermano, diciendo:
—Mientras no terminemos la cosecha no te moverás de casa. Me lo prometiste por nuestros antepasados. No puedes volverte atrás.
—Está bien —respondió Hwang-Dung malhumorado. Y trabajó tan duro que aquella misma noche estaba recogido todo el grano. Entonces partió hacia la montaña.
— Espérame —le dijo su hermano—. Iré contigo.
—Así que a ti también te gusta el dinero, ¿eh? —preguntó, satisfecho. Hwang-Dung—. Ya sabía yo que en el fondo tú eras como los demás.
Pero la verdad era que Hwang-Si no quería dejar solo a su hermano.
«Si muere en esas cumbres —se dijo— no podría soportarlo. Me moriría de pena.»
No había supuesto mal. El camino era muy peligroso. En los barrancos se veían cuerpos de aldeanos que no habían sabido es­calar las empinadas laderas. A veces se oían gritos horribles y no se veía ningún pájaro.
— ¡Vaya! Parece que tenían razón los que afirmaban que aquí había monstruos. ¡Y nosotros nunca quisimos creerlo! —decía, arrepentido, Hwang-Si.
—No hables tanto y sigue caminando —le regañó Hwang-Dung—. El árbol del dinero sólo está al alcance de los fuertes. Los monstruos son un obstáculo más.
Pero tuvieron suerte. Durante dos días anduvieron por laderas escarpadas y no se toparon con ninguna fiera. No obstante. Hwang-Si estaba inquieto.
—Vámonos a casa. Si en verdad existe ese árbol, habrá perdi­do ya sus poderes. Llevamos dos días en estas montañas y él sólo florece tres.
Hwang-Dung le miró enfadado.
— ¡Si no hubiéramos perdido tanto tiempo en los campos, nuestras posibilidades de dar con él hubieran sido mayores!
Estaban rendidos y decidieron pasar la noche debajo de un ár­bol de ramas tan débiles como el bambú.
Hwang-Du refunfuñó:
— ¿Estás loco? ¡Este árbol está raquítico! ¿Por qué no buscamos otro mejor?
Hwang-Si, calmado, respondió:
—Si hacemos eso seremos pasto de las fieras. Aquí no nos buscarán.
—Tienes razón— volvió a decir Hwang-Dung y se arrepintió de haber sido tan rudo con su hermano.
A la mañana siguiente estaban recogiendo todas sus cosas, cuando una moneda de oro le dio a uno en la nariz.
— ¿Qué es esto? Preguntó, malhumorado— ¿Todavía tienes ganas de gastarme bromas?
Pero Hwang-Si no sabía explicarse de dónde había salido aquella moneda. Entonces levantaron la vista y descubrieron que, sin saberlo, habían pasado toda la noche bajo el árbol del dinero.
— ¡Es asombroso! — dijo Hwang-Dung y comenzó a sacudir el árbol.
Las monedas de cobre eran tan abundantes que podría hacerse una campana con ellas.
—Es suficiente. No muevas más el árbol— le aconsejó Hwang-Si—. Con este dinero podremos vivir holgadamente todo lo que nos queda de vida.
—No seas tonto —replicó Hwang-Dung, entusiasmado—. Esto es sólo cobre— y sacudió el árbol dos veces con todas sus fuerzas.
Tal y como les había dicho el caminante, al punto comenzaron a caer monedas de plata. Eran grandes como guijarros y cada una debía de pesar diez kilos. Los dos hermanos estaban maravillados.
—Déjalo ya —volvió a decir Hwang-Si—. Con esta plata harás ricas a cinco aldeas como la nuestra. ¿Para qué quieres más dinero?
Pero Hwang-Dung se había dejado llevar por la avaricia, y respondió:
— ¿Quién puede conformarse con la plata, teniendo el oro al alcance de los dedos?
Entonces sacudió el árbol con tal fuerza que a punto estuvo de arrancarlo de cuajo. Inmediatamente comenzaron a caer cantidades enormes de oro. Esta vez no eran monedas, sino pesadas rocas.
Como Hwang-Dung estaba debajo del árbol, le sepultaron y murió allí mismo.
—Te lo advertí. ¿Por qué no me hiciste caso? —dijo Hwang-Si, llorando. Pero no pudo recuperar su cuerpo. Tuvo que echar a correr, porque las rocas de oro empezaron a rodar por la pendiente. Parecía como si le persiguieran. Cuando, a propósito, cambiaba de dirección, el oro le seguía como si fuera un perrillo.
— ¡Yo no quiero riquezas! —iba gritando Hwang-Si—. ¡Sólo quiero recuperar el cuerpo de mi hermano!
Así llegaron a la aldea. Las rocas de oro saltaron por encima de las casas y fueron a caer en el campo de Hwang-Si.
— ¡Qué suerte! —decían los aldeanos—. Hemos perdido a muchos de nuestra familia, pero este joven nos ha traído la riqueza a todos.
Cogieron picos y se dirigieron en seguida al campo sobre el que se había detenido el oro. Pero, al llegar, no encontraron ni una sola pepita.
— ¿Qué has hecho con todo el oro que había en este campo? —preguntaron a Hwang-Si—. Desde luego es tuyo, pero esperábamos que te apiadaras de nuestra pobreza y nos dieras un poco.
—Os lo regalo todo —dijo el muchacho, llorando—. Por su culpa perdió mi hermano la vida en las montañas y ahora no puedo recuperar su cuerpo.
— Dejémosle tranquilo —se dijeron los aldeanos—. Lo más seguro es que haya enterrado todo el oro en el campo.
Los más avariciosos tomaron, pues, los picos y empezaron a cavar. Entonces encontraron unos granos dorados que no habían visto nunca.
— Es el oro, que se ha transformado en pepitas pequeñas —dijeron algunos.
Pero los granos se transformaban en harina blanca al molerlos con dos piedras, y los llamaron maíz.
A partir de aquel día toda la aldea los cultivó con esmero. Como la tierra era fértil, obtuvieron tres cosechas al año y se las vendieron a los pueblos vecinos.
La aldea prosperó tanto que se convirtió en una gran ciudad. En ella no había pobres ni mendigos, porque todos habían descubierto el valor del trabajo.
— ¿Para qué soñar con oro, cuando el cuerpo humano tiene dos brazos, que son las ramas del árbol del dinero?
Y recordaban al joven Hwang-Dung, que había muerto, vícti­ma de su avaricia, en las montañas.


---Fin---