miércoles, 29 de septiembre de 2010

ELENA MARTÍN VIVALDI (Granada, 1907-1998)
Ginkgo biloba
[ÁRBOL MILENARIO]


Un árbol. Bien. Amarillo
de otoño. Y esplendoroso
se abre al cielo, codicioso
de más luz. Grita su brillo
hacia el jardín. Y sencillo,
libre, su color derrama
frente al azul. Como llama
crece, arde, se ilumina
su sangre antigua. Domina
todo el aire rama a rama.

Todo el aire, rama a rama,
se enciende por la amarilla
plenitud del árbol. Brilla
lo que, sólo azul, se inflama
de un fuego de oro: oriflama.
No bandera. Alegre fuente
de color: Clava ascendente
su áureo mástil hacia el cielo.
De tantos siglos su anhelo
nos alcanza. Luz de oriente.

Amarillo. Aún no imagina
el viento, la desbandada
de sus hojas, ya apagada
su claridad. Se avecina
la tarde gris. Ni adivina
su soledad, esa tristeza
de sus ramas. 

                              Fue certeza,
alegría –¡otoño!-. Faro
de abierta luz.

                                      Desamparo
después. ¿Dónde tu belleza?

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sábado, 25 de septiembre de 2010

FRANÇOIS MAYNARD (France, 1582-1646)
Que j'aime...

Que j'aime ces forêts! que j'y vis doucement!
Qu'en un siècle troublé j'y dors en assurance!
Qu'au déclin de mes ans j'y rêve heureusement!
Et que j'y fais des vers qui plairont à la France!

Depuis que le village est toutes mes amours,
Je remplis mon papier de tant de belles choses,
Qu'on verra les savants après mes derniers jours,
Honorer mon tombeau de larmes et de roses.

Ils diront qu'Apollon m'a souvent visité,
Et que, pour ce désert, les Muses ont quitté
Les fleurs de leur montagne, et l'argent de leur onde.

Ils diront qu'éloigné de la pompe des rois,
Je voulus me cacher sous l'ombrage des bois
Pour montrer mon esprit à tous les yeux du monde.
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martes, 21 de septiembre de 2010

GUERAU DE LIOST (Olot, 1878-1933)
Moments de cirerer
                
 
                              I

Cirerer florit:
¿quina fada t'empolsina
de tantes pál·lides flors
que arreu clivellen ta fusta?
La boirina?
Miques de blanc al brancatge polit,
        desfeta en plors,
incrusta.
¡Ai ta púdica garlanda
si el vent, a punta de dia,
pausat el ritme inicia
d'una creixent sarabanda!


    II

Ara que el verd verdeja,
cirerer fullat,
i es vincla el forcat
i la goma vital hi perleja,
cada fulla juga amb tu
com una maragda prima.
Al pit de l'atzur ben nu
l'or del matí regalima.
Una cirereta hi lluu,
una cirereta sola.
La merla que es banya al rec
com una sageta hi vola...
           
O cirereta, robí
il-lusori!
O merla groga de bec,
negra merla de sentí,
estotx amb tanca de vori!


     III

Quan la tardor les vides pondera,
quan la fageda sembla mortal,
cirerer de cansada esponera,
t'arbores com un coral.

Què s'ha fet el caliu de cirera?
Què s'ha fet aquell pètal carnal?
Pura llum de la teva esponera,
translúcid vas ideal.

Abans no et caigui la fulla que era
de l'ocellada cèntric hostal,
damunt la cendra del bosc austera
trenques la llei cineral.

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lunes, 13 de septiembre de 2010

CHARLES-HUBERT MILLEVOYE (France, 1782-1816)
La chute des feulles


De la dépouille de nos bois
L'automne avait jonché la terre;
Le bocage était sans mystère,
Le rossignol était sans voix.
Triste, et mourant à son aurore,
Un jeune malade, à pas lents,
Parcourait une fois encore
Le bois cher à ses premiers ans:
" Bois que j'aime! adieu... je succombe.
Ton deuil m'avertit de mon sort;
Et dans chaque feuille qui tombe
Je vois un présage de mort.
Fatal oracle d'Epidaure,
Tu m'as dit : "Les feuilles des bois
"A tes yeux jauniront encore;
Mais c'est pour la dernière fois.
L'éternel cyprès se balance;
Déjà sur ta tête en silence
Il incline ses longs rameaux:
Ta jeunesse sera flétrie
Avant l'herbe de la prairie,
Avant le pampre des coteaux"
Et je meurs! De leur froide haleine
M'ont touché les sombres autans;
Et j'ai vu, comme une ombre vaine,
S'évanouir mon beau printemps.
Tombe, tombe, feuille éphémère!
Couvre, hélas! ce triste chemin;
Cache au désespoir de ma mère
La place où je serai demain.
Mais si mon amante voilée
Au détour de la sombre allée
Venait pleurer quand le jour fuit,
Eveille par un léger bruit
Mon ombre un instant consolée."
Il dit, s'éloigne... et, sans retour...
La dernière feuille qui tombe
A signalé son dernier jour.
Sous le chêne on creusa sa tombe...
Mais son aimante ne vint pas
Visiter la pierre isolée;
Et le pâtre de la vallée
Troubla seul du bruit de ses pas
Le silence du mausolée.
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miércoles, 8 de septiembre de 2010

AMÓS DE ESCALANTE (Santander, 1831-1902)
El chopo

Por las selvas donde en verde remolino
Espeso un mundo vegetal germina,
Al fulgor de la tarde que declina
Abren las plantas a Jesús camino.

Postrándose al celeste peregrino.
La enhiesta rama en homenaje inclina
El roble duro, la valiente encina,
El tejo venenoso, el hosco pino,

Único el chopo vano, su cabeza,
Sin que la vista de su Dios le inquiete,
Alza en las lumbres del ocaso rojas.

Miróle Cristo, y dijo con tristeza:
“Del viento más sustil serás juguete,
Y quieto el aire, temblarán tus hojas”
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viernes, 3 de septiembre de 2010

RICARDO CODORNÍU Y STÁRICO (Cartagena, 1846-1923) 
"el apóstol del árbol"

El árbol en la cumbre
A Ricardo H-R y C

      El valle poblado de jardines y huertos, parecía un paraíso; regábanlos las aguas que descendían mansamente de la ladera, cubierta por densas masas de arbolado forestal, en que no penetraban los rayos de sol. Así en el monte el ambiente siempre era fresco y grato, y se respiraba el embriagador aroma del pinar, que sana las heridas de los pulmones y también las del alma. Al rugir el viento sobre las copas, únicamente se permitía bajo ellas murmurar la brisa; pero eran murmullos inocentes, sin malicia, y sólo por pasar el rato.
      Entre los beneficios que la llanura recibía del arbolado forestal vecino, además del aire puro y embalsamado que enviaba, templando los ardores estivales, como los mares y lagos mandan a las playas y riberas su refrescante brisa, debía contarse la incesante labor de las raíces, para hacer productiva la roca del subsuelo, que sólo sirve de peana o cimiento al monte. En efecto las al principio débiles raíces dejan marcada su traza en la superficie del más duro mármol; donde quiera que hallan una hendidura se introducen y al lignificarse obran a modo de cuña, quebrantando las peñas y preparando su trituración.
      Además cuando se cernía sobre el arbolado una tormenta, las hojas eran otros tantos pararrayos, que enviaban oleadas de electricidad de la tierra para neutralizar la de las nubes, protegiendo así grandes extensiones contra las destructoras granizadas. También daban asilo a los pájaros, que impiden la multiplicación de esas plagas de insectos, ruina de los agricultores.
      Conforme se ascendía por la ladera era menor la temperatura del aire; los arroyos, abajo pacíficos, comenzaban a formar pequeñas cascadas y a turbar el majestuoso silencio de la selva; los árboles elevaban menos sus cimas veíanse algunos troncos torcidos; pero los rodales de arbolado permanecían sin solución de continuidad.
      Subiendo mas, se notaban claros donde las peñas sobresalían. Por fin, rota la masa forestal, vegetaban aquí y allá pinos distanciados con troncos tortuosos, ramas pobres de hojas y algunas secas, continuando así hasta la cumbre.
      Esa vanguardia de árboles que aspira incesantemente a escalarla, y sobre todo, sus guerrillas merecen que fijemos nuestra atención. En las alturas la vida es difícil y el batallar incesante, porque cerca de las divisorias de aguas escasea la tierra vegetal, y el calor, el frío, el viento, la nieve, las heladas, adquieren una rudeza que ni aún imaginarse pueden los que habitan las tierras bajas.
      Tales árboles, al defender con tesón su vida, defienden las de sus hermanos por ellos protegidos, que, situados más abajo, gozan de una existencia plácida y tranquila. Los de arriba son feos y tortuosos para que los de abajo sean rectos, altos y bien formados; cada una de aquellos ha de producir, durante años y años millares de semillas para dejar ¡acaso! cuando muera, otro árbol que le releve en el puesto de peligro que le fue confiado.
      Por eso el forestal, que es el amigo, el defensor y el médico del árbol de la sierra, no corta ninguno de los situados en la ancha franja de peligro, que llega desde la cumbre hasta dentro de la masa de monte, a no ser cuando el árbol, no ya cansado de luchar, sino imposibilitado de ello, da signos de que se acerca el día en que ha de caer, ornado con la gloriosa corona del martirio.

---Fin---

      Miremos con respeto los árboles de la cumbre, por raquíticos, por achaparrados que parezcan, que si jamás llegan a mástiles, gracias a ellos se producen, más abajo, los aprovechables en alto empleo. Imitémoslos y estemos persuadidos de que el más noble, el más alto destino a que el hombre puede aspirar, es a cumplir siempre su deber, ¡mirando al cielo!

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