11/30/2018

JOAQUÍN ARAUJO, Madrid (1947)
Thoreau emboscado (Primera parte)
Publicado en el Blog Tierra de Joaquín Araújo en El Mundo

     Esta civilización se ha arrancado a sí misma de casi todo lo que la hace posible. El paraíso es desmantelado a diario como demuestran los casi 20 millones de árboles que cada día son abatidos o quemados en este planeta. "¿Quién robó a los bosques, a los confiados bosques?" Se pregunta dolorida Emily Dickinson, sin duda lectora de Thoreau. Por eso algunos nos hemos emboscado: para tenderle trampas a esta miseria programada. Queremos ser la parte del bosque que defiende al bosque. No solo vivimos en las arboledas, intentamos menguar la señalada mengua plantando, no solo árboles sino, ante todo, las emociones que nos guiaron hacia la Natura y que nos han permitido comprender algo.
     Por suerte tenemos maestros antecesores como el que aquí celebramos.
     La emboscadura aporta serenidad. La primera cosecha de la arboleda es la calma. Fruto en estrecha relación con la capacidad dadora de las selvas. Porque "los bosques son muestras y especies que no son solo para si mismas, sino para su ambiente" afirma Walt Withman, seguramente leído por Henry David. Acaso también el primero leyó al segundo. En cualquier caso ambos, gigantes de la literatura americana, supieron admirar profundamente a las selvas que comenzaban, hace doscientos años, a perder todas las batallas.
     El bosque es la seguridad social de la biosfera, la farmacia para los lisiados aires del presente, la transparencia que se suma a las aguas y a la atmósfera en cuanto dejamos respirar y beber a los árboles.
     Se nos quiere olvidar que a nuestros pulmones llega el alma verde de las hojas.
     Los emboscados comprendemos con Ernst Jünger que "la curación está en lo numinoso."
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11/26/2018

MÓNICA SÁNCHEZ
Consejos para el cultivo de palmeras


Ejemplares de Roystonea regia
Roystonea regia
     Las palmeras son plantas que tienen un ”algo” muy especial. No importa la especie a la que pertenezcan; siempre van a quedar perfectas en cualquier rincón. Además, aportan una ”tropicalidad” capaz de transformar cualquier jardín en un auténtico paraíso. Sin embargo, es muy importante que tengamos en cuenta que cada una de ellas tiene sus propias necesidades.
      Para que puedas evitar gastar dinero en vano, te vamos a dar una serie de consejos de cultivo de palmeras.


Dypsis decaryi en un jardín
Dypsis decaryi
Escoge especies resistentes a tu clima
     Es lo más importante y, al mismo tiempo, en lo que menos se suele pensar. Las palmeras son tan bonitas, que a más de uno y a más de dos nos gustaría tener un terreno de una hectárea (como mínimo) para poder plantar un montón de especies. Pero tenemos que saber controlarnos y, sobretodo, buscar información sobre cuáles son las especies que mejor se adaptan a nuestro clima. Y cuando digo esto me refiero a que tienen que ser capaces de vivir bien con las condiciones que hay en el jardín.
     Por ejemplo, yo vivo en el sur de Mallorca, con unas temperaturas que van desde los 38ºC en verano hasta los -1ºC o -2ºC en invierno. En principio, puedo cultivar un montón de especies tropicales, como la Dictyosperma album o la Roystonea regia, ya que esas heladas son puntuales y de muy corta duración, pero… la realidad es muy distinta. Para que esas palmeras pudieran sobrevivir, después de la helada la temperatura tendría que subir a los 15-18ºC o más, algo que no ocurre (se queda en los 5-10ºC).
      Por todo ello, cuando busques especies, te recomiendo que escojas aquellas en las que los libros digan que son más resistentes al frío. En mi caso, tengo que decantarme por aquellas que en los libros, enciclopedias, etc. dicen que soportan hasta los -4ºC, porque sé que esos -4ºC que pueden tener en su hábitat natural son los -2ºC que tendrán aquí en Mallorca.


Ejemplar de Chamaedorea tuerckeimii
Chamaedorea tuerckeimii
Ponlas en el lugar adecuado
     Estamos muy acostumbrados a ver palmeras creciendo a pleno sol. Phoenix, Washingtonia, Chamaerops, Butia… Son muchísimas las que tienen que estar expuestas al astro rey. Pero tenemos que saber que hay otras a las que los rayos solares les pueden perjudicar seriamente, como a las Chamaedorea, Ceroxylon, Dypsis, o Arenga, entre otras. Por este motivo, debemos de ponerlas en el lugar más adecuado, donde puedan crecer sin problemas.
     Las raíces no son invasivas, pero será necesario tener muy en cuenta sus dimensiones adultas para plantarlas en un sitio u otro, ya que así podrán tener la posibilidad de crecer y desarrollarse correctamente.


Palmera Butia capitata
Butia capitata
Abónalas con abono orgánico  
     
El abonado es fundamental para el buen crecimiento de las palmeras. Éste tiene que aplicarse desde comienzos de primavera hasta finales de otoño. En los viveros encontraremos abonos específicos para estas plantas, pero en casa disponemos también de algunos 😉 : cáscaras de huevo y de plátano, bolsitas de té, verduras pasadas (caducadas o que ya no se pueden comer), compost, pienso de animales caducado,… Eso sí, si se están cultivando en maceta, deberemos usar abonos líquidos, siendo muy recomendable el guano.
Hoja de Phoenix

Pódalas en otoño

      Seguramente habrás visto a varios trabajadores podando las palmeras en verano, pero ese es un error muy grande por dos motivos:
  • En pleno verano las palmeras están creciendo, lo que significa que por sus vasos conductores es transportada una gran cantidad de savia. Al podarlas, es inevitable que las plantas pierdan parte de esa savia, lo cual puede debilitarlas mucho. 
  • Si se vive en una zona donde el picudo rojo o la paysandisia están circulando, se exponen a las palmeras a sus ataques. Hay que pensar que estas dos plagas acaban con la vida de las palmeras en cuestión de días, semanas o meses (dependiendo del clima). Al podar, estos insectos se sienten muy atraídos por el olor de las plantas, así que se dirigen a ellas. 
      Así pues, aconsejamos podar, sólo si es estrictamente necesario, en otoño utilizando herramientas previamente desinfectadas con alcohol de farmacia. Y por lo demás, sólo queda decir una cosa: disfruta de tus palmeras.

Información

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11/22/2018

ATAHUALPA YAPANQUI (Argentina, 1908-1992)
El árbol que tu olvidaste


El árbol que tú olvidaste 
siempre se acuerda de ti
y le pregunta a la noche  
si serás o no feliz.
El arroyo me ha contado  
que el árbol suele decir 
quien se aleja junta quejas  
en vez de quedarse aquí.
Al que se va por el mundo  
suele sucederle así 
que el corazón va con uno  
y uno tiene que sufrir 
y el árbol que tú olvidaste  
siempre se acuerda de ti.
Arbolito de mi tierra  
yo te quisiera decir  
que lo que a muchos les pasa  
también me ha pasado a mi.
No quiero que me lo digan
pero lo tengo que oír 
quien se aleja junta quejas  
en vez de quedarse aquí.
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11/18/2018

El gran madroño de Tenerife, del cronista de Canarias

JUAN GUZMÁN OJEDA, Ing. Técn. Forestal
El centenario y recóndito madroño de la Fajana de Ruiz

La estrella invitada de este artículo supone un recorrido por un paisaje forestal envolvente...

Quizás 17 metros no sean mucho para un árbol, pero en el caso del madroño posiblemente sea su máxima altura posible.
Aunque la mitología clásica concediera a las “manzanas de oro” de nuestro madroño (Arbutus canariensis) propiedades inmortales, lo cierto es que, lejos de estas supuestas virtudes o divinidades, debió haberle otorgado un título nobiliario a su seductora belleza.
     El madroño es el árbol que termina de enganchar a aquellos que comienzan a estudiar y descubrir a los habitantes de los bosques canarios. Este elemento de la laurisilva y del pinar húmedo se deja reconocer por dos caracteres diferenciales: su corteza y sus frutos. Podemos detectarlo mediante suaves caricias, ya que su corteza es sedosa y lisa, desprendiéndose periódicamente a modo de pergaminos. Esta corteza y sus irisados colores verdoso-anaranjados resaltan especialmente cuando los troncos se empapan del rocío horizontal. Mención aparte merecen sus flores acampanadas y de color asalmonado, que más tarde derivan en vistosos frutos comestibles de color mandarina, que cuelgan en cortos racimos.
     Los madroños salvajes, casi por casualidad, suelen estar asociados con algunas de las ubicaciones más especiales del verde canario: dígase el Espigón Atravesado en El Canal y Los Tiles (La Palma), el barranco Oscuro que nace en Tamadaba (Gran Canaria), o bosquetes termófilos como el de La Furnia de Icod (Tenerife). Como no podía ser menos, la visita a la estrella invitada de este artículo supone también un recorrido por un paisaje forestal envolvente.
     El ilustre Madroño de La Fajana de Ruiz se localiza (28º 22´ 21,45 ¨ N y 16º 37´ 27,76¨ W) en el límite oeste del municipio tinerfeño de Los Realejos, muy cerca del cauce del barranco del mismo nombre. Para poder visitarlo debemos sumergirnos en esta encajonada rambla, junto a la que discurre uno de los senderos más visitados del norte insular. En todo caso, el mayor ejemplar de madroño canario no se encuentra junto a la senda, por lo que la mayor parte de los senderistas suelen pasar muy cerca sin llegar a advertirlo. Y es que este notorio ejemplar forma parte del bosquecillo que ha reconquistado las huertas de cultivo. En su día, hará ya casi un siglo, seguramente era el único árbol divisable entre las terrazas agrícolas del lugar.

Floresta en ebullición
     El entorno de la Fajana de Ruiz resulta cautivador. A la floresta en ebullición, hay que sumarle la espectacular geología vertical y el valor etnográfico que nos transmite el antiguo patrimonio rural. Si nos paramos frente a la Casa de La Fajana, poco a poco engullida por la vegetación, un leve esfuerzo imaginativo puede darnos idea de la dureza y autenticidad de la antigua vida agraria, a buen seguro llena de mil historias jamás relatadas.
     La biodiversidad de este enclave es tan elevada que le ha merecido su declaración como Sitio de Interés Científico, una tipología de espacio natural que invita al descubrimiento de nuevas especies. En el bosquecillo que oculta a este titán de tersa piel dominan, entre otras, especies de laurisilva como el laurel (Laurus novocanariensis) y el paloblanco (Picconia excelsa) atípicamente muy abundante en esta zona.
     Si vamos descendiendo seguro que nos sorprenderá una curva algo diferente (casi sacada de un capítulo de las aventuras Astérix y Obélix), en la que domina un gran castaño con una gran mesa de piedra cerca de su base. Al poco dejaremos la Casa de La Fajana a nuestra derecha y luego el sendero emprende una larga recta en bajada. A unos 100 metros de la casa y más o menos en la posición geográfica 28º 22´ 41,23¨ N y 16º 37´ 28,42¨ W torcemos a la derecha por una estrecha vereda entre bancales, hasta encontrarnos de frente, a unos 50 metros bajo el dosel arbóreo, con nuestro madroño.
     Este es el camino más sencillo, aunque recuerdo que cuando fui a verlo con mi buen amigo Pascual ambos tiramos bosque a través, desde la curva del gran castaño, sorteando la maleza y avanzando como podíamos con una mezcla de nerviosismo y certeza, pues sabíamos que, más tarde o más temprano, nos toparíamos con este soberbio ejemplar. Y así fue como pudimos contemplar esta obra de arte natural, con sus tres gruesos y tersos troncos principales que arrancan de una gran base que abarca los cinco metros de perímetro. Quizás 17 metros de altura no sean mucho para un árbol, pero en el caso del madroño posiblemente sea su máxima altura posible. Al igual que ocurre con otros árboles centenarios, su dimensión y edad hace que no se identifique fielmente con los típicos madroños que estamos más acostumbrados a observar.

¿Qué lo libró del hacha?
     En nuestra vuelta a la civilización nos preguntamos cuál pudo ser la razón que libró a este árbol del hacha, concluyendo que quizás fuera una mezcla del rico sabor de sus frutos, las inestimables propiedades medicinales y, cómo no, el magnífico porte que provocó el respeto por parte de los lugareños. En todo caso Arbutus canariensis es un pariente muy cercano al madroño europeo (Arbutus unedo) y seguramente las primeras poblaciones hispánicas ya se percataron de este parecido, suponiéndole usos similares. Los azúcares del fruto de los madroños al fermentar producen alcoholes naturales. Por eso, su consumo excesivo llega a causar embriaguez, de ahí el apellido científico unedo que apunta el consejo de consumir uno sólo. En Asturias incluso se le conoce con el nombre vulgar de “borrachín”.
     Quizás los frutos de este madroño nos queden demasiado altos para poder disfrutar de sus relajantes que no inmortales propiedades. Lo que sí resulta de claridad meridiana es que todo aquel que lo visite inscribirá un nuevo y agradable recuerdo en su particular admiración y memoria por los seres vegetales más extraordinarios.

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