13 noviembre 2010

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (Moguer, 1881-1958)
Platero y yo - Las brevas - IX

Fue el alba neblinosa y cruda, buena para las brevas, y, con las seis, nos fuimos a comerlas a la Rica.
      Aún, bajo las grandes higueras centenarias, cuyos troncos grises enlazaban en la sombra fría, como bajo una falda, sus muslos opulentos, dormitaba la noche; y las anchas hojas - que se pusieron Adán y Eva- atesoraban un fino tejido de perlillas de rocío que empalidecía su blanda verdura. Desde allí dentro se veía, entre la baja esmeralda viciosa, la aurora que rosaba, más viva cada vez, los velos incoloros del oriente.
      ... Corríamos, locos, a ver quién llegaba antes a cada higuera. Rociillo cogió conmigo la primera hoja de una, en un sofoco de risas y palpitaciones. - Toca aquí. Y me ponía mi mano, con la suya, en su corazón, sobre el que el pecho joven subía y bajaba como una menuda ola prisionera - . Adela apenas sabía correr, gordinflona y chica, y se enfadaba desde lejos. Le arranqué a Platero unas cuantas brevas maduras y se las puse sobre el asiento de una cepa vieja, para que no se aburriera.
      El tiroteo lo comenzó Adela, enfadada por su torpeza, con risas en la boca y lágrimas en los ojos. Me estrelló una breva en la frente. Seguimos Rociillo y yo y, más que nunca por la boca, comimos brevas por los ojos, por la nariz, por las mangas, por la nuca, en un griterío agudo y sin tregua, que caía, con las brevas desapuntadas, en las viñas frescas del amanecer. Una breva le dio a Platero, y ya fue él blanco de la locura. Como el infeliz no podía defenderse ni contestar, yo tomé su partido; y un diluvio blando y azul cruzó el aire puro, en todas direcciones, como una metralla rápida.
      Un doble reír, caído y cansado, expresó desde el suelo el femenino rendimiento.

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09 noviembre 2010

ANNA MONTERO (València 1954)
Arbres de l'exili

Amaga l’arbre un riu
sota l’escorça
al cor d’aquest desert
on el record sedeja
amaga l’arbre un bosc
sota l’escorça
i és en l’escletxa
que dius amor
on arrela i s’enlaira
al cor d’aquest país
on la memòria
s’encova al fons del mots
i germina.
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29 octubre 2010

EL CIPRÉS DE SILOS
Ricardo García Villoslada

 I (de día)

Ciprés de Silos, monje con capucha,
que con voz susurrante y solitaria
rezas fuera del coro. Tu plegaria
allá en el cielo azul alguien la escucha.

Mucha es tu fe, tu fortaleza mucha.
Dios te otorgue existencia milenaria
en premio a tu virtud –milicia diaria–
que contra el mundo y el demonio lucha.

Monje madrugador, yo sé que sales
de tu celda en las horas matinales
a gozar de este claustro palaciego.

Y absorto aquí te quedas todo el día,
mientras te canta la pajarería
aquel soneto de Gerardo Diego.

II (de noche)

Monje ciprés, ¿por qué no te recoges
a tu celda, si es ya noche cerrada?
Mira que va a hacer frío, y tras la helada
temo que venga lluvia y que te mojes.

El abad ¿no te manda que te alojes
en el monjío –oveja en la majada–?
No esperes a que asome la alborada
y la escarcha humedezca prado y bojes.

¿Qué haces o piensas en la noche fría?
¿Ver estrellas? ¿Cursar astronomía?
¿Soñar? ¿Cabecear? No te amohínes,

si ante de que amanezca el sol de oro
te hacen entrar con los demás al coro,
a salmodiar nocturnos y maitines.

Mayo-1976
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25 octubre 2010


ANTONIO MACÍAS LUNA (Sevilla, 1944)
A un alcornoque

Tu tronco desciende en acantilado
sobre Sietearroyos; orilla escarpada
donde se deshace el corcho acabado,
abierto en canal de tu piel vejada.
El agua corroe tu añejo esplendor
y ríe entre espumas, huyendo de ti.
Compañero, sigo buscando el amor,
que me dio la espalda y renuncia a mí.
¡Oh, tosco alcornoque, paraguas abierto
de ramas vencidas por pesada copa,
levanta, atrevido, tu emparrado muerto
al triste y sombrío palio que te arropa!
Ya el gris del otoño tus verdes apura;
te ronda el invierno, mi callado amigo.
Deja que me arrime a tu costra dura
y, aferrado a ella, solloce contigo.

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