6/02/2011

IVÁN CARVAJAL (Ecuador 1948)
La ofrenda del cerezo

                                    I

Simulacro de la escarcha
en el día soleado,
mapa de un cielo de estrellas
albas y enanas, o un firmamento
que apenas se sostiene
de las cuerdas mecidas
por un rumor de niños que se alejan.
Las flores del cerezo
copan el cuadro de la ventana.


                                     II

Esta ventana se abre al jardín.
Detrás de sus cristales,
la luz y el cerezo.
En este instante
la ventana existe
para que la luz
ilumine el despliegue
de las flores blancas,
de suave balanceo.


                                     III

El mundo podría seguir rotando sobre su eje
aun si no estuviese este cerezo en marzo
sobre la acera de una calle en Washington.
Tal vez ninguna necesidad tenga la Tierra
de su color, de su perfume o de su peso.
Ninguna necesidad de él tienen los imperios.
Seguirán su curso los negocios.
El asesino no detendrá el disparo
ni la víctima se volvería a mirarlo
antes de caer. Que aquí florezca
se debe a la intriga diplomática:
Un obsequio del imperio japonés
a Norteamérica.


                                      IV

Ninguna necesidad tiene el cerezo
que venga de tan lejos y me detenga
a contemplarlo en su milagro.
Nada es necesario para el árbol
salvo la luz, la noche, el agua,
los fermentos, la brisa del Potomac
y el vuelo de las moscas.
La rotación incesante de la Tierra.


                                     V

Para ser, el árbol no necesita que
me detenga a contemplarlo.
No mora el cerezo real en mi palabra.
Mi palabra es tarda, sólo evoca
un cerezo que florecía en Washington
y aquél otro en el jardín de Arga
junto al Mediterráneo. Existen
una avenida que va al Potomac
y una ventana que da al jardín
para guardarlos, y en mi memoria
avenidas de diáfanos cristales
por donde llego al árbol que contemplo.


                                       VI

El poema es movimiento interno.
Memoria, imagen. Luego, vacío.
Imaginación y palabra inventan otro cerezo,
la sombra del cerezo contemplado
en otro lugar una mañana.
¿La sombra?... ¡La luz! La luz
espléndida en la flor del cerezo.


                                       VII

Contemplo el cerezo en su milagro.
Florece. Y aunque me embriaga su aroma,
no estaré aquí para probar sus frutos.
Mi vida depende del cerezo apenas
mientras dure este instante. Un blanco manto
que cae y se mece, un fresco olor,
mi júbilo. Me iré en unos minutos.
Mi vida no depende del cerezo.
Y sin embargo irá el fantasma
del árbol conmigo para siempre.


                                         VIII

El universo continuaría en expansión
sin el cerezo. Seguirán la historia
y las catástrofes. El ascensor descendería
con su carga y en el puente
esa pareja de amantes se abrazaría igual.
Y sin embargo el esplendor del día
se hundiría en mi mente
sin el cerezo en flor.
Sin el fantasma de ese cerezo en flor.


                                          IX

Siembro un cerezo en Chigchirián.
Tal vez un día alguno de estos petirrojos
parezca un sol del tamaño de un puño,
la mancha de un corazón sobre el manto
blanco del cerezo. Tal vez estaré
sentado en una silla del jardín
esperando el milagro. Otro cerezo
distinto de aquellos que contemplé
plantados en una avenida que va al Potomac
y en un jardín que da al Mediterráneo.
Otro cerezo: Hoy mi mano abre
su nido en el suelo. Y espero la lluvia
con unción.


                                           X

¡Una ventana para este cerezo
y una avenida para llegarse a él!
Tampoco se detendría la vida
si no plantase hoy este cerezo,
si un día no llegase a florecer.
Mi política es este pequeño reino
-el huerto de Chigchirián-
apenas consiste en abrir un hoyo
para sembrar el árbol.
Mi diplomacia: la paciente espera.
Que la Tierra gire y con ella el Sol
en torno a su tallo. Que las ramas
sean sacudidas por la lluvia y el viento.
Que florezca y revoloteen las moscas
polinizándolo. Por lo demás,
la historia y las catástrofes
seguirán su curso sin el poeta,
sin el jardín, sin el cerezo.

-----

5/29/2011

CIPRÉS DE SILOS
Fray Pedro de Anasagasti 

A mis hermanos monjes de Silos

Un dedo vertical
flechando al cielo.
Astral cohete
frenado
por violencia sorda
de unas raíces presas en la gleba.
Un dedo vegetal
que ríe y llora
y anuncia la vigencia de una savia
que mana de un venero misterioso.

Un dedo puesto en pie,
gigante verde,
vestido del fanal de la esperanza.
Gigante vivo,
más vivo todavía en la lejana
y amarga incertidumbre
del ojo que no ve
el más allá sin árboles ni ríos.
Una isla serenada
en un lago agitado de violencias.

Un árbol, un ciprés,
un grito fecundante
en la dormida viva
de tumbas, de espirales y de arcadas,
que son tan sólo espuelas
–artísticas, sublimes–
de unos artífices sumidos en olvido.
Tú das a piedras y sepulcros
el beso fascinante
de una pasión latente que amanece.

Un árbol, un hogar,
adonde arriban
los pájaros hermanos
de sol avivador,
de la íntima llovizna acariciante
del viento agitador que los impulsa.
Aquí llegáis de noche,
piando vuestro gozo
al cofre del amor del Padre,
que siembra de colores vuestras plumas.

Un alto monasterio
con claustros vegetales
que saben de fraterna comprensión.
Espejo luminoso
de Silos –todo árbol–
que acoge, fraternal,
a pájaros humanos
heridos por los climas y las lacras
de un mundo desangrado en su divino.

Ciprés, que es oración
con salmos engolfados en silencio.
Ciprés, que es monasterio
abierto a la indigencia hermana.
Ciprés, que es ilusión
al corazón enfermo de tinieblas.
Ciprés de Silos ¡tan ciprés!

31-8-1975
-----

5/25/2011

JOAN MARAGALL (Barcelona, 1860-1911) 
Els ametllers
FULLS DE DIETARI - 1901


23 gener:

        Avui, per la primera i dolça volta,
        m'ha sorprès la blancor dels ametllers
        treient el cap per sobre dels recers
       de l'hort blanc de les monges caputxines:
       semblaven esfereïts
       de sentir-se tan florits
       tots sols entre les boirines.


6 febrer:

       Avui semblaven valents
       afrontant a tots els vents
       i semblava que cantaven
       i a les neus que els vents portaven.
       Sota les neus imminents
       cantaven de l'alegria
       d'haber florit innocents
       abans de l'hora i del dia:
       des del fons dels jorns vinents,
       plorant, la Primavera els beneïa.


15 febrer:

       Avui ha caigut neu damunt les flors
       i damunt de les coses primerenques:
       un matí de blancor que el sol ha fos.
       A migdia poncelles vermellenques
       han tret el cap florit entre la neu
       i han resplendit en mig de la blancura:
       els ametllers han dat gràcies a Déu
       agitant llur rosada vestidura.

-----

5/21/2011

ROBERT SABATIER (Paris, 1923-2012) 
Chant triomphal de l'arbre

Arbre couleur d'oiseau, je n'ai plus peur des plaines
Je pourrai m'envoler par-delà le ciel noir
Mon printemps, ton printemps dansent à perdre haleine
L'enfant, le liseron grimperont jusqu'au soir
Grimperont jusqu'à Dieu plus haut que la montagne
Arbre couleur d'oiseau je resterai quand même
Porteur de chevelure, arbre parmi les arbres.
 
Arbre couleur de l'eau, je coule d'un poème
Dans tous les corps d'ici, dans les cœurs et les ailes.
Hommes, je vous habite un instant, puis je pars
Je reviens à mon cri. La fleur souffle une abeille
Pour lui donner le vol, le vrai suc du voyage
Mes chants et mes parfums jaillissent de mes branches
Et pour toucher le ciel, j'agite mon feuillage
Comme un grand pavillon habité de mésanges.
 
Plus vif au jour, plus pur qu'une source dans l'île
Ce peu de chair est là pour me garder du ciel
Autour de moi, la mer ; une aube en ma poitrine
Mon corps est la couronne étrange du soleil
Je cerne une douceur, un grand lac s'émerveille
D'éveiller tant de brume et de nimber mes cimes
Je demeure un atoll en ce monde immobile.
 
Arbre couleur d'oiseau, de cet oiseau qui brûle
Et renaît chaque fois que le grand feu s'éteint
Arbre, j'attends que vibre aussi la libellule
Je n'ai que mille bras pour serrer mes essaims
Et leurs grappes sont là pour me donner la vie
Pour me nourrir aussi d'un nouveau cœur vivant
Je ne puis les serrer que si tout le ciel prie
Je ne puis les vêtir, mon corps se dénudant.
 
Arbre couleur d'oiseau, j'ai des jambes sous terre
Je rampe vers l'enfer et vole au paradis
Au milieu de mon corps l'horizon se soulève
Les astres tournoyants sombrent quand je le dis
Arbre couleur d'oiseau, pourtant, j'attends des larmes
Quand le printemps s'achève, avec des gestes graves
Tourné vers le soleil, je pleure comme un fruit.  
-----