08 noviembre 2015

MANUEL RIVAS (La Coruña, 1957)
El grito de un olivo

Iciar Bollaín está rodando una nueva película en la que el protagonista principal es uno de los personajes más fascinantes del universo: un olivo. La historia de un árbol milenario arrancado de un olivar del Bajo Maestrazgo, en el Mediterráneo, para ser replantado como adorno en Düsseldorf, Alemania.
     Ella dice que tiene la forma de un cuento. Un cuento con un principio de realidad sobre lo que ha pasado en este país y en Europa en los últimos años. Y un cuento que sueña. Somos sombras que sueñan. Bravo. Necesitamos cuentos, esas historias que germinan en la memoria profunda como las raíces del olivo. El olivo se puede amputar, quemar, pero si conserva las raíces, rebrota. El cuento es ese lugar donde se desnace y renace. Una penumbra tocada por la luz. Nabokov defendía que el origen de la gran ficción, literatura o cine, estaba en cuentos primitivos como el del pastor y el lobo. En esos cuentos germinales estaban muy presentes el peligro, la injusticia y el miedo. Sobre todo un tipo de miedo que atraviesa la historia y corroe las entrañas: el miedo al abandono.
     La sensación que tenemos ante un árbol es que es una expresión de lo humilde y lo sublime a la vez. Ese es el sentimiento que desgarra al abuelo Luis, el patriarca de la familia que se desprendió del olivo. Lo vendieron contra su voluntad, por el valor de un pequeño alivio en tiempo de crisis. El viejo se ha quedado desgajado de la tierra: a-terrado. No habla. Finalmente, tampoco come. En el “cuento” de El olivo, con guion de Paul Laverty, aparece una heroína contemporánea, Alma (Anna Castillo), la nieta de Luis. Una muchacha de aire punk, que trabaja en una granja de cría de pollos, frágil y fuerte a la vez, que con la complicidad de otra víctima de la crisis, su tío Alcachofa (Javier Gutiérrez), se atreve a la “transgresión” y a la “prueba” de intentar recuperar el “objeto mágico desaparecido”. Y eso exige una “partida”. Plantarse en Alemania.
     El olivo es un personaje real y un símbolo. Solo le falta hablar para ser un testigo de cargo. O habla a su manera. Hablar hablan en el Paisaje con olivos, de Vincent Van Gogh. Son árboles que se retuercen y gritan como lo hace el humano en El grito, del pintor noruego Edvard Munch.
     En el lenguaje religioso, en la época medieval, se distinguía entre el sermón humilde y el sermón sublime. La sensación que tenemos ante un árbol, y más ante un viejo árbol, es que es una expresión de lo humilde y lo sublime a la vez. Hay una gran verdad en comparar la arquitectura de un buen árbol con una catedral. Hay una voluntad de unir cielo y tierra. Y todavía mejor se alberga una nube de estorninos: Murmuration le llaman los ingleses a esa insigne bandada. La visión de un árbol caído, abatido, aunque sea por una decisión motivada, resulta inquietante para la mirada humana. El de “No hacer leña del árbol caído” es uno de los mejores logros éticos del refranero español, aunque es lástima que predomine la escuela vejaminista de “A perro flaco, todo son pulgas”.
      “La patria del hombre es la infancia”. Es muy célebre y celebrada esta definición del poeta alemán Rilke, pero a mí me convence más la del poeta canario Nicolás Estévanez Murphy que tuvo la valentía de escribir: 
                “Mi patria no es el mundo;
                mi patria no es Europa; 
                mi patria es de un almendro
                la dulce, fresca, inolvidable sombra”. 
     Y eso que Estévanez, hay que decirlo, además de ministro de la Primera República, fue un pionero europeísta en el exilio. Pero digo lo de valentía poética porque hubo muchos que le tomaron el pelo con la sombra del almendro. Entre ellos, Miguel de Unamuno, que después de visitar en La Laguna la casa nativa del poeta y el almendro, va y escribe: “¡Pobre del que no tiene otra patria que la sombra de un almendro! Acabará por ahorcarse en él”. No creo que ni Estévanez ni el almendro se mereciesen semejante hostialidad.
     Los árboles son buena gente. Podríamos tomar por excepción bélica la del bosque de Birnam, que se mueve en la noche, justiciero, hacia el castillo de Macbeth. A lo largo de la historia, siempre ha ocurrido lo contrario. Es lo que podríamos llamar la “violencia catastral”. Los olivos han sido víctimas frecuentes. No sé si un olivo es una patria, pero una excavadora arrancando de raíz un campo de olivos es, además de una barbaridad ecológica, una profunda humillación que se lleva todo por delante: la sombra, la patria y hasta la infancia.
      También el cine es como un olivo. Hay que tener mucho cuidado con lo que se arranca.
-----

OLIVOS CON LES ALPILLES AL FONDO. VINCENT VAN GOGH

-----

31 octubre 2015

EL CEPO, en la noche de las Ánimas
Vegalatrave del Alba - Zamora

Los mozos de Vegalatrave de Alba cada año reviven el ritual funerario del Cepo, celebrada en la noche de Ánimas (1 de noviembre), arrancan una encina, subastan la leña y convidan a los vecinos. 
     La ancestral tradición del "Cepo" se lleva a cabo, desde hace más de 500 años, en la festividad de Todos los Santos, rinde culto funerario a los antepasados. Ésta es una tradición de las pocas de su estilo que se mantienen vivas en España. En sus inicios el "Cepo" era llevado hasta las inmediaciones de la ermita de "Los Mártires" San Fabián y San Sebastián, que está situada a la entrada del pueblo. El ritual cambió de lugar, se desplazó al centro del pueblo en el siglo XVI con la construcción de la iglesia de San Lorenzo Mártir.
      Cada año los mozos acuden al ayuntamineto para hacer "La Pedida" del árbol. La máxima autoridad civil les concede un árbol, normalmente una encina, con el correspondiente permiso del Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León.
      La mozos se dirigen al lugar con un carro y los utensilios. La tradición manda que la encina no puede ser talada para derribarla, sino arrancada de cuajo, lo que conlleva un duro trabajo dadas las grandes raíces que deben descubrirse a base de pico y pala hasta que el árbol es derribado. Después se trocea el tronco, se carga en el carro y la comitiva se dirge al pueblo. Al divisarlos desde el pueblo las campanas de la iglesia comienzan a "Encordar" -tañer a muerto-. La leña menuda, las ramas, tienen históricamente el cometido de alimentar la lumbre que permanece encendida toda la "Noche de Difuntos" mientras los mozos, ininterrumpidamente, les rendían culto encordando.
      La leña más gruesa ya troceada, cumpliendo la ancestral tradición, se subasta públicamente. Con este dinero -el año pasado fueron 350 €- los mozos convidan a los vecinos a base de buenos manjares regados con los delicados vinos que se producen en Vegalatrave. 
-----

27 octubre 2015

Alquézar
TEJO DE LOS SANTOS
Desde Alquézar, Huesca

Nos dirigimos a Alquézar una de las antiguas fronteras entre moros y cristianos y ahora uno de los reinos del nuevo turismo, el barranquismo. El pueblo está muy bien cuidado y concurrido en ciertos periodos del año. Pero queremos visitar a su vecino más longevo y olvidado, el Tejo de los Santos.
San Pelegrín
Tomamos el coche y nos dirigimos por detrás del depósito de agua, al lado del aparcamiento superior, para tomar el camino que va al Mesón, hacia la sierra de Sevil. El recorrido
Mesón
nos lleva a través de San Pelegrín y, como el camino se va deteriorando dejamos el coche en el cruce que nos llevaría a la ermita de la Virgen de la Viña. Desde allí, sin dejar el camino principal, hasta que lleguemos al mesón son unos tres km.

Castillo de los Santos
En el mesón tenemos carteles que nos indicarán la dirección y la topografía de la senda, así como alguna historieta. Desde el Mesón son 2,5 km en una vereda orientada al sur con una luz y paisajes extraordinarios.

Al llegar al final de la senda, en el farallón que da a la subida al castillo encontraremos una señal que nos indicará una senda nueva para nuestro regreso -Mesón 40 min-. Si seguimos esta señal encontraremos la que nos indique la inminente visión del tejo, situado en la cara norte y pegado al roquedo. Descendemos por una pequeña cascajera y lo tendremos a la vista. Antes habremos podido contemplar una espléndida y descomunal hiedra.

Tejo de los Santos
Roquedo del castillo
A este tejo se e calculan unos 700 años, tiene una altura de 13 m y la circunferencia de su tronco -a 1,30m- es de 3,55m. Nos cuenta Bernal que este tejo tenía un compañero pero que lo cortaron en la década de los 50 para que su tronco sirviera de tajador de una carnicería. Pero os dejo el enlace de Bernal que os contará bellas historias del lugar.
     La ruta no necesita apoyo de GPS porque está muy marcada, salvo que las circustancias climáticas sean muy adversas, pero no tiene desvíos. 

Datos del Tejo:
Edad: +/-700 años
Altura: 13 m.
Circunferencia a 1,3m: 3,55m


Umbría del Castillo. Centrada en la foto está la imponente hiedra y, abajo a la derecha, el Tejo
Ruta en Wikiloc

-----