domingo, 28 de abril de 2013


JOSÉ Mª CUMBREÑO (Cáceres 1972)
Árbol sin sombra 

No tala el leñador los troncos de los árboles,
sino sus sombras, que arden más despacio.
Llueve sin remordimiento en el mar.
Agua dulce que accede a ser estéril.
Agua maldita que nada fecunda.

Los cálculos del topógrafo
revelan dónde iniciar el desmonte.
La desembocadura traicionará al deshielo.
Servidumbre inescrutable
de la sed y la fatiga.

Si el calor no instilara
a la tierra el afán de la arena
ni al surco el del cauce seco.

La equidistancia
del río evaporado.
El hedor de la leche corrompida en las ubres.
Semen de sal.
El insomnio de las embarazadas
ha podrido la cosecha.

Durará la vida lo que dure el fuego.
Los árboles no darán ya sombra
en la que sentarse a descansar.
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martes, 23 de abril de 2013


Ben el Valiente
Mathilde Stein y Mies van Hout. 
Intermón Oxfam, 2007, Cuento infantil sobre los temores. Cuento perteneciente al Proyecto Cuentos para Crecer.


«¡Soy tan cobarde!», se dijo Ben. «Cuando alguien se cuela en la fila de la panadería, no digo nada. Cuando llevo mi peto de flores preferido, tengo miedo de que se rían de mí. Y cuando oigo ruidos raros por la noche, pienso que hay un fantasma debajo de la cama. Necesito ayuda».
Ben consultó la sección de «Ayuda para cobardes» de las Páginas Amarillas, y encontró el número de «El Árbol Mágico».
El anuncio decía: «Previa petición hora. Éxito garantizado». «¡Mágico! Es justo lo que necesito», pensó Ben, y llamó para pedir cita. A la mañana siguiente Ben se internó en el oscuro y agreste bosque donde vivía el Árbol Mágico.
«Estoy en el agreste bosque en compañía de todas las agrestes y extrañas criaturas», había dicho el árbol por teléfono. «Pero son inofensivas, así que no tengas miedo».
Menos mal que el Árbol Mágico había advertido a Ben. Un terrible dragón apareció de repente en el sendero del bosque. Expulsaba grandes nubes de humo por la nariz y, de vez en cuando, escupía fuego.
—¿Dónde crees que vas? —rugió el dragón.
Lo único que pudo hacer Ben fue tragar saliva. Pero recordó que el Árbol Mágico le había dicho que no tuviera miedo, así que miró a los amarillos ojos del dragón y dijo:
—Hola, Dragón. Voy a ver al Árbol Mágico. Tengo cita.Para sorpresa de Ben, el dragón le contestó con suma cortesía:
—Sigue todo recto y gira a la izquierda en el tercer esqueleto colgante. Dale recuerdos de mi parte al Árbol Mágico, si eres tan amable.
Tan pronto como Ben entró en el bosque, oyó un fuerte siseo… y antes de darse cuenta de lo que ocurría, se encontró colgando cabeza abajo de una telaraña.
Una enorme araña peluda se arrastraba hacia él.
—¡Hummm! —siseó ella—. ¡Mi comida favorita!
Menos mal que Ben sabía que la araña era inofensiva, porque si no se hubiera muerto de miedo.
—Hola, Araña. ¿Podrías soltarme, por favor? Tengo que ver al Árbol Mágico.
—Vaya —dijo la araña suspirando—. Qué pena —pero desató todos los nudos—. Dile al Árbol Mágico que su bufanda está casi lista —añadió—. Y que tengas buen viaje.
Ben siguió recorriendo el bosque. Estaba tan oscuro que no podía ver el sendero. Por fin distinguió una flecha con las palabras «Árbol Mágico», pero en ese preciso momento una mano helada le agarró del cuello.
Horrorizado, Ben se dio la vuelta. Una fea bruja se alzaba ante él. De su pelo colgaban arañas y cucarachas, olía mal y sus ojos centelleaban con maldad.
—¿Qué haces en mi jardín? —cacareó. «¡Cáspita!», pensó Ben. «Menos mal que sé que no hace nada horrible».
—Buenos días, señora —dijo muy educado—. No sabía que estaba en su jardín. Voy de camino al Árbol Mágico.
—Bueno —dijo la bruja—. No te preocupes. Aquí tienes una calabaza para el Árbol Mágico. Le saldrá un pastel estupendo.
Ben siguió adentrándose en el bosque. Los murciélagos revolotearon sobre su cabeza y oyó aullar a los lobos y otros alaridos espeluznantes, pero no hizo ningún caso. Giró a la izquierda en el tercer esqueleto colgante.
Allí estaba el Árbol Mágico, grande e imponente.
—Hola, Árbol Mágico —dijo Ben—. Soy Ben. Tengo una cita…
—Perfecto —dijo el Árbol Mágico—. ¿Has visto al dragón?
—Uy, sí —dijo Ben—. Me pidió que le diera muchos recuerdos.
—¿Algún problema con la araña? —Ninguno. Ya casi ha acabado de tejer su bufanda.
—¿Y la bruja? —Me dio esta calabaza para usted —replicó Ben.
—Ah —dijo el Árbol Mágico—. Bien, bien. Um. Esto. Er. Biennnnnn… Y después no dijo nada durante largo rato. Por fin preguntó:
—¿En qué puedo ayudarte?
—Quiero ser menos miedoso —susurró Ben.
El árbol asintió y dijo muy serio:
—Todo lo que ha ocurrido hoy ha servido para resolver eso. Ahora ya eres valiente de verdad.
Ben volvió a casa feliz. Pensaba: «Que árbol tan fantástico. Me ha convertido en Ben el Valiente como por arte de magia. Ya no volveré a tener miedo nunca más».
Al llegar a casa, Ben se puso su peto de flores favorito y se acercó a la panadería.
—Perdona, pero yo estaba primero —le dijo a la chica que intentaba colarse.
Compró dos pasteles. Uno para él y otro para el fantasma de su cama.

---Fin---


viernes, 19 de abril de 2013

FRANCISCO BRINES (Valencia 1932)
Palabras a un laurel

Llena de luz tus ojos
ahora que cae el día
en las alas rasantes de los pájaros,
ahora que es miel y adelfa,
y en las cimas se vuelve adolescente
en su fragilidad, por su belleza.
Unge de luz tus ojos
y acércate al laurel, y toca en él a Dafne
que rechazó el amor,
tú que sólo estimaste la vida si era amor,
y mírate, con ella, en la desgracia
de centrar la desgracia de la vida
en ese peso breve del pájaro en sus ramas,
en el tierno batir de la inocencia,
en el canto feliz que suena solitario.
Y dile que es también delicia de la vida
el oscuro follaje de sus ramas,
pero que no lo fue su historia desdichada,
más triste aún que mi propia desdicha.

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lunes, 15 de abril de 2013

KIM NAMJO (Corea del Sur, 1927)
Árboles

Árboles, árboles míos,
no podéis andar ni volar;
junto al amigo no podéis ir
ni podéis ir hacia el amor;
pero recibís el sol
año tras año,
y se aviva y se colma vuestra voz.

Sabia concepción
de la primavera en su plenitud.
Cargados de agua y de fuego
hasta los albañales llega la luz.
Ay, ¿qué hacer?
Hay un verde temblor.

En ningún cuadro
si siquiera en el campo de trigo de Van Gogh
se mueve un grano de cereal.
Pero, vosotros,
os estremecéis como los hombres.
Vosotros,
con la cabellera suelta,
ay, ¿qué hacer?
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jueves, 11 de abril de 2013

U2  (The Joshua Tree)
One Tree Hill




We turn away to face the cold, enduring chill

As the day begs the night for mercy, love.

A sun so bright it leaves no shadows

Only scars carved into stone on the face of earth.

The moon is up and over One Tree Hill

We see the sun go down in your eyes.

You run like a river on to the sea

You run like a river runs to the sea.

And in the world, a heart of darkness, a fire-zone

Where poets speak their heart then bleed for it

Jara sang, his song a weapon in the hands of love.

You know his blood still cries from the ground.

It runs like a river runs to the sea.

It runs like a river to the sea.

I don’t believe in painted roses or bleeding hearts

While bullets rape the night of the merciful.

I’ll see you again when the stars fall from the sky

And the moon has turned red over One Tree Hill.

We run like a river runs to the sea

We run like a river to the sea.

And when it’s rainin’, rainin’ hard

That’s when the rain will break a heart.

Rainin’, rainin’ in your heart

Rainin’ in your heart.

Rainin’, rain into your heart

Rainin’, rainin’, rainin’

Rain into your heart.

Rainin’, ooh, rain in your heart, yeah.

Feel it.

Oh great ocean

Oh great sea

Run to the ocean

Run to the sea.
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domingo, 7 de abril de 2013


JAUME BRU VIDAL (1922-2000)
Ametllers

Vora el terrer, sota un cel que convida
al deixament, s'enlairen les banderes
dels ametllers, somnien primaveres
entre el lletós regal de la florida.

Neu vegetal, caduca, neu amb vida
que canta la cançó de les darreres
ofrenes, les arrels saben fumeres
sense foc que deixà l'aigua escondida.

La closca de la terra rememora,
mannà de pètals blancs, les assutzenes.
Jo present les violes dels crepuscles,
i em venç aquest requadre d'ulls enfora,
mentre la vida xiscla per les venes
i em sent el temps clavat damunt dels muscles.



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miércoles, 3 de abril de 2013


CARLOS AURTENETXE (San Sebastián, 1942)
Del árbol

Ese árbol
es un gesto exterior,
un acto
bello e injusto, cual
tu sublime sonrisa,
una rama del cielo total, del árbol total,
una ola
llena de pájaros y esclavitud,
un deseable error.

Una injusticia perdurable.

De “Palabra perdida”
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