17 septiembre 2020

Drones y bosque

GABRIELLE LIPTON 
con IVES LAUMONIER
Potencial del uso de drones para la investigación forestal


Entrevista con Ives Laumonier, un ecologista experto en drones, en "Los Bosques en las Noticias"

    En 2012, la revista académica arbitrada Tropical Conservation Science publicó un artículo en el que anunciaba los “albores de la ecología con drones” y consideraba esta tecnología aérea como una alternativa al mapeo por teledetección satelital, gracias a sus costos competitivos y ventajas fotográficas. Desde entonces, los drones han volado velozmente a través de una nube de emprendimientos, tanto de desarrolladores como de investigadores de todos los campos, quienes están descubriendo cómo lograr una utilización óptima de estos dispositivos en su sector, además de la gestión forestal y paisajística.
          Como en el caso de toda tecnología disruptiva, el uso de drones para la investigación del paisaje forestal conlleva pros, contras, cuestiones éticas y
    horizontes prometedores. (...)

    •  ¿Cómo se interesó por primera vez en el uso de drones?
       Mosaico fotográfico de un paisaje en Borneo, resultado de una misión de vuelo a una altitud de 400 metros, que permite el análisis de la sucesión de barbechos, parcelas, cultivos mixtos y cultivos alimentarios. CIFOR Photo / Yves Laumonier.
    Mi formación universitaria es ecología vegetal y mapeo de vegetación, pero también soy piloto de avionetas. Me encanta volar y ver la tierra desde el aire, creo que es la mejor manera de comprender un paisaje. Y los drones parecían adaptarse muy bien al mapeo de cobertura terrestre a gran escala, un sustituto de la antigua fotografía aérea, que ha sido completamente reemplazada por el uso de satélites.

    • ¿Cuándo utilizó un dron por primera vez?
          En 2016, en Kalimantan, Indonesia. Al principio no fue fácil convencer a las personas de mi oficina. Se trató de una iniciativa más bien privada. Pero una vez que les mostramos los resultados, se entusiasmaron mucho.
          Realizamos nuestros primeros vuelos de prueba cerca de la frontera entre Indonesia y  Malasia. Yo estaba muy nervioso porque hay muchos militares destacados en esa zona. Fuimos a explicarles lo que estábamos haciendo para que no derribaran el dron. Pero fue como enseñar un juguete a unos niños. Incluso nos ofrecieron permitirnos usar su helipuerto.
          Volvimos en 2017, para monitorear la dinámica del paisaje y pudimos ver qué campos se habían quemado para dedicarlos a cultivos desde 2016. Iremos nuevamente pronto. Si hacemos esto cada año, durante un tiempo, tendremos un buen estudio. Mientras tanto, vamos a escribir un artículo sobre el método que empleamos para hacer mosaicos fotográficos, medir la biomasa de los árboles y otros parámetros estructurales de la vegetación. También estamos iniciando un proyecto sobre árboles ubicados fuera de los bosques, de manera específica en las fincas, y aquí también los drones tienen un gran potencial para identificar árboles aislados y pequeñas áreas de vegetación que los satélites no siempre pueden estimar correctamente.

    • ¿Qué área puede cubrir un dron?
          Con el tipo de dron que usamos, podemos cubrir entre 2.000 y 4.000 hectáreas en una sola misión. Esto puede tomar desde tres o cuatro días hasta una semana, dependiendo del clima, pues si hay mucho viento o llueve, los drones no pueden volar.

    • ¿Cuáles son las ventajas de los drones respecto a los satélites?
          Para mí, su ventaja es que me permiten monitorear paisajes de matrices muy complejas, como los paisajes tradicionales de agricultura de quema y roza, o lugares con una intensa fragmentación de hábitats y agricultura en parcelas pequeñas. En muchos sistemas agrícolas, los árboles que se encuentran en las fincas a menudo no son más que hileras de setos. Pero para las comunidades de la etnia dayak en Kalimantan, por ejemplo, son una mezcla compleja de barbechos, cultivos mixtos, caucho y fragmentos de bosque. La mayoría de los satélites no pueden distinguirlos debido a la resolución (de 10 a 30 m), pero con un dron podemos mapear adecuadamente el patrón de estos paisajes. Es posible utilizar satélites de mayor resolución, pero es muy costoso y a menudo obtener los datos es muy difícil.
          La capa de nubes es otro gran problema para los satélites. En los trópicos húmedos, a veces se obtiene tan solo una buena imagen de un área por año, y en ocasiones ninguna. Por ello los drones surgieron como una herramienta con un buen potencial, porque se puede evitar la capa de nubes.
          Además, si estoy revisando un mapa de vegetación y no estoy seguro sobre el tipo de bosque o vegetación, solía tomarme tal vez un día hacer la verificación a pie, pero ahora puedo enviar el dron y tener una respuesta en 20 minutos. Es algo sumamente útil. Y al mismo tiempo, se pueden obtener imágenes muy bonitas y espectaculares de la vida comunitaria de las aldeas.
          Con esto no quiero decir que los drones deban reemplazar a los satélites. Hay muchos sistemas satelitales de imágenes gratuitos: Landsat, y ahora uno nuevo que se llama Sentinel. Hasta el momento, el punto débil de los drones es que no pueden cubrir un área muy amplia. Una vez me preguntaron si podía utilizar drones para mapear palma aceitera, yo les respondí: “Sí, pero ¿para qué? Basta con el satélite”. Las plantaciones [de palma aceitera] son tan grandes que realmente no es necesario [el uso de drones], a menos que el dueño de una concesión quiera saber dónde hay palmas enfermas, dónde se están amarilleando las hojas, o si algo anda mal. Los datos de los drones se pueden usar para calibrar los datos satelitales.


       Lanzamiento de un dron para el “despegue”. Los minidrones de alas fijas son más difíciles de usar que los de hélices múltiples, pero son muy eficientes en el mapeo de vegetación, pueden cubrir un área mayor y es posible recuperarlos de manera más segura en caso de falla del motor. CIFOR Photo / Yves Laumonier

    • ¿Cuál es la reacción de las comunidades locales cuando ingresa con un dron?
          En CIFOR realizamos una gran cantidad de mapeos participativos, y en el pasado hemos creado mapas de croquis del terreno junto con las comunidades. ¡Es algo bueno! Pero pensamos que el dron daría resultados más realistas y a escala. Y descubrimos que las comunidades entienden muy rápidamente los mapas de mosaicos fotográficos, porque conocen los puntos de referencia: los ríos. Entonces, con su consentimiento, producimos estos mapas y luego los llevamos de vuelta [a las comunidades] para analizarlos y realizar verificaciones adicionales sobre el terreno, y con ello obtenemos un mapa a escala adecuado, que es mucho mejor que un mapa de croquis. Se los mostramos a los gobiernos locales, y hasta ahora a todos les gustan porque son mucho mejores que los anteriores, en especial si los requieren para darles estatus legal.

    • ¿Existe diálogo entre la comunidad de investigación y la comunidad tecnológica sobre el desarrollo de drones?
         Absolutamente, en especial en agricultura… Tal vez más que en el sector forestal, las personas reconocieron el increíble potencial de los drones para el monitoreo agrícola. Los agricultores han comenzado a usar drones para controlar el estado de salud de sus cultivos, y las personas que producen drones lo tienen muy en cuenta.
          La tecnología avanza a gran velocidad. Ahora existen empresas que fabrican drones para todos los propósitos imaginables: arqueología, geología, construcción, paisajes urbanos, monitoreo de volcanes. Hay mucha competencia, y la herramienta se está volviendo muy buena. Creo que pronto tendremos más drones con exactamente los mismos sensores que los satélites: infrarrojo, Lidar, que es una herramienta integral para la medición de carbono, y he visto que acaba de salir al mercado un mini-Lidar. Tal vez intentemos instalarlo en nuestro dron.

    • En cuanto a riesgos, ¿en qué contexto generan mayor preocupación los drones: mientras los utiliza en el terreno, o más adelante, cuando publica sus hallazgos?
          Pienso que en ambas situaciones. En el terreno, hasta ahora no hemos tenido problemas porque nos presentamos ante las comunidades y obtenemos los permisos necesarios del gobierno local. Pero no estábamos en áreas de conflictos potenciales entre empresas y comunidades. Cuando volamos [los drones], vimos la minería y la tala ilegales, por ejemplo. Luego me encontré con los leñadores en el bosque, pero no hicieron preguntas: el dron vuela a suficiente altura como para que sea imposible oírlo entre el ruido de sus motosierras…
          Ya con los satélites hay que lidiar con conflictos entre parques nacionales y aldeas locales. Mostrar los datos puede ser un gran riesgo. O en el caso de la minería de oro en Kalimantan, que afecta las márgenes de los ríos: algunas áreas se han convertido en desiertos de arena blanca que ya no se pueden rehabilitar. Las empresas estarían realmente molestas si mostramos detalles de sus operaciones.
    • Éticamente, ¿está obligado a publicar sus hallazgos de todos modos?
          Yo me inclinaría a hacerlo. Siento que, como científicos independientes, necesitamos mostrar lo que está sucediendo, observar la degradación del medio ambiente, etc. Es importante que sigamos haciéndolo. Creo que deberíamos ser completamente libres de publicar lo que encontremos y que sirva como evidencia.
    • ¿Cuál es tu sueño en lo que respecta a los drones?
          Un dron que pueda recolectar hojas de los árboles. Para la identificación de especies, se requiere recolectar [hojas] de árboles de 60 metros de altura. Para ello usamos trepadores de árboles, pero siempre tengo miedo de que la persona se caiga. Es un trabajo pesado siempre. Y si los investigadores no logran convencer a los lugareños de trepar a los árboles y vuelven solo con los nombres locales de las especies, ello tiene poco valor y puede llevar a una evaluación errónea de la diversidad y la distribución de las especies. He usado monos [para la recolección], y fue genial, pero uno termina en la mira de los activistas de animales. Realmente necesitamos drones que puedan recolectar ramitas y hojas del dosel, ese sería mi dron soñado.
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    14 septiembre 2020

    Takahashi en Kagawa, el cronista de Japón (033)

    TAKAHASHI HIROSHI (Japón, 1960)
    El gran alcanforero de Shishijima (prefectura de Kagawa, Japón)
    Especie: Kusunoki (Cinnamomum camphora), familia Lauraceae, género Cinnamomum)
    Dirección: Shishijima 172, Takuma-chō, Mitoyo-shi, Kagawa-ken 769-1109
    Perímetro del tronco: 11,64 m.   Altura: 28 m.     Edad atribuida: 1.200 años
    Designado monumento natural de la prefectura de Kagawa
     Tamaño: ★★★★★   Vigor: ★★★★★  Porte: ★★★★★   Calidad del ramaje: ★★★★★     Majestuosidad: ★★★★

    Shishijima es una isla de 3,8 kilómetros de contorno situada a 5,5 kilómetros al noroeste del puerto de Takuma, en la ciudad de Mitoyo (prefectura de Kagawa). Encontraremos allí el gran alcanforero de Shishijima (Shishijima no Ōkusu), que se ha convertido en el gran símbolo de esta minúscula isla.
          En su momento de mayor auge la isla, en cuyos mares circundantes hay excelentes caladeros, alcanzó una población de 1.000 habitantes, pero desde el periodo de rápido crecimiento económico conocido como el “milagro japonés” comenzó a despoblarse y hoy en día se dice que apenas viven en ella 10 o 15 personas.
          Es, pues, una islita silenciosa, rara vez visitada por forasteros, pero en todos sus rincones pueden verse tableros informativos que nos guían hacia el gran alcanforero, evitando que nos extraviemos, lo cual es de agradecer. Hay que partir del puerto, dejar atrás el viejo caserío y, sin más preámbulo, acometer una dura subida que nos llevará unos 20 minutos a pie. Allí encontraremos el alcanforero, que, con sus grandes ramas que se extienden horizontalmente, semeja una gran mano que estirase los dedos a más no poder. El porte de este árbol es realmente magnífico y en cuanto a vigor tampoco se puede pedir más, pues no presenta ningún hueco. Uno se emociona ante esa figura con la que parece dar la bienvenida al visitante.

          Se dice que, hace mucho tiempo, este árbol fue engullido por un corrimiento de tierras y que los terrenos alrededor de su base se elevaron y todavía se elevan cinco metros sobre su nivel original. Con esto el misterio de su extraña forma, con una rama partiendo horizontalmente desde la misma base, puede darse por resuelto. Cabe pensar que antes de aquel corrimiento fuera un árbol todavía más grande que el actual, un árbol que nos habría gustado mucho poder contemplar, porque probablemente estaríamos ante uno de los alcanforeros más grandes del país.
          Tanto el árbol como sus inmediaciones son objeto de una esmerada atención y la forma en que se ha conservado el entorno es simplemente conmovedora. Dicen que se afanan en su conservación más de 30 voluntarios, que acuden de los pueblos vecinos. Con sus vistas sobre el mar interior de Seto, que son magníficas, se ha conseguido un paisaje realmente soberbio, en el que el tiempo parece haberse detenido. Un alcanforero que, quien no tenga que estar pendiente de los horarios de los barcos, deseará contemplar horas y horas.

    Número 033 del mapa  
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    11 septiembre 2020

    Un naranjo sin culpa, del narrador de historias

    TOMÁS CASAL PITA
    Un naranjo sin culpa
     
    (...) Al norte de La Coruña en el Ayuntamiento de Ortigueira está Pazo de Brandaríz. Se trata de una finca cuyo caserón originario del siglo XV, ha pasado a nuestra historia moderna por un árbol. Allí, en el jardín de la Capilla, crece un naranjo que tiene el número 33A en el catálogo de “Árbores Senlleiras de Galicia” con el nombre de “Naranjo Obsceno del Pazo de Brandaríz”. 
         Se trata de un naranjo amargo, aparentemente normal, que produce unos frutos “descarados” que se cubren de protuberancias e imitan órganos sexuales humanos. Las modificaciones afectan también al interior y la distribución de los gajos pierde la orientación radial típica de los cítricos. Si bien la gente es reacia a su consumo, los propietarios hacían confituras con ellos. La presencia de este singular cítrico se remonta al menos al siglo XVIII y entra de numerosas maneras en el imaginario popular. Existe una versión según la cual un obispo de Mondoñedo (Diócesis a la que pertenece) entabló y ganó un pleito con los propietarios hasta conseguir que tan obsceno árbol fuese cortado, porque estando en terreno muy próximo a la capilla, ofendía a Dios. Por algún motivo (semilla, raíz, o lo que fuese) nació otro árbol en un lugar próximo (el actual) con las mismas características que el cortado, ante lo cual el propietario solo manifestó que no era posible cortarlo, puesto que ya había quedado muy claro que su existencia era por la voluntad misma de Dios.
          Ya se sabe que en terreno de leyendas, siempre hay múltiples versiones. Según algún investigador, en el Archivo Diocesano, no se conserva noticia alguna de tal pleito. Según una nota de prensa del siglo XIX, la muerte del naranjo fue debida a un rayo pero, antes de que se notase su ausencia, ya otro ejemplar próximo producía el mismo tipo de frutos. Sea como fuere, todas las versiones apuntan a esa dualidad de árboles. En fenómenos así, incluso han entrado los parapsicólogos (cuestión de gustos y creencias) que dan al fenómeno el nombre de “ideoplastia”, siendo citado también un limonero en Laredo (Cantabria) cuyos frutos tenían forma de pata de perro, presuntamente por haber enterrado un animal de estos bajo el árbol. (... ) Así mismo, les ruego no confundan este fruto con el cidro “mano de Buda” o con los limones atacados y deformados por el “ácaro de las flores”. A nivel más serio, podemos decir que se trata de una variedad de naranjo amargo (Citrus aurantium L. var. corniculata Risso) conocida desde el siglo XVI-XVII como Aurantium hermafhroditum sive corniculatum, que en Bari (Italia) recibe el nombre popular de auraci masci e femminé, y que figura en la colección de cítricos del Jardín Botánico de la Universidad de Nápoles.

    Fotos formación de los libros “Árbores e formacións senlleiras de Galicia” (2009) y de “Árboles monumentales en el patrimonio cultural de Galicia” (2003), editados por la Xunta de Galicia.



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    09 septiembre 2020

    Tamadaba resucita

    MARÍA SANTOS
    Tamadaba resucita un año después


    Termina una semana de auténtico inferno para las islas afortunadas. El archipiélago canario se ha enfrentado nuevamente a un episodio extremo de altas temperaturas, polvo sahariano en suspensión, apenas humedad y vientos fuertes del este. Ingredientes que encienden todas las alarmas por riesgo extremo para la salud y de incendios.
          Durante el miércoles 26 de agosto se superaron los 40 grados en las medianías, zonas interiores de las islas por encima de los 300 metros de altitud, de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote, por la noche no se bajó de 30 grados en algunos puntos del archipiélago donde la temperatura mínima fue de 32 grados centígrados.
          La situación geográfica de las islas, su relieve con elevadas montañas y barrancos, que acumulan calor en esas simas y provoca subidas súbitas de temperaturas, ponen al archipiélago ante uno de sus mayores riesgos, agravados por el cambio climático, la sequía, el cambio en el territorio o el abandono del sector primario: el fuego.
          Esta semana se cumplía un año de uno de los peores incendios vividos en las Islas Canarias de los último 30 años, y, sin duda el más grande de los registrados en 2019 con una extensión de 78 kilómetros de perímetro, desde Valleseco al Parque Natural de Tamadaba y 12.000 hectáreas calcinadas.
          Más allá de la superficie quemada el fuego de Gran Canaria es considerado como “el peor incendio forestal de los últimos años en España” porque afectó a un “rico patrimonio natural, numerosas especies endémicas y amenazadas y que es vital para el abastecimiento de agua potable en la isla”.

          Poco antes del triste aniversario, y en vísperas de ponerse al frente del incendio que estos días ha consumido parte de La Garafía en la isla de La Palma, el jefe de Emergencias, Federico Grillo, detalló que el incendio del año pasado se llevó por delante el 32% del Parque Natural de Tamadaba, pero “se está recuperando sin problema, incluso ya se pueden ver muchísmos rebrotes y pinocha”.
          Ya explicaba a este medio el año pasado la importancia de las especies endémicas del archipiélago, como los madroños, las fayas o el pino canario, un árbol ignífugo con una gran capacidad de recuperación tras el paso de las llamas.
     

    Perfil del pino canario
    Pinar de Tamadaba, Gran Canaria
    Características: El pino canario (Pinus canariensis) es una conífera única en el mundo, que crece solo en Canarias y tiene la capacidad, a diferencia de otros pinos, de ser relativamente tolerante al fuego y ser capaz de reverdecer después de un incendio. De porte piramidal, puede alcanzar los 40 metros aunque lo normal es que se sitúe entre los 15 y 25 metros. En Canarias existen ejemplares monumentales, como los famosos pinos de Villaflor, en Tenerife, que llegan a los 60 metros. Sus hojas son aciculares, finas y aparecen agrupadas de tres en tres.
    Hábitat: Es un árbol que se adapta a superficies muy variadas y es capaz de desarrollarse en paredes de roca casi verticales. La especie,se extiende por Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro. También existen plantaciones en el área mediterránea, y en algunos puntos de EEUU como California, todos ellos, lugares de clima templado-cálido.
    Distribución: El 60% de toda la superficie forestal de Canarias (unas 120.000 hectáreas) está poblada por esta especie.
    Situación: Los pinos canarios pueden formar bosques mixtos, con palmeras y sabinas (zonas cálidas) o con brezos y fayas (zonas húmedas). También puede extenderse en grandes extensiones de bosque como especie predominante.
    Usos: Su principal uso es la reforestación aunque también tiene aplicaciones ornamentales. La pinocha se usa como cama de ganado y para abonar huertas.
    Amenazas: Le perjudica el cambio climático, los incendios demasiado frecuentes y las plagas.

         Hoy, poco más de 365 días después, gracias a la contribución de 150 ciudadanos anónimos podemos constatar la evolución de las zonas afectadas por los incendios forestales de agosto de 2019 que el proyecto Fénix realiza desde noviembre enviando sus fotografías desde alguno de los 16 puntos de observación (tótems) que ha instalado en las cumbres.

    Deetalle del incendio de Gran Canaria y del área del parque natural de Tamadaba uniendo capturas de luz visible e infrarrojos. Foto: Agencia Espacial Europea
          Gestionado por un equipo multidisciplinar, ajeno a la administración pero impulsado por el Cabildo de Gran Canaria, Fénix Gran Canaria estudiará al menos hasta octubre de 2021 las distintas velocidades y condiciones de recuperación de la flora y las ha analizado con motivo del primer aniversario de los tres fuegos que quemaron unas 12.00 hectáreas y obligaron a evacuar a 20.000 vecinos de distintos municipios.

    Tamadaba 

    En Tamadaba, el pulmón de la isla, allí donde el coordinador de la lucha contra el fuego, Federico Grilllo, llegó a decir que el incendio “era inextinguible y que ningún hombre era capaz de detener esas tormentas de fuego”, el estado de recuperación es bueno tras este incendio de sexta generación.
    Bomberos en 2019
    Tamadaba
         El suelo está cubierto por especies herbáceas arbustivas como las Jaras, Corazoncillos o Gamonas, características estas por su floración blanquecina tras un incendio. Las huellas en este pinar son variables y menores a medida que se entra en su interior.
          El grado de recuperación del arbolado es alto, dominando de nuevo el verde general pese a las cortezas ennegrecidas.
    Sin embargo, afirma el informe de Fenix Gran Canaria, el daño “es apreciable en algunas repoblaciones de enriquecimiento” aunque con muchos nuevos brotes.
          En masas jóvenes o repobladas con especies de sotobosque de monteverde se han producido daños al observarse brotaciones basales. Algunos ejemplares no han sobrevivido, no por el efecto de las llamas sino por una exposición prolongada por un paso lento de las llamas. La recuperación de las masas adultas de pinar es bueno, con abundante rebrote de acículas (hojas).

    Artenara

    Artenara 2020. Fenix Gran Canaria En Artenara y Tejeda los incendios, junto a la crisis sanitaria de los últimos meses, han supuesto “un duro golpe para la población” y para la apuesta por el turismo de
    Artenara 2020
    naturaleza, natural y gastronómico del que se sustenta la región, concluye el informe del proyecto Fénix.
          En Artenara, ”la marca sobre el paisaje y sobre todo sobre las conciencias de los vecinos sigue siendo patente”. Allí el incendio despejó bancales abandonados que evidencian su potencial agrícola.
    Desde Lugarejos se ve cómo el abandono agrícola y la proliferación del matorral y el cañaveral son mechas para conducir el fuego, usando las pendientes como lanzaderas hacia Tamadaba.
          Albarrada o bancal de piedra para contener la erosión del suelo Desde Las Hoyas o El Sargento, se observa cómo castigó al pinar canario repoblado y que a estas masas les está costando recuperarse y precisen de claras para ganar fuerza.
          Además, «gran parte del suelo permanece desprotegido», por lo que se ha hecho un esfuerzo para construir albarradas (bancales sostenidos por un muro de piedra sin argamasa) para contener la erosión.
          En Tejeda, donde la población tuvo que ser evacuada en dos ocasiones, el paisaje se ve «muy recuperado y sólo se ha echado en falta el esplendoroso florecer de los almendros de comienzos de año». Bajo Riscos de Chapín aún se aprecian las manchas sobre las rocas dejadas por el fuego y también se notan desde el mirador de Los Almendros.

    Evolución de la vegetación en la zona 0 de Tamadaba | Foto: fenixgrancanaria
    Valleseco: zona cero del incendio
          En la zona cero la intensidad del fuego fue elevada por la presencia de barrancos con mucha pendiente que provocan mayor longitud de llama, mayor velocidad de propagación y un efecto chimenea.     Desde Cueva Corcho la vista sugiere un alto grado de recuperación, «pero se trata de vegetación herbácea anual y helechal que rebrota por las buenas condiciones del fondo de barranco».
          En las laderas observables desde Galaz o Montaña Pajaritos los efectos «son notables» porque afectó a pino radiata que no rebrota como el autóctono. De hecho, en algunas zonas ya empezó su tala para ser repobladas en invierno con especies canarias.
         También se ven madroños, fayas o pinos canarios repoblados hace 10 años logrando rebrotar, «lo cual es un ejemplo claro de la resistencia y adaptación de la flora canaria».



           En la dorsal de la cumbre que va desde cerca de los pinos de Gáldar hasta la dorsal que separa las vertientes Norte y Sur, desde Doña Paca, en la trasera del Monte de Pavón, se nota un gran rebrote del helecho en una ladera repoblada hace 12 años con monteverde desarrollado que aún no ha rebrotado y debe despuntar en unos meses sobre el helechal.
          Desde Fuente Fría, pese al rebrote de especies herbáceas tapizantes, todavía se ven marcas del incendio: olmos con una profusa brotación de raíz y pinos radiata calcinados que aprovechan los pájaros carpintero.

    Evolución de la vegetación en la zona 0 de Tamadaba | Foto: fenixgrancanaria
    Evolución del Pinar de Tamadaba
          Vista desde Cueva Caballero la recuperación «está siendo algo más lenta, con un tímido rebrote del pinar más afectado y ejemplares dispersos de alelíes y salvias». En este pinar de repoblación las quemas prescritas lograron que, pese a la intensidad del fuego, «algunas copas siempre permanecieron verdes».
          El incombustible corazón de Gran Canaria Tras un recorrido por los últimos 20 años de historia de incendios en Gran Canaria, solo tres han generado la mayor superficie quemada: el de 2007 (18.000 hectáreas), el de 2017 (2.000 hectáreas) y los de 2019 (9.800 sumando el de Artenara y Cazadores).

          Pero si echamos la vista atrás, la joya forestal de Gran Canaria que llevaba treinta años sin vivir un incendio hasta 2019 sufrió una docena de quemas en 160 años.
          1860 es el primer año que queda registrado en un documento oficial un incendio de Tamadaba. Pero realmente el primer gran fuego recogido por la prensa local data de julio de 1861. Lo anecdótico del mismo es que la población de la Isla se enteró días después de que comenzase gracias a que las llamas fueron atisbadas por la tripulación y pasajeros de la goleta ‘Tinerfe’ cuando se dirigía hacia el Puerto de Las Nieves. Ese fuego acabó con todo el monte de Tamadaba desde Artenara.
          La Reserva de la Biosfera de Tamadaba llegó a sufrir seis incendios en siete años, desde 1919 hasta 1936. Algunos de ellos llegaron a quemar el pinar al completo. Pero éste renacía una y otra vez y de su extinción siempre se encargaban los vecinos de Agaete y Artenara, quizá los réditos obtenidos por ganaderos y agricultores favorecieran estos “fuegos regeneradores”.
          El 28 de julio de 1959, las llamas aparecieron en el llamado Lomo de la Diferencia cuyo sendero dirige hacia las Presas de Lugarejos y Los Pérez. En ese fuego, los jóvenes que se encontraban en el Campamento del Frente de Juventudes se convirtieron en los héroes del momento, ya que fueron los primeros en atacar a las llamas hasta que llegaron los refuerzos, de nuevo, desde Agaete y Artenara.
          El siguiente de importancia ocurrió el domingo 7 de agosto de 1988 obligó a evacuar a 200 personas y quemó 4 kilómetros de terreno y 200 hectáreas de pinar.


           Aunque parezca que la resistencia del pino canario no tenga fin y la capacidad regeneradora de las tierras volcánicas de estas Islas Afortunadas sea infinita no hay que bajar la guardia.
         En esta ocasión el pino isleño responde nuevamente y la fortuna vuelve a sonreir a Tamadaba con unas temperaturas suavizadas por el paso de los alisios que recorren la isla de Gran Canaria, que otra vez verá reverdecer, como ave Fenix de las cenizas, su pulmón verde y su fuente de agua.

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