2/15/2018

RAFAEL NARBONA
Los árboles de la ciudad

En Diario Levante:    Leer que el Ayuntamiento quiere incrementar la cantidad de árboles frondosos en nuestras calles es una muy buena noticia, sobre todo en un momento en que la ciudad hierve y nuestro entorno arde. La elección del arbolado urbano, y más concretamente del arbolado viario, debe someterse a un cuidadoso estudio tanto por la importancia de su función ambiental como por el coste en todos los sentidos que supone el abatimiento de un árbol equivocadamente ubicado tras muchos años esperando a que alcance su madurez y su óptimo rendimiento.
      La verdad es que no debería ser noticia que el arbolado urbano deje de depender de modas o antojos varios. Para definirlo bien hay que tener en cuenta más de treinta factores y variables, desde la geometría y orientación de la calle hasta las características del suelo, clima y entorno, pasando por la capacidad de cada especie para enfrentarse a las duras condiciones urbanas. Además, necesitan muchos años para lucir y brindarnos sus múltiples beneficios, por lo que no nos podemos permitir fallar en su elección.
     Incluso cuando se habla de listados de árboles adecuados para la ciudad hay que ser precavidos. Un árbol que funciona perfectamente en una calle, dándole incluso fama y carácter a la misma, puede ser un desastre unas pocas calles más allá, o árboles que siempre han tenido una vida saludable entre nosotros, apenas son capaces ahora de sobrevivir. De ahí la importancia de la experiencia local entre quienes toman estas decisiones. Precisamente nuestra ciudad fue de las primeras, sino la primera, en tener un equipo excepcional de técnicos arboristas, creado por alguien que nos dio lo mejor de su vida y sabiduría pese al lamentable trato que sufrió por parte de la administración local.
     Sin embargo, hay una cuestión que es mucho más importante, si cabe, que la sabia elección del arbolado. Cada año las olas de calor se suceden más a menudo y con mayor virulencia. El mes de julio supera desde el año pasado al de enero en consumo eléctrico, un claro índice de nuestro camino hacia un país tórrido.

     Me da igual si ese cambio es debido a un invento de los chinos o de un fondo buitre que quiere comprar Greenpeace, pero los datos acerca de sus efectos sobre la salud pública son muy preocupantes y exigen medidas muy urgentes y contundentes, medidas que van más allá de cambiar unos naranjos por fresnos. Y la idea de un nuevo plan para el arbolado de la ciudad es una de esas oportunidades que no podemos permitirnos el lujo de dejar escapar.
     Es hora, pues, de que el verde sea el protagonista de la planificación urbana, salvo que aspiremos a vivir sin aire, sin agua y con la piel tumorizada. Ya no vale eso de adaptar el árbol a la acera o al alcorque, que no sé qué es peor. Es la sección de la calle la que nos define el mayor árbol que cabe, respetando siempre, como mínimo, una distancia a las fachadas equivalente a un tercio de la sección total. Es más, los alcorques deberían pasar a mejor vida dando paso a franjas verdes y drenantes.
     Por ejemplo, el trabajo conjunto de los responsables del verde y del agua de la ciudad de Portland por medio de estas tipologías urbanas, le ha permitido a la ciudad ahorrarse más de sesenta millones de dólares en mantenimiento y reparaciones de la red de alcantarillado, además de los inmensos beneficios aportados al medio ambiente y a la salud y confort de sus ciudadanos. Por supuesto los pavimentos son permeables, algo que se da por hecho en medio mundo mientras aquí seguimos forrando la ciudad de hormigón para posteriormente chaparla con la piedra más cara y lejana posible. (Lo del consumo kilómetro cero parece que es solo para los tomates). Enfriar tan solo consiste en extraer calor. Drenar en el lugar el agua de la lluvia para que vuelva a la atmósfera llevándose el calor, es el más antiguo, natural y eficiente sistema de refrigeración que existe. Y gratis. Y sin generar CO2.
     No hace falta disponer de millones y millones de euros para re-urbanizar nuestras calles, y menos para dejarlas igual de soleadas e impermeables. Hay cientos de ciudades con menos recursos que nosotros que lo están haciendo. Eliminar una franja de dos a tres metros de asfalto, para llenarla de material drenante y buen sustrato y terminarla con árboles, arbustos y variadas hierbas cuesta doce veces menos de lo que invertimos habitualmente. Ya lo acabaremos de lujo cuando se pueda. En fin, que empiezas por pensar si cambias un naranjo por un fresno y acabas dándole la vuelta a la ciudad como si fuera una tortilla. Todo sea por no acabar friéndonos en ella.

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2/14/2018

ELISA LOIS, en "Diario de España"
El legado oculto de Colón en España 

California reconoció un pueblo gallego como cuna del almirante


      En 1968, John Harmon McElroy, un joven profesor de literatura licenciado en Princeton, llegó a la Universidad de Salamanca con su familia y una beca Fulbright para impartir clases y preparar una nueva edición comentada de A History of the Life and Voyages of Christopher Columbus, de Washington Irving. McElroy visitó entonces Galicia y recaló en Poio (Pontevedra), fascinado por conocer una de las posibles cunas del almirante y dar con el astillero donde se cree que fue construida la carabela Santa María, La Gallega, que participó en la expedición a las Indias en 1492.
     Dando credibilidad a la tesis gallega, el profesor comprobó que el clima de Poio era similar al del Norte de California y comenzó a pergeñar la conmemoración de la gesta de Colón quinientos años antes. A finales de 1990, y ya como profesor titular en la Universidad de Arizona, McElroy participó en los preparativos del V Centenario con una iniciativa insólita: Plantar 500 secuoyas en el sur de Galicia, el lugar que recibió las primeras noticas del descubrimiento y donde varias fuentes que había consultado durante su periplo español situaban el origen del insigne navegante.
      Después de recabar el apoyo del Departamento de Agricultura del Estado de California, constituyó la asociación Columbus Grove Gift Corporation para promover una iniciativa legislativa, introducida por Ed Pastor, representante del uno de los distritos de Arizona, para que EE UU obsequiara al pueblo de España con los ejemplares de Secuoya roja californiana que se plantarían en Poio coincidiendo con el aniversario.
     El profesor logró que su iniciativa se plasmase en la Resolución Conjunta del Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos 529, del 102º Congreso, aprobada por ambas Cámaras, y ratificada por el presidente George H. W. Bush el 23 de octubre de 1992.
Después de un preámbulo sobre la primera circunnavegación del globo que propició la mayor migración de humanos en la historia del mundo, el punto dos de la resolución acordó que los árboles eran “un regalo a la gente de España hecho en nombre del pueblo de los Estados Unidos”.

El Bosque de Colón
     Además, la Columbus Grove Gift Corporation, en colaboración con la Organización juvenil 4-H, organizó una expedición de 24 escolares de 6 estados americanos de entre 15 y 18 años que plantarían las sequoias junto a otros tantos jóvenes de Poio designados por el Ayuntamiento y la Comunidad de Montes de San Xoán que cedió las dos hectáreas terrenos que conformarían el Bosque de Colón, una de las mayores reservas de esta especie en Europa.
      La expedición con McElroy al frente vino a España acompañada del jefe del Departamento de Ingeniería Forestal del Estado de California, Jonathan Rea, que había hecho las primeras prospecciones del terreno y entregó los embriones de secuoyas para su conservación al Centro de Investigación Forestal de Lourizán, en Pontevedra, que dirigió la plantación de los árboles.
     iMcElroy y una comitiva de la Xunta de Galicia fue recibid en la Zarzuela por el Rey Juan Carlos. Al siguiente, al llegar a Poio, los estudiantes americanos fueron alojados en casas del vecindario y el 4 de diciembre, a las 12 del mediodía, plantaron los ejemplares con los estudiantes gallegos.

Naufragio del Mar Egeo
     Pero la evocación de la gesta del navegante quedó eclipsada y sin el boato político que estaba previsto. La noche anterior se había producido el naufragio del petrolero griego Mar Egeo frente a la Torre de Hércules, en A Coruña. El desastre medioambiental por el vertido de prácticamente toda su carga obligó a ausentarse al entonces presidente de la Xunta Manuel Fraga y varios altos cargos de la Administración. Además, el fuerte temporal que azotó aquellos días la costa gallega impidió el aterrizaje del vuelo que traía a Galicia a representantes del Gobierno central y al embajador de EE UU.
     Transcurridos 25 años desde aquel evento, el Bosque de Colón es todavía un legado oculto. Hoy ya no son quinientas secuoyas, sino algunas menos y la placa colocada durante la inauguración ha desaparecido, mientras el paraje se salvó de la oleada de incendios en 2006, gracias a la intervención de vecinos y voluntarios de la comunidad de montes.
     El concejal y diputado del PP de Pontevedra, Ángel Moldes, decidió emprender una campaña para recuperar el legado de Colón, coincidiendo con el 25 aniversario de la expedición americana. Como portavoz en el Ayuntamiento de Poio, presentó una moción para organizar un acto conmemorativo y desempolvar la historia del bosque contactando con los supervivientes, si es que había alguno. “Ya es hora de es fomentar su difusión como atractivo turístico, ambiental y cultural para que no se pierda con el paso del tiempo”, explica Moldes.
     En enero pasado, el diputado logró localizar al profesor McElroy y este, con casi noventa años, le confirmó que volverá a Poio para participar en los actos que se están organizando para la próxima primavera. “Vendrá con su familia y algunos de sus colaboradores en el proyecto, anunció Ángel Moldes, además de varios de los escolares, hoy en la cuarentena, que plantaron los árboles, muchos de los cuales siguen manteniendo contacto y se conocen entre ellos como los Columbus Kids”.
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Fotos del bosque de sequoias de "Galicia Mágica"
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2/13/2018

JOSÉ ANTONIO LABORDETA SUBÍAS (Zaragoza, 1935-2010)
La sabina


Allí permanece quieta
igual que la soledad,
pasa el tiempo por sus ramas
y no las puede truncar.

Quieta,
altiva,
la sabina
testifica
que bajo ella
se agruparon
los anarquistas.


Soporta la ira del cierzo
igual que un barco a la mar
y bajo la densa niebla
es como un ángel guardián.

Cuando paso por su lado
me entran ganas de abrazar
el viejo y duro tronco
que la hace realidad.

Y allí permanece enhiesta
como un monegrino más
sabiendo, como ellos saben,
lo duro que es pelear.
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2/11/2018

LA SABINA... del Bosque Habitado
Arbolario 

     Mira, soy un árbol casi exclusivo de la península ibérica y ocupo el arco oriental interior ibérico, alcanzando mi máxima extensión en la provincia de Teruel, aunque también soy muy abundante en Soria, Burgos, Guadalajara o Cuenca… donde destaca mi silueta en el horizonte. Una silueta, cómo te diría yo, entre la forma cónica del ciprés y la globosa de la encina… ¡Ah! Y un perfil… más bien oscuro ¡Ése soy yo... o ésa, pues me llaman Sabina!…
     Sí, soy la sab
ina, el Juniperus… experta en formar bosques abiertos, algo adehesados, con buenos prados y pastos que pronto se me agostan pues son muy apreciados por los pastores… Me suelen acompañar los espinos, los rosales silvestres y los enebros, primos hermanos de las sabinas… Vamos, que vivo en la gloria…      La verdad es que suele llamaros mucho la atención mi corteza… pecular, así, como deshilachada a tiras, retorcida o espiralada… Y es que mi corteza no se pudre nunca y espanta a las polillas y a los xilófagos… Bueno, es que estamos hablando de mi madera, ¡madera preciosa donde las haya! ¡Fíjate que las las hojas de la sierra se mellan al cortarla! Eso, y que quemarla, mi leña desprende un fuerte olor que se “agarra a la cabeza.
     Te voy a contar un secreto, para que una sabina como yo nazca se necesita que un animal haya comido mi falso fruto, o gálbulo y que haya pasado por su estómago. ¡Ah, y que me encanta nacer bajo los dormideros de algunas aves como los tordos... Las sabinas jóvenes crecen deprisa, pero luego el crecimiento se vuelve muy lento, del orden de 2 mm. de grosor al año o menos…
     Por cierto, siempre habrá alguien a quien le veas compararme con ese enchufado de El bosque habitado… ya sabes… Sí, ése, ¡el tejo! Bueno, tal vez porque… porque es sagrado… como yo… Yo, el árbol sereno y austero, propiedad que comunico al paisaje… Y, si no, que se lo digan al famoso etnobotánico Emilio Blanco, que me ha estudiado de arriba abajo, del derecho y del revés, y lo sabe todo de mí… Hasta creo que en breve, él mismo, Emilio Blanco, se transmutará en un árbol sabina también…

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