7/25/2015

Los árboles gigantes po mu son patrimonio de Vietnam
De... "La Razón Digital / EFE"


Las autoridades vietnamitas han incluido en el patrimonio nacional un grupo de árboles gigantes po mu, algunos de más de mil años de edad, también conocidos en otros países como "falso ciprés" o "camecíparis", informan hoy medios locales. El mayor de los po mu seleccionados tiene 22 metros de altura y el tronco cerca de tres metros de diámetro, de acuerdo con el Vietnam News.


     La protección extendida por la Asociación para la Conservación de la Naturaleza y el Medio Ambiente de Vietnam recae sobre 725 ejemplares de Fokienia hodginsii que crecen en la provincia de Quang Nam, en la región central del país. Estos "falsos cipreses", cuya madera es muy apreciada por los ebanistas, entraron en la lista oficial de Vietnam de especies amenazadas en 1996.
     La Unesco ha declarado varios lugares de Vietnam patrimonio de la humanidad: el conjunto de monumentos de Hué, la bahía de Ha-Long, el santuario Mi-Son y la ciudad antigua de Hoi An, los cuatro inscritos a finales del siglo pasado. El parque nacional Phong Nha-Ke Bang, la ciudad imperial de Thang Long-Hanoi, la ciudadela de la dinastía Ho y el complejo paisajístico de Trang An se incorporaron a la lista este siglo. 
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7/19/2015

Los peatones crean arte paseando por las calles en China
Vía: deliving blog

Se trata de una campaña de concienciación para darnos cuenta de que andar por la ciudad, en vez de ir en coche, ayuda a cuidar el medioambiente.

Jody Xiong de DDB China junto con la Fundación para la Protección Ambiental de China pusieron la materia prima… los peatones el arte.

Enormes lienzos blancos de 12,6 metros de largo y 7 metros de ancho, ilustrados únicamente con un árbol sin hojas, adornaron las calles de 15 ciudades de China hace unas semanas. A los dos lados de la acera, pintura verde-medioambiental de secado rápido y fáciles de quitar….


Fueron los propios peatones los que cruzando la calle y entintando sus zapatos de verde fueron vistiendo con hojas estos árboles desnudos.

¿El resultado?
Casi 4 millones de personas participaron en la creación de 132 árboles, aunque invitándoles a plantar auténticos árboles sería más efectivo.
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7/16/2015

EL BOSQUECILLO DE MIRTOS
Italia

Esta era un comarca desnuda, sin árboles, abrumada bajo el Sol y azotada sin descanso por el viento ardiente y salado del mar. En un pueblecito en que vivían algunos pescadores, había un alfarero que se llamaba Luigi. Tenía veinticinco años y se había casad hacía más de seis años con Gina, una linda morena que era exactamente de su misma edad. El alfarero y su esposa se amaban mucho, y podían haber sido muy felices si hubieran tenido un niño. Ese era s¿u mayor deseo, pero, desde el día de la boda, esperaban en vano.
      Gina estaba muy triste, y, cuando Luigi no la necesitaba para barnizar las ollas y las escudillas que había torneado, iba a sentarse a la sombra de la casa, y allí se quedaba inmóvil, con la mirada perdida en dirección a la montaña pelada en donde no crecían sino malas hierbas que los rayos del Sol bien pronto amarilleaban.
      -Tu eres como yo -le decía a la tierra-; eres estéril, y nunca producirás ni el más pequeño árbol.
      Ahora bien, una mañana en que estaba meditando de este modo, Gina vio caer a sus pies una plantita tierna de mirto. Al mirar hacia el cielo, apenas pudo divisar un bello pájaro multicolor que volaba muy rápidamente y que pronto desapareció detrás de la montaña. La pequeña planta tenía tres tallos frondosos y todas sus raíces, que aún retenían un poco de hermosa tierra negra y suave. Gina se apresuró a abrir un hueco a algunos metros de distancia de la casa; plantó allí el mirto y fue a buscar agua para regarlo. Luigi, que había venido a mirar, le dijo que en una región como esa no había la menor posibilidad de que el arbusto creciera; pero la joven se obstinó. Cada tarde y cada mañana sacaba agua y regaba el mirto, que comenzó a crecer y que pronto echó flores.
      Las estaciones pasaron, y, un día en que el príncipe Enrico se paseaba a caballo, vio el mirto y dijo:
      -Qué extraordinario que ustedes hayan podido hacerlo crecer aquí. Nadie, que alguien recuerde, ha podido hacer algo así en esta comarca. Me gustaría tener este arbusto al lado de mis castillo. ¿Cuánto quieren?
      -Cómo nos gustaría complacerlo -dijo Gina-, pero nos hemos encariñado con este mirto como si fuera un hijo. NO quisiéramos separarnos de él ni por todo el oro del mundo.
      El príncipe comprendió muy bien este sentimiento y, reflexionando un poco dijo:
      -Les propongo algo: vengan a instalarse en mi castillo, y trasplantemos allá el mirto. En mi morada, Luigi podrá seguir torneando y cociendo sus vasijas, y así no tendrán ninguna preocupación acerca de dinero.
      Esperaron el día de Santa Catalina porque se dice que "Todo lo que se planta en la fecha de Santa Catalina, echa raíz", y entonces hicieron la mudanza. Arrancaron el arbusto con mil cuidados, dejándole una buena cantidad de tierra, y luego lo plantaron delante del castillo.
Allí, regado cuidadosamente por Gina y también por el príncipe, creció con mayor rapidez aún, hasta que un día se dieron cuenta de que una bella joven habitaba el mirto.
      -Ya ves -le dijo el príncipe a Gina-: Tu marido y tú se lamentaban por no tener un hijo, pero ahora tienen una niña. ¿Cómo quieren llamarla?
      Sin dudarlo, el alfarero dijo:
      -La llamaremos Mirta.
      -Pues bien -dijo el príncipe-, si Mirta consiente, yo les pido que me concedan su mano.
Mirta y sus padres acptaron y, sin tardar, se hizo pública la noticia de la boda del príncipe con la hija del alfarero.
      Como el príncipe era joven, hermoso e inmensamente rico, todas las muchachas de la región habían soñado, más o menos, con llegar a casarse con él, así que su cólera fue grande; entonces, aprovechando que el príncipe se fue de caza, se dirigieron al castillo para matar a Mirta.
      Después de haber atado a Luigi y a su esposa, buscaron por todas partes y rompieron una gran cantidad de objetos, especialmente vasijas, pero no encontraron a Mirta. Entonces, sabiendo cuánto amaba el príncipe al mirto que estaba sembrado delante del castillo, se vengaron en él destrozándole todas las ramas. Cuando las iracundas muchachas desaparecieron, Mirta salió del tronco del árbol en donde se había escondido y se apresuró a liberar a sus padres.
      -¡Dios mío! -dijo Gina cuando vio el árbol mutilado-. ¡Qué pena tan grande va a tener tu novio!
      -No te preocupes, mamá -dijo la muchacha-. El árbol retoñará y habrá muchos más. Ven, ayúdame. Cortando las ramas de mi árbol, esas furias no se dieron cuenta de que te estaban dando muchos hijos.
      Las dos mujeres recogieron todo lo que estaba roto, hasta la más diminuta ramita, e hicieron una plantación, que regaron tal como Gina había regado el primer mirto.
Y seis meses después, cuando se celebró la boda de Mirta y Enrico, los invitados quedaron maravillados al ver el hermoso bosquecillo de mirtos delante del castillo. Cada uno se llevó una rama para plantarla; y así, dese entonces, la comarca ha estado siempre verde y florida.

---Fin---

7/13/2015

RICARDO OLANO (Colombia)
Juventud

HUYENDO del sol canicular que tuesta los prados, me arrimo al linde del bosque. Grata sombra dan los árboles, y un perfume viene de adentro, tropical y lascivo. El bosque me brinda descanso con la frescura de su alfombra de hojas secas, en el místico silencio del mediodía. Tendido allí, dulce somnolencia me invade, y mi pensamiento se aduerme también, como un pájaro...
     Maquinalmente arranco la hoja de un árbol que extiende hacia mi sus ramas. Es una hoja casi redonda, gruesa como un cartón, de un verde pálido suavísimo. Sin pensarlo, como si mis manos no supieran otros rasgos, escribo su nombre en la hoja pálida. Las líneas se avivan, surgen los caracteres. Así también en mi alma vibrante y en mi cuerpo joven, su recuerdo. ¡Oh, sus labios rojos, cómo me dejaron miel eterna en el único beso, furtivo, y cómo sueñan mis manos acariciar sus senos redondos! Ardientes como el sol canicular son sus ojos, y tiene su cuerpo embriagador un perfume igual al del bosque.
     Sol, perfumes, vibrante recuerdo de su carne gloriosa, todo me sumerge en un éxtasis erótico...
     Y al despertar de él salieron del bosque a perderse en el abrasado cielo dos mariposas, locas como mis deseos, rojas como llamas.

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