7/15/2020

Riqueza genética de los pinos de Arguineguín

ANÍBAL RAMÍREZ en "La Provincia"
Arguineguín, GC, atesora los pinos canarios con mayor riqueza genética

     El pino canario es una especie forestal endémica de las Islas de reconocido valor a nivel mundial por su adaptabilidad al medio y su resistencia al fuego.
     Un reciente estudio desvela que una pequeña población de centenarios Pinus canariensis -unos 120 ejemplares- que se localizan en sendas márgenes del barranco de Arguineguín, Gran Canaria, a una de las cotas más bajas -entre los 200 y 500 metros de altitud- y en un ambiente casi desértico -menos de 200 milímetros de precipitación anual- es la que presenta la mayor variabilidad genética con diferencia de este árbol en toda Canarias.
     Esta mayor diversidad en el ADN le confiere a esta escasa colonia del suroeste grancanario una relevancia trascendental como material forestal ante el inminente cambio climático que en latitudes similares a las del Archipiélago canario prevé un ascenso de las temperaturas de 3 a 5 grados durante el próximo siglo y una disminución de las precipitaciones. Ante esta crucial importancia el Cabildo de Gran Canaria ha creado un banco de conservación en Osorio con semillas de los singulares ejemplares del barranco de Arguineguín de las que se han obtenido ya 185 plantas.
     El estudio señala además la vulnerabilidad de este pinar diseminado en las laderas del principal barranco del suroeste insular y advierte de que "el escaso número de efectivos poblacionales actuales podría suponer si no su desaparición, sí la pérdida del recurso genético por endogamia y deriva genética".
De hecho, el informe ha constatado que se produce una pérdida de diversidad genética del 25 por ciento en el transcurso de una generación. 
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7/12/2020

Jomon sugi

JOMON SUGI, Yakushima, Japón

      Estaba preparando esta entrada cuando la página www.nippon.com cayó en mis manos. Contenía diversos artículos, entre ellos, algunos dedicados a los árboles más emblemáticos de Japón. Inicié con el gran sugi las entradas de Japón y quise dar mi impresión ante el gran sugi de Yakushima (no le llamaremos cedro -como se ha extendido- porque no lo es). 


      Jōmon Sugi se encuentra en la cara norte de Miyanoura-dake, el pico más alto de Yakushima, a una altura de 1.334 m. El escubrimiento del árbol en 1968 provocó movimientos para proteger los bosques de Yakushima y dio origen a la industria turística de la isla, que hoy representa más de la mitad de la economía de la isla. El nombre de Jōmon deriva del periodo prehistórico de la historia japonesa -del 12000 aJC al siglo III a.JC-.
      Desde Kagoshima, al sur, es fácil acceder por barco a la isla. Mi propósito era el de visitar alguno de los grandes sugis... el Emperador, el Viejo, el Jomon Sugi...  pero mi guía de bolsillo no contenía demasiadas claves de cómo realizar la ruta. Por ventura me alojé en un hotel cuya amable dueña me dio buenos consejos. "Si dispones de tiempo, me dijo, tómatelo con calma, la ruta es de cinco horas de ida y otras tantas de vuelta, el paisaje merece su tiempo y sobre todo disfruta porque será, probablemente, la única vez que visites este lugar".
      La ruta de senderismo Kusugawa es muy popular, hay un servicio de autobuses que, desde Miyanoura, te lleva al inicio de la ruta, a Arakawa. Su gran aparcamiento estaba repleto de autobuses, ¡y yo que pensaba estar solo!. Por fortuna todos los caminantes estaban ya en la ruta y pude hacer el camino en solitario. Contaba con una baza a mi favor, no pensaba volver al punto de partida, iba a realizar una ruta circular de dos días con el propósito de poder tomarme tiempo y no estar pendiente de horarios ni de gentes.
      Gran parte del trayecto se realiza por una senda que todavía conserva vestigios del pequeño tren que transportaba la madera extraída del centro de la isla. En la ruta se ven grandes tocones de sugis y algunos cedros curiosos. El final de la ruta es la subida a una plataforma para observar el gran sugi. No sé si sería el esfuerzo físico para llegar al pie del árbol, pero cuando accedí a la plataforma, algo recorrió mi espina dorsal que me dijo "has hecho cumbre". La visión es muy satisfactoria y desearías acercarte un poco más, pero entiendes que su vida es tan importante como la tuya y merece un respeto. Al gran sugi no puedes acercarte, está protegido. Después de la designación de Yakushima como Patrimonio de la Humanidad en 1993, los funcionarios locales restringieron el acceso al árbol y construyeron una plataforma de observación a 15 m del árbol.
      Curioseando por los alrededores busqué dónde pasar la noche a cubierto. No fue difícil, había estructuras que podían protegerme de la lluvia y la presencia de algunos jovénes mochileros en el lugar me dio confianza. Así que saqué las rigurosas fotos de recuerdo, di unos paseos, un poco de lectura, apuntes, bocetos, la frugal cena y a dormir entre los grandes sugis.
      Al día siguiente sin madrugar nueva visita al gran sugi y a continuar la vuelta. No era el único que realizaba la ruta. Las fuentes de agua no faltaban pero unos carteles en japonés tampoco explicitaban la calidad del agua. No quería tomar agua clorada así que esperé la llegada de algún caminante. Por fortuna llegó el caminante que conocería con el nombre de Nioko, un personaje que conocía las grandes montañas del mundo pero que los años habían obligado a recorrer rutas más sencillas. Con él anduve el resto de la ruta. Él me guió a un "onsen" (lugar de aguas termales). Cuando visitéis Japón no dejéis de visitarlos, es un placer para el cuerpo y el alma.
      Una petición a las autoridades japonesas... -jejejeje- "pongan algún cartel en alguna lengua europea"

Taxonomía del Sugi
Reino:Plantae     
División:Pinophyta
Clase:Pinopsida
Orden:Pinales
Familia:Cupressaceae
Género:Cryptomeria
Especie:Cryptomeria japonica

     El árbol tiene una altura de 25,3 m y una circunferencia del tronco de 16,4 m. Tiene un volumen de aproximadamente 300 m3, por lo que es la conífera más grande de Japón, aunque no el árbol más grande. La datación de los anillos de los árboles realizada por científicos japoneses en las ramas del árbol indicaba que Jōmon Sugi tenía al menos 2.000 años. En Remarkable Trees of the World (2002), el arborista Thomas Pakenham describe a Jōmon Sugi como "un titán sombrío, que se levanta del suelo esponjoso más como una roca que madera, con sus enormes y musculosos brazos extendidos sobre la maraña de cedros jóvenes y árboles de alcanfor". En abril de 2009, Jōmon Sugi se asoció con Tāne Mahuta en el bosque de Waipoua en Nueva Zelanda.


  Jōmon Sugi: Número 031
 
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7/10/2020

Takahashi en Yakushima, el cronista del Japón (031)

 TAKAHASHI HIROSHI (Japón, 1960)
Jōmon Sugi (isla de Yakushima, prefectura de Kagoshima)

Especie: Sugi (Cryptomeria japonica, familia de las cuprasáceas, subfamilia Taxodiaceae, género Cryptomeria)
Dirección: Miyanoura, Yakushima-chō, Kumage-gun, Kagoshima-ken 891-4205
Perímetro del tronco: 16,1 m.    Altura: 30 m.    Edad: Más de 2.000 años
Designado Monumento Natural Nacional (como parte del bosque primario de cedros de Yakushima)
Tamaño:★★★★★   Vigor: ★★★  Porte: ★★★   Calidad del ramaje: ★★   Majestuosidad: ★★★★★

      Este ejemplar de cedro japonés ya no necesita presentación. Ascendió a la fama con ocasión de la inscripción de Yakushima en el registro del Patrimonio Natural Mundial de la UNESCO (1993) y hoy en día es el árbol gigante de Japón por antonomasia.
      “El mayor de Japón” es un título que se atribuye a muchos cedros del país, pero suele tratarse de conjuntos de varios ejemplares cuyos troncos y ramas han ido fundiéndose con el tiempo, o bien de ejemplares muy ramificados desde la base, lo cual infla las mediciones. Si contamos solo los cedros japoneses sustentados por un tronco simple, es indudable que el Jōmon Sugi es el mejor candidato a tal título, pues aventaja notablemente a los demás.
      La idea que se suele tenerse sobre los cedros japoneses es que son árboles esbeltos, de tronco muy recto y buena altura. El Jōmon Sugi desdice un tanto esa imagen. Con su aspecto chaparro y enmarañado ramaje, reúne todas las características de los cedros de Yakushima, una región visitada asiduamente por los tifones. Su corteza rugosa y nudosa lo hace poco apto como material de construcción y ha sido precisamente esto lo que lo ha salvado de la tala.
      Cuando fue descubierto se dijo que tenía una edad de 7.200 años, pero pruebas posteriores mediante la técnica de la datación por radiocarbono dieron por resultado la cifra de 2.170 años. La parte central de su tronco está ahora hueca y esto impide una comprobación más exacta de su edad, pero en todo caso se considera probado que supera los dos milenios.
      Rendí mi primera visita al Jōmon Sugi hace ahora 26 años. En aquel entonces era posible observarlo con detenimiento, pues eran muy pocos los que se acercaban al lugar. También era posible acercarse hasta su base y tocar su corteza. Pero para entonces se había empezado a talar el bosque primario a fin de facilitar su contemplación y había empezado a manifestarse ya el problema de la pérdida de tierra en torno a sus raíces. La gente pisaba estas directamente y, con el tiempo, comenzó a temerse que su vigor pudiera resultar afectado. El primer intento por preservar el árbol consistió en hacer que cada visitante portase un puñado de “arena de la vida” para echarlo junto al árbol, pero finalmente, en 1996, se instaló una plataforma para contemplar el árbol a una distancia de 10 metros y se restringió el acceso al área circundante.
      Dado que al lugar donde se alza el Jōmon Sugi se accede solamente a pie y la excursión requiere unas 10 horas en total, la sensación de logro al llegar potencia la impresión que se recibe al tenerlo por primera vez ante los ojos. Y la majestuosidad de ese gigante que se ha mantenido vivo hasta nuestros días en la sublime soledad del bosque primario se transmitirá con especial fuerza.


Número 031


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7/08/2020

Lenguaje de las plantas

ESPORES, el aula del Botanic de Valencia
El curioso lenguaje de las plantas


      La comunicación entre plantas es una gran desconocida para la mayoría de las personas. Sin embargo, les plantas se comunican de diversas formas, en este artículo veremos los métodos que utilizan las plantas para comunicarse entre ellas y el porqué es tan necesario para su supervivencia.
     Las plantas suelen considerarse por algunos como seres vivos solitarios y indefensos que solo sirven para provenir alimento y oxígeno al resto de seres vivos. Además, se piensa, que éstas no tienen ninguna interacción, sea entre ellas o con su entorno, más allá de la que pueden tener con insectos polinizadores y depredadores. Sin embargo, esta creencia no es del todo verdadera. Las plantas forman parte de comunidades complejas, y dentro de estas comunidades se comunican entre ellas para poder así sobrevivir, defenderse o garantizar una serie de recursos para su crecimiento. Con el objetivo de compensar una vida fijadas al suelo y la falta de órganos especializados, las plantas han adquirido por selección natural sistemas de comunicación basados en fenómenos alelopáticos positivos, es decir, ha desarrollado mecanismos mediante los cuales producen compuestos bioquímicos que pueden influir en la supervivencia, crecimiento y reproducción de otros organismos vecinos, permitiéndoles sobrevivir haciendo frente a las adversidades.
     La comunicación se define como un proceso de intercambio, entre dos o más participantes, con la finalidad de transmitir un mensaje. El emisor de esta información tiene la capacidad de codificar el mensaje y enviarlo a un receptor quien, para su comprensión, lo descodificará y podrá generar como consecuencia una respuesta. Pero, a diferencia de los humanos, cuando hablamos de comunicación en el mundo vegetal nos referimos a ella como un intercambio de información mínimo, es decir, las plantas comparten información, pero nunca se generará una respuesta por parte del receptor al mensaje recibido. Por lo tanto, se puede decir que estas no son capaces de establecer conversaciones propiamente dicho, sino que en este tipo de comunicación el emisor enviará un mensaje independientemente de la consecuencia que este pueda generar en los receptores.
     Sería esta la razón por la que cuando hablamos de plantas, muchos autores coinciden en el hecho de que no se trataría realmente de un acto de comunicación altruista entre organismos, sino más bien de un acto de espionaje con el objetivo de aprovechar la ocasión para adaptarse y protegerse frente a futuros ataques.

Lanzar mensajes al aire

     La comunicación entre plantas se puede dar de diversas formas y a través de diferentes medios. En cualquier situación comunicativa, cuando se envía un mensaje este ha de hacer uso de un lenguaje comprensible por parte del receptor, en el caso de las plantas este lenguaje está compuesto por unas moléculas llamadas componentes orgánicos volátiles (COV). Estas moléculas son metabolitos secundarios que sintetiza la planta para su funcionamiento fisiológico, y que se encuentran almacenados en reservorios celulares. En el momento en el que la planta sufre algún tipo de ataque, estos serán liberados al medio aéreo, por el cual viajaran a las plantas vecinas, creando de esta manera comunicación entre ellas.
     De COV hay una gran cantidad de tipos diferentes, que se diferencian por su composición y estructura. Esta gran variedad es debido a que para determinados tipos de lesiones se liberan unos COV concretos, y también a que ciertas especies de plantas sintetizan COV exclusivos, lo que significa que no todas las especies de plantas tienen los receptores adecuados para poder recibir y comprender todos los COV diferentes.
     En resumen, podemos decir que los COV, son las palabras del lenguaje de las plantas. Así, ciertas especies tendrá idiomas propios que solo ellos serán capaces de comprender, y como consecuencia, existirá una situación de discriminación donde el parentesco genético de las plantas beneficiará la comunicación entre ellas, evitando de esta forma el posible espionaje por parte de otras especies.

La comunicación en el subsuelo

     De la misma manera que el ser humano ha desarrollado formas de comunicación diferentes al habla, las plantas también se pueden comunicar mediante la rizosfera, es decir, la zona donde actúan las raíces. En este tipo de comunicación, a diferencia de la aérea, se utilizan mediadores biológicos, que no son otros que los compañeros simbiontes de las plantas, los hongos.
     Hongos y plantas forman una simbiosis subterránea llamada red de micorrizas, una especie de Internet del mundo vegetal que puede poner en contacto mediante una misma red a todas las plantas de un bosque, llegando a distancias de kilómetros cuadrados. En consecuencia, gracias a este fenómeno las diferentes plantas se perciben y reconocen entre si a través del transporte de señales y compuestos entre las raíces y las hifas. Por lo tanto, estos compuestos actúan como neurotransmisores que se mueven a través de las “sinapsis” entre las paredes celulares de las raíces de plantas y hifas de los hongos.

Murmurándose

     A pesar de que las plantas no tienen órganos especializados -al estilo de los animales- para emitir sonidos, hay teorías que plantean que han desarrollado alternativas a estas emisiones para ser capaces de comunicarse entre ellas. Si tenemos en cuenta que las ondas sonoras son causadas por las vibraciones, y que las células eucariotas vegetales vibran a causa del movimiento por la acción de proteínas de transporte, se da el hecho que, dada la gran cantidad de células que encontramos en una planta, estas ondas sonoras se pueden amplificar llegando a emitir frecuencias de unos 150-200 KHz. Frecuencias que en ningún momento serían audibles para el oído humano.
     En este sentido, se ha demostrado que las plantas responden a ciertas ondas sonoras, consiguiendo éstas influir en tasas de germinación de semillas o en el mismo crecimiento de la planta. Por lo tanto, se podría considerar que las plantas tienen mecanismos de escucha, y como consecuencia existe la posibilidad de que haya cierta comunicación mediante las ondas sonoras emitidas por otras plantas, ondas que pueden influir en los receptores de alguna forma. No obstante, desgraciadamente, a diferencia de lo que ocurre con los otros tipos de comunicación expuestos en este artículo, actualmente no hay la información necesaria para poder extraer conclusiones claras sobre este comportamiento.
 
 Necesidad de comunicarse

     Como hemos dicho, las plantas se pueden considerar uno de los organismos que más necesitan comunicarse para compensar su vida fijada al suelo. A causa de esta incapacidad de desplazamiento, están expuestas e indefensas delante de diferentes situaciones de peligro, causadas tanto por patógenos, herbívoros o condiciones extremas, como por una competencia con otras plantas por los recursos disponibles. Por estas razones, la información que más se comparte entre plantas está relacionada con enfermedades o insectos que pueden atacarlas, siendo éstos los peligros más comunes a los que están sometidas.
     Cuando la planta sufre daños, creará una respuesta mediante un proceso que fomentará la expresión de genes relacionados con la defensa. Esta respuesta puede tomar forma a través de la síntesis de productos tóxicos para los herbívoros, o bien generando nuevos componentes estructurales para recomponer posibles partes dañadas, con la finalidad de protegerse.
     A diferencia de este tipo de respuestas, como se ha visto en este mismo articulo, la planta es capaz de comunicarse mediante la liberación de diferentes COV que viajarán hasta otras plantas cercanas. Gracias a esta comunicación, los receptores del mensaje se pueden preparar antes de ser atacados. ¿Cómo? Las respuestas pueden implicar diferentes estrategias en las plantas que reciben el mensaje. Una de ellas será amplificar la preparación para el ataque liberando más componentes volátiles para avisa a otras plantas del peligro. De esta forma se genera un efecto dominó donde toda la comunidad quedará avisada y preparada delante de la amenaza.
     No obstante, si la defensa de la planta no fuera suficiente para protegerla, los vegetales han desarrollado el que se puede considerar como un “arma secreta”, y no es otra que el uso de un tipo de COV que funciona atrayendo a otros organismos, como pueden ser depredadores carnívoros o parásitos, que actuarán como protectores de la planta frente a los herbívoros que la amenazaban.
     Una vez vemos cómo actúan las plantas en una situación de amenaza, pueden aparecernos diferentes dudas. Una de estas estaría relacionada con la simple razón que justifique el porqué una planta que está siendo atacada utilizaría sus propios recursos, tan necesarios en un momento de defensa, para alertar a las otras plantas. Pues en realidad es que la planta emite estos compuestos químicos para sí misma, es decir, con la única finalidad de preparar otras partes de su cuerpo que aún no han estado afectadas, siendo en ningún momento su voluntad avisar a otras de la situación de peligro. Por lo tanto, las plantas vecinas aprovechan la ocasión y son alertadas de rebote a través de los componentes químicos que liberan la primera planta que es atacada.
     Pero, a pesar de que las plantas se han de proteger de diferentes organismos depredadores, éstos no son la única amenaza para su supervivencia. La otra vendría por parte de otras plantas con las cuales harán de luchar por los diferentes recursos del medio. Una lucha que se libra en el subsuelo, y donde las raíces juegan un papel muy importante, ya que el mismo crecimiento de la planta irá ligado, entre otros factores, a la capacidad de estas de obtener recursos del suelo. La función de las raíces en esta situación será sintetizar COV y después liberarlo a la rizosfera, para explorar el terreno y detectar la presencia de plantas vecinas, con la finalidad última de enfrentarse a las posibles raíces competidoras, o evitarlas.
     En definitiva, podemos concluir que las plantas no son los seres inertes y aislados que a veces se puede pensar. Por el contrario, son capaces de realizar diferentes funciones comunicativas, tales como interaccionar con los organismos que les rodean, aprender y defenderse delante de los depredadores, comunicarse y intercambiar información y nutrientes a través de las redes, así como competir por su supervivencia. Un entorno de comunicación vegetal en el que aún quedan muchas cosas a descubrir.
 
Bibliografía
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