3/21/2024

¿Somos los humanos los causantes del cambio climático?

EL SECRETO DE LOS ÁRBOLES
Universidad de Zaragoza, 2013


     El audiovisual recoge los estudios del grupo de investigación “Clima, Agua, Cambio Global y Sistemas Naturales” de la Universidad de Zaragoza sobre la evolución del clima en Aragón a partir de diferentes especies de árboles situadas en el Parque Natural del Moncayo.
     El corto ha sido elaborado por Ernesto Tejedor Vargas, del grupo de investigación “Clima, Agua, Cambio Global y Sistemas Naturales”, Miguel Ángel Esteban, profesor titular de Ciencias de la Documentación y Nabil Halaihel Kassab, del Departamento de Patología Animal, dentro del IV Taller de Guión y Producción del Documental Científico, organizado por la UCC+i y financiado por FECYT.
     El crecimiento de los árboles está relacionado con la evolución de las temperaturas y las precipitaciones. Esto los convierte en auténticos testigos del devenir del clima de un lugar determinado. Su longevidad, que en algunos casos puede superar los 3.000 años, hace que puedan ser utilizados en el estudio de los climas pasados y ayudar a inferir posibles comportamientos futuros.
     Una de las técnicas que mejores resultados ofrece en la reconstrucción de los climas de época preinstrumental es la dendroclimatología, referida a las reconstrucciones climáticas que se obtienen a partir del crecimiento anual que experimentan las especies leñosas en latitudes templadas. Esta metodología proporciona información de carácter cuantitativo de la temperatura y precipitación de las últimas centurias (en grados centígrados y milímetros respectivamente).
2013/Productora: Universidad de Zaragoza
Cofinanciado por Fecyt (Mineco)
Leer más: https://ucc.unizar.es/taller-de-guion...
                                                     -----

3/19/2024

La vuelta del pistacho a la península

JAVIER JIMÉNEZ,  en Xataka, oct23
El cultivo del pistacho

Durante más de mil años España fue una potencia mundial en la producción de pistacho. Luego desapareció completamente.
Castilla-La Mancha y otras comunidades están volviendo a cultivar pistachos
Lejos de un exotismo, el árbol cuenta con una larga tradición olvidada en la península


En 1986, José Francisco Couceiro llegó al Centro de Investigación Agroambiental "El Chaparrillo" con un encargo sui géneris: buscar alternativas a los cultivos tradicionales de Castilla-La Mancha. En un año, se convenció de que la clave era el pistacho; en diez, consiguió dominar su cultivo; en 35, es una leyenda. Hoy, el pistacho de Couceiro ha conquistado España: "Las hectáreas se han multiplicado casi por 16 en la última década" y ahora "uno de cada 700 kilómetros cuadrados ya está cubierto por pistacheros".
      Pero lo que mucha gente no sabe es que no es la primera vez que el pistacho conquista el país. Indagar por qué desapareció completamente de los suelos peninsulares puede ser clave para el futuro de uno de los cultivos más prometedores del momento.
     Según cuenta la tradición (y las crónicas más antiguas), el pistacho fue incorporado a la gastronomía del Imperio Romanoe en época de Tiberio, cuando Lucio Vitelio (padre del futuro emperador Aulo Vitelio) empezó a extenderlo desde Siria. Poco después, el cultivo del pistachero se introdujo en Italia; especialmente en Sicilia y algunas partes del sur, donde, con el tiempo, se han desarrollado sus propias variedades: napolitana, bronte o trabunella.
      En aquella época imperial, los árboles del pistacho se empezaron a plantar también en España. Y el cultivo prosperó, podemos leer sobre ello en los textos de San Isidoro de Sevilla. En ellos, sin ir más, se puede encontrar una discusión sobre una falsa etimología del término latino "pistacium", relacionada con el olor de su corteza. Algo que invita a pensar que tenía a mano esas cortezas. Sin embargo, no parece ser hasta el 711 cuando la industria española del pistacho se convirtió realmente en algo importante.
     Esa importancia es la que explica, por ejemplo, que las lenguas peninsulares tengan palabras propias para hablar de los pistachos. Tanto el "festuc" catalán como el término "alfóncigo" que se usaba en castellano antiguo (y que aún persiste en el diccionario) provienen de la palabra árabe para denominar a los pistachos. No es de extrañar, por eso mismo, que los últimos reductos pistacheros de los que tenemos consciencia fueran los recetarios nazaríes y las huertas del Generalife, en las lomas de la Sabika, el cerro donde se alza la Alhambra.


Auge y ocaso del pistacho

     Luego, sencillamente, desapareció. Desapareció literalmente. A lo largo de la edad moderna y contemporánea, los restos que pudieran quedar del pistacho español fueron triturados y desechados sin más. Lo que ha tenido intrigados a los especialistas durante décadas es el porqué. ¿Cómo pasamos de ser una potencia mundial del pistacho a considerarlo una especie exótica, ajena y desconocida?
     Lo cierto es que hay muchas teorías. Desde una supuesta prohibición de la Iglesia Católica (que los habría rechazado por su parecido con el sexo femenino) hasta su pérdida de importancia paulatina frente a otros cultivos de secano con un rendimiento mayor (como los olivos o almendros). Lo primero es difícil de aceptar: no solo no hay ninguna prohibición escrita, sino que en otras partes del mundo católico, como Italia, el pistacho siguió siendo cultivado sin problema.
     La segunda, en cambio, sí podría ser más razonable. Sin embargo, si examinamos los cultivos que han llegado a las postrimerías del siglo XX, parece raro esta súbita desaparición de un cultivo tan favorable. La opción más razonable, parece otra.
     Como explicaba hace unos años María Isabel Morales Cebrían, responsable técnica de las huertas del Generalife, lo más probable es que, tras la reconquista y la expulsión de los moriscos (con la debacle demográfica, industrial y agraria que supuso), los cristianos del norte que repoblaron los terrenos de secano del sur "no tuvieran en cuenta que al ser dioica [el árbol del pistacho] necesita una planta hembra, la que da los frutos, y otra macho para reproducirse".
      Es decir, no se dieron cuenta de que "no podían eliminar las plantas que no daban frutos" y "al hacerlo dejaron a las hembras sin posibilidad de reproducirse provocando que la especie desapareciera por completo". No es una explicación que me convenza del todo, he de decirlo: al fin y al cabo, tanto las moreras como las palmeras datileras son dioicas y su cultivo superó (con muchas dificultades, pero superó) la expulsión de los moriscos.
      Probablemente, la causa real fuera una mezcla de todo esto: la falta de conocimiento de los repobladores, los prejuicios religiosos hacia un producto que consumían preferentemente los moriscos, la mejora de la productividad de otros tipos de cultivo... Sea como sea, la vuelta de los pistacheros al campo español demuestra que, a menudo, hay que salir fuera para encontrar cosas que, durante más de mil años, formaron parte del ADN de esta Tierra.

Lo hemos leído aquí

-----

3/17/2024

CHRISTOPHE DRENOU
“Los árboles en la ciudad"- Ciclo El Salón del Prado

Nueva charla en el ciclo de conferencias y cursos formativos ‘Salón del Prado’. La actividad que organiza el Real Jardín Botánico (RJB) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a través de su Unidad de Jardinería y Arbolado, ofrece la conferencia “Los árboles en la ciudad” ofrecida por el botánico, profesor e investigador francés Christophe Drenou, el 14 de marzo de 2024. 

Christophe Drenou. Botánico especializado en el árbol, diplomado en el Instituto Nacional de Horticultura y Paisaje (INH, Angers) y doctor en Ciencias por la Universidad de Montpellier (Laboratorio de Francis Hallé). Ingeniero de investigación y desarrollo en el Instituto para el Desarrollo Forestal de Toulouse (IDF), lleva a cabo numerosos trabajos de investigación referentes a la relación entre fisiología y desarrollo vegetal en especies arbóreas. Es autor de varios libros, siendo su última publicación “Arbres, un botaniste au musée” (Fage, 2018). 

Información práctica

Actividad: Ciclo ‘Salón del Prado’.
Conferencia “Los árboles en la ciudad” de Christophe Drenou
Lugar: Real Jardín Botánico. Salón de Actos. Acceso por calle Claudio Moyano, 1
Fecha: jueves 14 de marzo de 2024. Horario: 18 horas.
Duración aproximada de la actividad: 60 minutos
Precio: Actividad gratuita. Entrada libre hasta completar aforo
Dirigida a: público adulto

En Getafe ya se plantó un bosque con el Método Miyawaki en marzo 2022
                                                                           ------

3/14/2024

Baobabs en Madagascar (2)

Visita a los Adansonia suarezensis de Cap Diego-Antsiranana, Madagascar

Baobabs en la Montaña de los Franceses,  cerca de Antsiranana

Estaba en Antsiranana-Diego Suárez, en el norte de Madagascar y quería visitar, ver... casi tocar, los baobabs de la zona de Cap Diego. La información que tenía era casi nula y las diferentes lenguas tampoco facilitaban las cosas. Si a eso añadimos el tiempo que tiene el turista para conocer un país... casi entra uno en desánimo. 

Había estado visitando la Montaña de los Franceses y la península de Oronjia. La guía que me acompañó era verdaderamente conocedora del entorno. Ella misma me presentó a un compañero-guía que decía conocer bien la zona de Cap Diego donde prosperaban abundantes Adansonia suarezensis. Mirando los mapas por tierra era imposible llegar por la distancia y que todo son caminos. Por mar no dependes de ti mismo, has de ir acompañado de otras personas. Todo se ve con más claridad una vez que has tenido la experiencia. Pues bien, si alguien que me lea quiere ver la zona con sus innumerables baobabs que siga mi consejo. Contrata un guía porque facilita la comunicación y después eliges una de las opciones.

1.- En transporte público: Te levantas temprano, vas puerto antes de las siete y  esperas al bote que atraviesa la bahía. Irás con un montón de gente pero no hay problema. Una vez en el otro lado, tomas rumbo suroeste siguiendo la costa e irás viendo los espléndidos baobabs. Lleva agua y víveres. Por la tarde algún bote saldrá del poblado y podrás regresar a Diego Suárez. Distancia a pie: 3km + 3km

 2.- Transporte privado: Ir al puerto el día anterior y contratas un bote para que te dejen en la zona del gran baobab. Quedas a una hora determinada en el poblado y que vayan a recogerte. Esta es la opción que yo tomaría (ahora). Distancia a pie: 3km

 3.- Pagas a un guía: El se encargará de alquilar un bote y te pasas unas horas recorriendo la costa viendo los baobabs, alguna escala se puede hacer pero, para mi, es incómodo llevar a tres personas dependiendo de ti. Esta ruta es la que yo hice por desconocimiento, no me gustó y prefiero la libertad que ofrecen las opciones 1ª y 2ª.

Este tipo de baobab está en peligro de extinción. Solamente crece al norte, en los alrededores de Antsiranana (Diego Suárez), de Madagascar. En este enlace podéis localizarlo, aunque la precisión del mapa no es buena. Hay seis localizaciones conocidas de esta especie. La catalogación más reciente se realizó en 2007 en Andavakoera, en la provincia de Antsiranana (Catálogo Madagascar 2016), comprobándose la disminución de ejemplares maduros y en extensión de su distribución. Las causas de su retroceso son variadas: Construcciones nuevas en esos hábitats, invasión de especies foráneas, el fuego, la ganadería, etc.

He aquí alguna de las maravillas que se pueden ver

Información de los Adansonia suarezensis

Distribución y hábitat
Crece en el oeste y al sur de Madagascar, en terrenos arenosos o arcillosos. Es el más pequeño de los baobabs de Madagascar, alcanza de 4 a 5 m de altura, aunque pueden encontrarse ejemplares de hasta 20 metros de altura. Son gruesos y se estrechan antes de las ramas, dándoles una forma de botella muy especial. La corteza es marrón rojiza. Las hojas son serradas. Es una importante fuente de alimentación para los lémures.

Taxonomía
Adansonia suarezensis fue descrita por Joseph Marie Henry Alfred Perrier de la Bâthie y publicado en Notulae Systematicae. Herbier du Museum de Paris 14: 302–303. 1952.​

Etimología
Adansonia: nombre científico que honra al sabio francés de origen escocés que describió por primera vez a éste árbol, Michel Adanson (1737-1806), y deriva directamente de su apellido.
suarezensis: epíteto geográfico que alude a su localización en Diego Suárez.
-----