domingo, 28 de febrero de 2010

Árboles y dinero

¿QUÉ PRECIO TIENE UN ÁRBOL? 


Este es el recorte del suplemento que venía en "El País" el pasado 20 de febrero



(Las páginas de las que se extrajo esta información ya no funcionan)

Fuente: Sacred Trees

Es difícil asignar un valor monetario a los muchos servicios vitales que proporcionan los árboles. Sin embargo, el Departamento de Bosques y Protección contra Incendios de California calcula que un sólo árbol que viva durante cincuenta años producirá en servicios cerca de $ 200.000 (en dólares de 1994).

Esto incluye:
Suministro de oxígeno (31.250 dólares)
Reciclado de agua y la regulación de la humedad (37.000 dólares)
Control de la contaminación del aire (62.500 dólares)
Producción de proteína (2.500 dólares)
Proporcionando refugio para la fauna silvestre (31.250 dólares)
Control de la erosión la tierra y fertilización del suelo (31.250 dólares).



Los árboles pueden reducir las facturas de servicios (aire acondicionado en verano, calefacción en invierno), cuando se plantan adecuadamente:
Calefacción: Uso de árboles como protección contra el viento permite un ahorro del 10% - 20%.
Refrigeración: Sombreado de ventanas y paredes puede reducir los costos de Aire Acondicionado en un 25% - 50%.
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jueves, 25 de febrero de 2010

AMÓS DE ESCALANTE (Santander, 1831-1902)
El olivo


Vense mis hojas tristes, y apagado
Su brillante matiz desde que yerto
Y angustiado Jesús dejó en el huerto
mi tronco en sangre y en sudor bañado.

Mas del santo rocío penetrado,
A eterna vida en nuevo ser despierto;
Y cuando el campo palidece muerto,
Soy de verdor perenne coronado.

Fecundizada en el temprano brote
Por lágrimas de un Dios la savia mía,
Unge al monarca y unge al sacerdote,

Y dejóme del huerto la agonía,
Paz en mis ramos, que la guerra acote;
Luz en mis frutos, que dilate el día.
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domingo, 21 de febrero de 2010

EL ÁRBOL DE LOS TRES FRUTOS
Gales

Hace mucho tiempo, en el País de Cíales, había un anciano sabio llamado Illtud. Un día, el anciano se quedó dormido frente a la hoguera y el fue­go se apagó. Baglan, el joven discípulo de Illtud, vio lo ocurrido y deci­dió ayudarle. Extrajo unas brasas de su hoguera, las envolvió en su capa y las llevó hasta el hogar del anciano, donde las depositó.
De pronto, el anciano se despertó y vio a Baglan con las brasas en su capa, pero la tela estaba intacta, sin quemaduras ni agujeros. ¡Era un milagro! Illtud vio en ello la prueba de que Baglan era un auténtico santo.
Al día siguiente le llamó y le dijo: —Toma este cayado con mango de latón y recorre las colinas y los valles de Gales hasta que encuentres un árbol con tres fru­tos. Cuando llegues a ese lugar, construye una iglesia.
Baglan partió y recorrió todo el país con su cayado con mango de latón, bus­cando sin descanso el árbol de tres frutos. ¿Se trataría de manzanas, moras y peras? ¿O acaso de avellanas, cerezas y ciruelas? No lo sabía. Estaba ansioso por encontrar ese árbol milagroso. Pero aunque el cayado con mango de latón parecía guiar sus pasos, no encontró nada.
Por fin, se sentó a descansar bajo la ancha copa de un enorme roble. Cuando estaba a punto de quedarse dormido, escuchó un gruñido. Se trataba de una puer­ca que iba con sus cerditos comiendo bellotas. Baglan sonrió.
Entonces se dio cuenta de que en el tronco había un hueco por el que entra­ban y salían abejas sin parar. «Vaya...», pensó, «¡será miel!». En ese momento, oyó a un pájaro trinar en lo alto del árbol. Se levantó, miró hacia arriba y vio un nido de mirlos.
Y entonces se dio cuenta: ¡los tres frutos! ¡Los cerditos, la miel y el canto de los mirlos!
Baglan lanzó una carcajada. Aquél era el lugar en el que tenía que construir la iglesia. Pero el terreno era rocoso e irregular y no parecía muy apto para edificar nada. Cerca del árbol había una pradera plana y Baglan decidió construir la iglesia en ella. Cavó la tierra para colocar los cimientos y dispuso grandes piedras para levantar los muros que, en poco tiempo, le llegaron a la altura de las rodillas.
Esa noche durmió profundamente en su cama de helechos. Pero a la mañana siguiente, cuando volvió a la obra, encontró los cimientos inundados y los muros derruidos.
«¡Qué extraño!», pensó. Pero Baglan no se rendía fácilmente. De modo que vol­vió a empezar y, al caer la noche, había levantado los muros hasta la altura de la cin­tura. Durmió profundamente y, al despertar al día siguiente, comprobó que los cimientos volvían a estar anegados, y los muros de piedra, en el suelo.
«¡Qué curioso!», se dijo. Pero como era un hombre tenaz y estaba decidido a ter­minar la obra, se esforzó aún más y al final del día los muros de la iglesia le llegaban a la altura del pecho. Se tumbó en su cama de helechos y durmió mejor que nin­guna otra noche. Pero a la mañana siguiente... volvió a encontrar agua y los muros derruidos.
Entonces pensó: «Tal vez alguien intenta decirme algo. Puede que éste no sea el lugar en el que debo construir la iglesia». De modo que volvió junto al viejo roble, el árbol de los tres frutos, lo miró y pensó: «Intentaré construir la iglesia alrededor del árbol».
Y así lo hizo. Los animales le ayudaron. Los cerdos escarbaron la tierra en la que dispuso los cimientos, los pájaros le alimentaron con migas de pan y las abejas le brindaron su miel. Al final, construyó una iglesia pequeña y algo caótica pero boni­ta. Puso una puerta al fondo para que la cerda pudiese pasar, un hueco para las abe­jas y una claraboya junto al nido de los mirlos.
Al terminar, Baglan se sentó frente a la iglesia y rascó el lomo de la cerda con el mango de latón de su cayado. Los mirlos se posaron en sus hombros y las abejas for­maron una aureola alrededor de su cabeza. La gente acudió desde muy lejos para conocer a Baglan y visitar su asombrosa iglesia. Y a todos les encantaba ver lo bien que se entendía con los animales, los pájaros y el bosque... como un San Francisco galés.
Pero un buen día ocurrió lo que nos ocurre a todos y Baglan dejó este mundo. Y hoy de su iglesia no queda más que un montón de piedras y esta leyenda, que cuenta la historia de Baglan y del árbol de los tres frutos.

  ---Fin---

sábado, 20 de febrero de 2010

JOSEP LLUÍS PONS I GALLARZA (S.Andrés de Palomar, 1823-1894)
Estiuada

Sota l’ombra rodona
que el garrover sobre el rostoll senyala,
vull sentir una estona
la perfidiosa veu de la cigala.

Recolzat ab peresa,
pel cim de les arbredes albirant,
la vinya veig estesa
i del vilatge el fum al cel pujant.

Escolto la campana
que per l’infant que naix a l’Etern prega,
i, a la plaça llunyana,
lo corn del pescador sent com gemega.

Escataina la lloca,
escarbotant lo boll pel mig de l’era,
i estavella la soca
la destral que exsecalla l’olivera.

Tot fent cruixir l’arada,
canta lo pareller i els muls arruixa,
i la rella esmolada botant,
lo solc pel sementer dibuixa.

De rossos fruits reblida,
l’albercoquer la verda branca esqueixa;
la parra entreteixida
penjar els raïms per entre els pàmpols deixa.

Dringa allà baix l’esquella
del ramat que, trescant, pels marges guaita,
i belant fuig l’anyella
mentre lo ca, glapint, de prop l’empaita.

Més lluny, ab sa alenada,
l’embat brogent los comellars revolta,
i dalt la serralada
lo blanc molí sa antena giravolta.

Qui l’esperit no aixeca
davant eixa bellesa encisadora?
A qui deixar li reca
los falsos plers de la ciutat senyora?

Déu féu l’home a sa imatge
perquè escampàs l’alè per la planura
i la llum ab coratge
miràs de fit a fit des de l’altura.

Déu li da pensa forta
perquè admiràs del món les meravelles,
i obrí a sa fe la porta
envers l’eixam lluent de les estrelles.

Bé està l’hom baix d’un arbre
davant son Creador que li da vida;
dins ses presons de marbre,
d’ell i del món i del Senyor s’oblida.

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miércoles, 17 de febrero de 2010

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (Moguer, 1881-1958)
Cap. 45 - El árbol del corral - Platero y yo

Este árbol, Platero, esta acacia que yo mismo sembré, verde llama que fue creciendo, primavera tras primavera, y que ahora mismo nos cubre con su abundante y franca hoja pasada de sol poniente, era, mientras viví en esta casa, hoy cerrada, el mejor sostén de mi poesía. Cualquier rama suya, engalanada de esmeralda por abril o de oro por octubre, refrescaba, sólo con mirarla un punto, mi frente, como la mano más pura de una musa. ¡Qué fina, qué grácil, qué bonita era!
Hoy, Platero, es dueña casi de todo el corral. ¡Qué basta se ha puesto! No sé si se acordará de mí. A mí me parece otra. En todo este tiempo en que la tenía olvidada, igual que si no existiese, la primavera la ha ido formando, año tras año, a su capricho, fuera del agrado de mi sentimiento.
Nada me dice hoy, a pesar de ser árbol, y árbol puesto por mí. Un árbol cualquiera que por primera vez acariciamos, nos llena, Platero, de sentido el corazón. Un árbol que hemos amado tanto, que tanto hemos conocido, no nos dice nada vuelto a ver Platero. Es triste; mas es inútil decir más. No, no puedo mirar ya, en esta fusión de la acacia y el ocaso, mi lira colgada. La rama graciosa no me trae el verso, ni la iluminación interna de la copa el pensamiento. Y aquí, adonde tantas veces vine de la vida, con una ilusión de soledad musical, fresca y olorosa, estoy mal, y tengo frío, y quiero irme, como entonces, del casino, de la botica o del teatro, Platero.

---Fin---

martes, 9 de febrero de 2010

EL CASTAÑO DE "LOS CIEN CABALLOS"
Fuente: Wikipedia

                                                                                    El árbol pintado por Jean-Pierre Houël - 1777


El Castaño de los Cien Caballos (en italiano "castagno dei cento cavalli"), Castanea sativa, ubicado en la localidad siciliana de Sant'Alfio, se encuentra en el bosque de Carpineto, en la ladera oriental del Etna. Diversos estudios botánicos atestiguan una antigüedad superior a los 4.000 años, siendo así uno de los árboles más antiguos de Europa y el más grande de Italia.
La primera referencia histórica data de 1636, cuando es citado en la obra Il Mongibello de Pietro Carrera.
Cuenta una leyenda que durante una partida de caza, una reina y su séquito fueron sorprendidos por una tormenta, refugiándose bajo la protección del castaño durante toda la noche.

Situación: N 37º 45' 01" - E 15º 7' 49"


El nuevo castaño: Europa pintoresca, 
Ed. Montaner y Simón, 1882                        El árbol actualmente
Entre los diversos vegetales que acusan la maravillosa fertilidad de esta región figuran principalmente los gigantescos castaños del Etna, de entre los cuales el más famoso es el llamado Castaño "di Cento Cavalli" (de los cien caballos). Este coloso vegetal tiene ahora cuatro vástagos; contaba con cinco hasta 1852, pero se cortó uno para venderlo. Si efectivamente constituyó en otro tiempo un solo tronco debió medir doscientos cuatro pies [57 metros] de circunferencia, dimensión que excede con mucho a la del mayor de los árboles de California. Asegúrase que se debe su nombre al hecho de haber descansado bajo su frondoso ramaje una reina de Aragón con todo su séquito, que constaba de cien jinetes.
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viernes, 5 de febrero de 2010

Árboles venerables de Navarra

Nueva lista de árboles protegidos en Navarra 
Lista difundida por prensa el día 5 de Diciembre 2009

Las características y situación de la antigua lista se puede ver en Árboles singulares de la Comunidad de Navarra

La publicación de un libro parece que se retrasa
 
En negro los antiguos y en color los nuevos incluidos

1.- Eraúl - Encina
2.- Mendaza - Encina de las tres patas
3.- Mués - Encina de Cábrega
4.- Corella - Encinas
5.- Zudaire - El Centinela (quejigo)
6.- Lóndiga - Quejigo de Rala
7.- Etayo - Quejigos de Learza
8 y 9.- Jauntsarats - Dos robles
10.- Eltzaburu - Roble
11.- Fontellas - Roble de "El Bocal"
12.- Garaioa - Roble
13.- Orbaizeta - Haya
14.- Orbaizeta - Haya de Nabala
15.- Azanza - Roble de Aranza
16 y 17.- Orbaizeta - Avellanos y Arce
18.- Sangüesa - Sauce
19.- Lodosa - Álamos
20.- Olite - Morera
21.- Azparren - Espino
22.- Garde - Nogal
23.- Cortes - Roble de Santa Isabel
24.- Leitza - Abetos de Leitzalarrea
25.- Pamplona - Sequoya de la Diputación
26.- Améscoa Baja - Encina de Basaura
27.- Señorío de Bértiz - Cedro de Bértiz
28.- Arce - Enebro de Equiza
29.- Uztárroz - Pinos de Surio
30.- Urbasa - Tejo de Otsaportillo
31.- Ochagavía - Tejo de Auztegia
32.- Villatuerta - Enebro de Legardeta
33.- Améscoas - Haya de Limitaciones
34.- Lezáun - Arce
35.- Lizarraga - Roble de Izagaondoa
36.- Lesaka - Sequoya de Domiko
37.- Etxalar - Tejo
38 y 39.- Bera - Acebo y Peral (Abajo: polémica con este árbol)
40.- Leitza - Espino Majuelo
41.- Garínoain - Quejigo
42.- Echagüe - Roble
43.- Arraitz-Orkin - Roble de Orkin
44.- Olóriz - Encinas (5)
45.- Irañeta - Robles (5)
46.- Mélida - Nogal
47.- Etxarri-Aranatz - Roble                                                                                           

Han causado baja:
Haya Paraguardasol de Lakuntza (muerta)
Abeto de Austeguia de Ochagavía (enfermo)
Sequoya de la Escuela de Magisterio (un rayo la ha deformado)

El Peral de Bera, "el protegido", no está talado 

Una semana anterior a la publicación de la lista de los Árboles Protegidos de Navarra por parte del Gobierno Foral, se difundió la noticia de que el Peral de Bera  había sido talado. Se especuló sobre quién podría haber sido, ¿a quién beneficiaba?. Finalmente el día 5 de Enero pasado se publicó otra noticia diciendo que el peral en cuestión seguía vivo, que habían talado otro a unos 200m. Afortunada y desgraciadamente uno sobrevive y pero otro similar, de 150 años, ha sido talado. 
Hasta ahí la noticia, alegría y dolor.

                                                                                        Fotos de prensa
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