12/23/2023

FENIX CANARIAS, en Facebook
Las aves y los lagartos son los principales dispersores de semillas en Canarias


¿Qué sucedería si una especie dispersora fuese sustituida por otra de menor tamaño?
En el caso de los Dragos ya está sucediendo. La reducción de las poblaciones (o desaparición) de sus principales dispersores, como las palomas rabiche, es una de las razones para explicar
por qué no hay una mayor regeneración natural.
     Estas especies ingieren todo el fruto y favorecen la germinación de la semilla tras su digestión y excreción.
Aves como los herrerillos o las currucas capirotadas suelen picotear los frutos en busca de pulpa en lugar de tragarlos enteros, por lo que las semillas, aunque caen al suelo, no pasan por el proceso de digestión necesario para su germinación.
     Otro caso más conocido es el de la desaparición del cuervo en las Cañadas del Teide. Clave para entender la disminución del cedro canario en el Parque Nacional. La acción dispersora del cuervo ha sido mantenida por otras especies de menor tamaño (y menor éxito de dispersión y germinación) como el mirlo capiblanco (en invierno) y los lagartos tizones (en verano).

Turdus torquatus torquatus

     El caso de los lagartos en Canarias es aún más evidente. Con dos especies completamente extintas, tres en peligro crítico y una disminuyendo rápidamente… ¿Quién está ocupando el lugar de estos animales? Estudios en la dispersión de frutos de leña buena u orijama muestran que el rol de los lagartos gigantes ahora lo ocupan lagartos pequeños.
     Estos lagartos más pequeños no son capaces de dispersar algunos de los frutos más grandes de la planta, reduciendo su variabilidad y transportan una menor cantidad de semillas.
     El estudio, la recuperación y conservación de estas poblaciones es clave para mantener los servicios que realizan en los ecosistemas. Su desaparición podría producir un posible efecto en cascada sobre las poblaciones de plantas.
     ¿Te habías planteado alguna vez cómo la extinción de un animal puede provocar la desaparición de otras especies que dependen de ellos?

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12/20/2023

NORBERTO CHIJIEB, DiariodeAvisos, ene22
La resurrección del drago
 de Nazaret, el drago de Güímar brota en el Buen Retiro, Tenerife
 
El centenario ejemplar, que fue desahuciado en verano tras caerse en el colegio de monjas, se mantiene vivo junto a un "hermano" en la casona del siglo XVIII; el botánico que salvó el árbol del Hermano Pedro ha llevado su conservación

“No podemos lanzar las campanas al aire, porque igual todavía no ha pegado bien, pero brotes verdes sí se le ven”, señala Mario Díaz, propietario del espectacular Buen Retiro, una casona en Chacaica, Güímar, que fuera residencia de la familia destacada familia güimarera Delgado-Trinidad, marqueses de La Florida y hotel en el siglo XVIII, refiriéndose el centenario drago (más de 130 años de vida) que trasplantó en agosto en sus terrenos tras haberse desplomado en el patio del colegio Nazaret (hoy Santo Domingo), apenas a cien metros de distancia. Aunque él remarca que no es católico, no le moleste que se hable de una resurrección, de una resurrección botánica.
Los brotes verdes ya son evidentes en el drago desahuciado en agosto / NORCHI

     Hay que recordar que técnicos del Cabildo de Tenerife dieron por imposible la recuperación del drago el pasado 19 agosto de 2022, un mes después del colapso que sufrió en el patio del colegio. Explicaron que no podía ya ser salvado debido a problemas biológicos y a los desperfectos de la caída en el mes de julio, según declaró la consejera insular de Gestión del Medio Natural y Seguridad, Isabel García. Estaba, pues, desahuciado. Su destino era secarse, que es la muerte de los vegetales.
     El informe recabado por el Cabildo señalaba que “no es lo mismo trasplantar un drago con su cepellón de raíces en buen estado fisiológico, que replantar un drago caído con serias patologías y en un lamentable estado de conservación”. “Incluso el posible enraizamiento de sus brazos es también muy limitado, dado que el ramaje carece de raíces aéreas, añadían los expertos en ese dictamen.
El 20 de julio se desplomó el centenario ejemplar en el patio del colegio Nazaret / DA
      Sin embargo, una semana después, a finales del mes de agosto, Mario Díaz recibió la donación del ejemplar por parte de las monjas y lo ubicó, gracias a una enorme grúa, cerca del jardín principal del que fuera hotel Buen Retiro, hoy convertido en un museo de la música. Precisamente con música de violín recibió Mario al drago de Nazaret, convencido de que la música le haría crecer. Y si no ha crecido, por lo menos no ha muerto.
     “Yo no quiero meterme en polémicas con los técnicos del Cabildo, solo intenté hacer un esfuerzo por salvar al drago y por lo pronto ha valido la pena el esfuerzo, aunque todavía es pronto, porque aunque se ve que ha comenzado a brotar, igual todavía no está bien enraizado”, comenta precavido Mario Díaz, quien relata que “al principio lo regaba, pero me acordé que un botánico me aconsejó que no lo hiciera, que el drago no lleva agua”.
     Además el copropietario del Buen Retiro, junto a su hermana Elsa, -su familia lo adquirió hace tres décadas a los sobrinos herederos de la marquesa de La Florida- se ha preocupado de recibir consejos de destacados botánicos, de manera desinteresada, como Miguel Torres, que hace apenas dos años salvó de su desaparición al conocido árbol (esquisúchil) que el Hermano Pedro plantó en 1.657 en su estancia en Guatemala, además de contratar a la empresa Biogarden para el mantenimiento de este Dracaena draco cuya semilla es la misma que ejemplares como que el Mario Díaz ya tenía en su casona: “Son coetáneos, se diría que hermanos”, resalta, recordando que el suyo lo plantó la marquesa de La Florida antes de morir, sin descendencia, en 1927.
      El tratamiento que desde septiembre hasta aquí ha llevado el drago de Nazaret no ha sido otro que las hormonas naturales y químicas que se le han implantado, primero un choque químico y después el natural, “teniendo mucho cuidado con los riegos, que tienen que ser contados, como ya me advirtieron con el hermano que tengo al lado”, cuando “me aconsejaron que quitara el césped de su alrededor para que no le llegara tanta agua, porque tienden a pudrirse”, explica Díaz.

Lo hemos leído aquí

   

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12/17/2023

Takahashi en Aomori, el cronista de Japón (061)

TAKAHASHI HIROSHI
El Gran Ichō de Ichōnokikubo (prefectura de Aomori). Los Ginkgos

Cuando el otoño se acerca a su fin, los ichō (Ginkgo biloba) tiñen de un intenso amarillo los recintos de los santuarios sintoístas, los parques y otros espacios. Para los japoneses, es una especie arbórea muy cercana, pero taxonómicamente hablando es una rareza, sin compañeros de género ni de familia, además de un “fósil viviente” que sobrevivió a las glaciaciones.
     El ichō (Ginkgo biloba) es una de las especies arbóreas que más familiares resultan a los japoneses. Predilecto a la hora de arborizar parques y bulevares, tiene también una gran presencia entre los gigantes con tratamiento de árboles sagrados en los santuarios sintoístas. El ichō está, pues, perfectamente integrado en el paisaje en el que se desarrolla el día a día de los japoneses.
     Se cree que el ichō alcanzó una respetable extensión geográfica por todo el mundo entre la era Mesozoica y el periodo Neógeno de la era Cenozoica, pero que hace aproximadamente un millón de años entró en un lento declive, hasta acercarse peligrosamente a su extinción. Su área original se sitúa en China y aunque no existe unanimidad sobre cuándo fue introducido en Japón, su llegada debió de ocurrir en algún momento entre el inicio del periodo Heian (794-1185) y el fin del periodo Muromachi (1336-1573). Lo más probable es que la especie lleve en Japón entre 600 y 700 años.
     El ichō, tal vez un superviviente de las glaciaciones, es un árbol solitario, pues no existen otras especies del mismo género ni otros géneros de la misma familia. Se habla de él como de un fósil viviente. En Japón es tan común que no nos damos cuenta de que en realidad es una especie preciosa, incluida entre las que corren peligro de extinción en el conjunto del mundo. Ciertamente, hasta hace unos 200 años el ichō crecía solo en el Nordeste de Asia, pero actualmente se cultiva en muchos países, por lo que se cree que tarde o temprano abandonará la lista de las especies amenazadas.



Especie: Ichō (Ginkgo biloba, familia Ginkgoaceae, género Ginkgo)
Dirección: Aza-Ichōnoki, Dōbutsu, Hashikami-chō, Sannohe-gun, Aomori-ken 039-1201.
Perímetro del tronco: 13,28 m.
Altura: 27 m (medición del autor).
Edad: 1.000 años.
Designado Monumento Natural del Municipio de Hashikami.
Tamaño ★★★★       Vigor ★★★★      Porte ★★★★★     Calidad del ramaje ★★★★★       Majestuosidad ★★★★

     Durante mucho tiempo este ichō permaneció oculto a los ojos del mundo y ni siquiera aparecía en las conversaciones entre los aficionados a los árboles gigantes. Los datos publicados por el Ministerio de Medio Ambiente decían que el perímetro de su tronco era de 10 metros, pero cuando, en 2001, hice una medición in situ, descubrí que la realidad superaba ampliamente las cifras documentadas, pues el grosor de su tronco resultó ser de 13,28 m, lo cual lo situaba entre los 10 de mayor tamaño del país, según los datos manejados entonces por ese mismo ministerio. No tendré que decir que me apresuré a registrar los nuevos datos y esto dio lugar a que, poco a poco, este ejemplar fuera dándose a conocer.
     Lo que extraña es que, habiendo alcanzado estas dimensiones, este árbol no hubiera recibido un nombre hasta hace poco menos de un decenio. Los lugareños se referían a él como “el ichō”. Por lo visto, para ellos no pasaba de ser un gran ejemplar de dicha especie. Su momento le llegó hace ahora unos ocho años, cuando hubo que fijar un nombre oficial para el árbol, que iba a ser designado Monumento Natural Municipal. El municipio se puso en contacto con el Nippara Shinrinkan (Nippara Forest Hall), donde se guardan los datos sobre árboles gigantes del citado ministerio, y entre el encargado del municipio y yo decidimos denominarlo Gran Ichō de Ichōnokikubo. Como se desprende de la existencia de un topónimo como ese (Ichōnokikubo significa “hondonada del ichō”), este árbol ha sido desde antiguo algo así como un símbolo para la comarca. Se dice que, debido a sus abundantes raíces aéreas, que cuelgan del tronco y de las ramas adoptando formas similares a ubres, eran especialmente las madres que daban el pecho a sus bebés quienes se acercaban a él con más devoción.
     Por su porte, este ejemplar no le iba a la zaga a ningún otro ichō del país, pero los fuertes vientos que soplaron en 2011 le abatieron una gran rama, que destacaba por su abundancia de raíces aéreas. Es una verdadera pena que el árbol perdiera aquella gran rama que tanto carácter le imprimía, porque con ella perdió también su original silueta.
     Pero de la gran rama abatida han nacido brotes y si alguno de ellos sale adelante podría crecer y desarrollarse acoplándose con el tronco principal. De esa forma, quién sabe si llegará un día, dentro quizás de algunos cientos de años, en que este ejemplar sea coronado como el mayor ichō de todo el país.


Nº 061

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12/14/2023

La almáciga (y 3), un relato de National Geographic, 2018

LA ALMÁCIGA, EL TESORO DE QUÍOS
Valiosas tradiciones en esta isla griega

María y su nieta del mismo nombre están sentadas en una mesa baja en los escalones de la iglesia de Pyrgi. Delante de ellas hay un montoncito de hojas que van separando y de las que sacan pequeños pedazos de color amarillo pálido: almáciga. Al sol caliente de la isla griega de Quíos, estos pedacitos de resina extraída de una variedad de lentisco son bastante pegajosos.
     Desde su infancia, María pasa el otoño, el invierno y a veces también la primavera, según el volumen de la cosecha, trabajando con la almáciga. "En el pasado, las niñas no iban a la escuela en invierno porque tenían que ocuparse de la almáciga", dice Katharina, quien también se dedica al negocio de esta resina, también conocida como mástique.
     Desde hace mucho tiempo, las ancianas ordenan la cosecha que se recoge con la escoba bajo los arbustos, sacan las bolitas de resina y las trabajan con un cuchillo y con las uñas, asegurando así un ingreso para sus familias.
     Y es que la almáciga es un producto caro. "Esta variedad de resina solo crece en Quíos", dice Ilias Smyrnioudis, director de investigación de la cooperativa de cultivadores de la almáciga en esta isla del mar Egeo oriental. Para ser más exacto: los arbustos, que muchas veces alcanzan la altura de árboles, solo segregan en el sur de la isla su resina, que con el calor se va solidificando para formar trozos blancuzcos.
     La almáciga ya se conoce desde hace decenas de miles de años: en el antiguo Egipto se usaba en el proceso de momificación de los muertos y en muchos lugares también se aprovechaban sus propiedades medicinales para curar el dolor de tripas. "Tiene efectos antibacterianos, antivirales y elimina varios hongos", explica Smyrnioudis, quien tiene un

doctorado en virología.
     Sin embargo, la resina tiene que andar un largo camino antes de que pueda ser vendida por la cooperativa. Los arbustos tienen que tener al menos cinco años para que los campesinos puedan recolectar la resina por primera vez, explica Vasilis Ballas. Este diseñador gráfico abandonó su carrera profesional en Atenas para convertirse en la isla de sus abuelos en recolector de almáciga.
     La cosecha tiene tres momentos: julio, agosto y septiembre. "En julio sacamos el arbusto del sueño profundo", dice Vasilis. Para preparar este proceso hay que esparcir una gran cantidad de creta* alrededor del tronco. "Después, hay que hacer las primeras incisiones en la corteza con un aparato especial". El árbol cura sus heridas segregando la resina, que baja por el tronco hasta que llega al polvo blanco de la creta en el suelo.
     Cuando muchas gotas caen unas junto a otras, se forman trocitos que son más fáciles de recoger y que solo hay que limpiar. Con una escoba, las gotitas se recogen junto con las hojas. "En una gran criba se filtra la mayor parte de la suciedad para que solo queden en ella la almáciga y las pequeñas hojas".
     En la destilería Stoupakis, en la población de Dafnonas, se hace un licor condimentado con almáciga llamado mastika y también al ouzou se agregan extractos de esta resina. "Esta es nuestra receta muy propia, que desde hace más de 100 años es un secreto familiar", dice Manolis Haviaras.
     En la ciudad de Quíos, Nikos Konstandoulakis experimenta una y otra vez con polvo y aceite de almáciga. Este cocinero gestiona una pequeña fábrica donde elabora, entre otras cosas, pasta con almáciga y cítricos, que tienen una larga tradición sobre todo en la pequeña localidad de Kampos. "Los plátanos, los higos y las peras son muy adecuados para ser aromatizados con almáciga", asegura el chef.

*La creta o caliza de Creta es una roca sedimentaria de origen orgánico, blanca, porosa y blanda, una forma de caliza que se usa para la tiza. Su formación es debida a la acumulación de ingentes cantidades de restos de cocolitofóridos, algas microscópicas cubiertas por minúsculas placas de calcita (cocolitos).

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